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Lun, Ago

Crece el descontento en Colombia por la entrega de balones tras un terremoto, generando críticas hacia el presidente De la Espriella

Internacionales
La entrega de balones de fútbol por parte del presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, en Buenaventura, ha provocado una fuerte controversia. Residentes y críticos argumentan que, tras el devastador terremoto, los esfuerzos deberían centrarse en la recuperación de infraestructuras esenciales como hospitales y escuelas, en lugar de en artículos deportivos. Este gesto ha intensificado el debate sobre las prioridades gubernamentales en la gestión de la emergencia.

La distribución de balones de fútbol por parte del presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, durante su visita a Buenaventura, ha generado una ola de reproches entre los habitantes. Ellos consideran que, en medio de las secuelas de un terremoto de magnitud 7.4, la atención principal debería dirigirse a la rehabilitación de centros médicos, instituciones educativas, hogares y servicios básicos. Las imágenes, ampliamente difundidas en las redes sociales, muestran al jefe de Estado entregando balones con la inscripción “Firmes por la Patria”, un lema vinculado a su agenda política, durante su recorrido el domingo 16 de agosto por esta ciudad del Pacífico colombiano, una de las áreas impactadas por el sismo.

Entre las reacciones que se viralizaron, sobresale la de un ciudadano que criticó enérgicamente la entrega de estos objetos deportivos, mientras, según su testimonio, persisten graves carencias en el sector de la salud y la educación. “¿Qué le sucede? ¿Cuántos millones se gastaron simplemente en poner un logo a ese balón? Mientras tanto, los niños están en el hospital, en la clínica. Aquí enfrentamos una crisis sanitaria y educativa. Veintiséis colegios se derrumbaron, veintiséis colegios”, expresó.

El individuo continuó sus objeciones, señalando la situación del sistema de salud y cuestionando la pertinencia de la ayuda proporcionada a la ciudadanía. “El hospital está desbordado en cuanto a servicios médicos. ¿Y cómo es posible que la gente reciba un balón con un logo por el que se gastaron más de mil millones de pesos, mientras los niños mueren de hambre? Esto es una gran miseria y una falta de respeto hacia nosotros”, manifestó.

La denuncia sobre los 26 colegios refleja la inquietud existente por la infraestructura educativa de Buenaventura, aunque esa cantidad no debe presentarse como un número oficial de centros completamente derruidos. La Fundación Paz y Reconciliación (Pares) reportó, de manera independiente, que al menos 29 escuelas de Buenaventura estaban al borde del colapso tras el movimiento telúrico. A nivel nacional, durante la visita presidencial, se mencionó que más de 2,000 centros educativos habían sido afectados por el desastre.

Hasta el momento, tampoco existe información pública que confirme el gasto de más de mil millones de pesos en los balones, su costo unitario, la cantidad adquirida o la fuente de financiación. Esa cifra corresponde a la acusación formulada por el ciudadano en el video y no a un dato verificado oficialmente. Sin embargo, el reclamo encontró resonancia entre los residentes y sectores políticos debido al contraste entre la entrega de los balones y las necesidades que todavía enfrenta Buenaventura. Pares indicó que en las calles aún hay viviendas en riesgo de colapso y recogió cuestionamientos de los habitantes sobre la celeridad y el alcance de la ayuda que ha llegado a la ciudad.

El expresidente Gustavo Petro también se unió a las críticas y compartió uno de los videos que circulaban en las redes sociales. “Confundieron una emergencia humanitaria por terremoto con un partido de fútbol”, escribió al cuestionar la escena. La controversia surge mientras Colombia sigue esforzándose por recuperarse del terremoto que sacudió el país el pasado 10 de agosto a las 7:34 de la mañana, con epicentro en San José del Palmar, Chocó. El Servicio Geológico Colombiano determinó una magnitud de 7.4 y una profundidad de 103 kilómetros, calificándolo como el evento sísmico de mayor magnitud registrado en Colombia durante el siglo XXI.

La tragedia ha cobrado la vida de al menos 289 personas y dejado miles de heridos, mientras continúan las operaciones de búsqueda y rescate. Además, decenas de miles de viviendas resultaron destruidas o dañadas en el occidente colombiano, particularmente en zonas del Pacífico y ciudades como Cali, Pereira y Quibdó. Un balance de la UNGRD, con corte a la tarde del 16 de agosto, contabilizaba, además, 185,996 personas impactadas, 120,671 familias damnificadas, 472 municipios con daños en 15 departamentos, 127,608 viviendas deterioradas y 26,392 destruidas. Las cifras han sido ajustadas en los últimos días a medida que las autoridades cruzan y depuran los registros de afectados.

En medio de las objeciones, el Gobierno sostiene que la visita de De la Espriella a Buenaventura no se limitó a la distribución de balones. La Presidencia informó que el mandatario inspeccionó los daños en la infraestructura y anunció medidas para fortalecer la atención sanitaria y avanzar hacia la reconstrucción. Según la información gubernamental, se enviaron más de 260 kilogramos de medicamentos, insumos y dispositivos médicos, mientras profesionales de la salud procedentes de Bogotá fueron asignados para apoyar el hospital Luis Ablanque de la Plata. También se anunció la instalación de carpas, la habilitación de 24 camas adicionales, el traslado de pacientes de alta complejidad a otros departamentos y la reactivación del buque hospital Benkos Biohó.

“Buenaventura no está sola”, aseguró De la Espriella durante la visita, en la que prometió avanzar en la reconstrucción de la ciudad y atender problemas históricos de infraestructura y servicios. Pero esas explicaciones no impidieron que los balones terminaran convirtiéndose en el símbolo de las críticas a su recorrido. Para quienes cuestionaron el gesto, el problema no es simplemente que un niño reciba un balón, sino el mensaje que proyecta en una comunidad donde familias han perdido sus viviendas y donde existen reclamos urgentes por hospitales, colegios y asistencia humanitaria. Una semana después del terremoto, mientras continúan la búsqueda de desaparecidos, la remoción de escombros y la atención de miles de damnificados, la escena abrió una discusión sobre las prioridades del Gobierno frente a la tragedia.