Human Rights Watch (HRW) ha documentado veintitrés incidentes donde el ejército israelí empleó municiones de fósforo blanco en el sur del Líbano entre marzo y mayo de 2026. La organización, en colaboración con la Clínica Internacional de Derechos Humanos de Harvard, urge a una regulación internacional más estricta para estas armas, destacando sus devastadores efectos físicos y psicológicos. Este informe subraya la necesidad de abordar las deficiencias en la legislación actual que permiten su uso.
La organización Human Rights Watch (HRW) ha registrado veintitrés ocasiones en las que las fuerzas militares israelíes utilizaron proyectiles de fósforo blanco en la región sur del Líbano, abarcando el período de marzo a mayo de 2026. Ante esta situación, la organización ha solicitado una normativa global más rigurosa para este tipo de armamento. El documento, elaborado en conjunto con la Clínica Internacional de Derechos Humanos (IHRC) de la Facultad de Derecho de Harvard, advierte sobre las severas repercusiones de estas municiones, las cuales pueden ocasionar quemaduras profundas y secuelas permanentes de índole física, psicológica y socioeconómica.
“Los proyectiles de fósforo blanco pueden producir quemaduras insoportables y generar daños perdurables en el aspecto físico, mental y socioeconómico”, afirmó Bonnie Docherty, asesora principal en armamento de HRW y profesora de la IHRC. La entidad exhortó a las naciones a censurar la utilización de estas municiones, fomentar nuevas conversaciones internacionales sobre su reglamentación y asegurar que el derecho internacional contemple adecuadamente su impacto sobre la población.
El fósforo blanco se enciende al entrar en contacto con el oxígeno, generando un calor intenso y una densa nube de humo. A pesar de que sus efectos pueden ser incendiarios, estas municiones carecen de una regulación específica mediante cualquier tratado internacional. HRW señala que el fósforo blanco no está incluido en el Protocolo III de 1980 de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CAC), el cual establece restricciones para las armas incendiarias. La razón reside, en parte, en que el protocolo define estas armas según su propósito principal: provocar incendios o quemar personas. Las municiones de fósforo blanco fueron diseñadas originalmente para producir humo o iluminar áreas durante operaciones militares, por lo que pueden quedar excluidas de esa definición incluso cuando generan efectos incendiarios. Tampoco están contempladas en la Convención sobre Armas Químicas, dado que no fueron concebidas primordialmente para causar daño a través de sus propiedades tóxicas.
HRW considera que los efectos de estas municiones justifican una reglamentación internacional más específica. La organización sostiene que las quemaduras causadas por el fósforo blanco pueden ser extremadamente graves y demanda que su empleo reciba un nivel de rechazo similar al de otras armas consideradas inhumanas. “Se requiere una legislación internacional más robusta y detallada para abordar estos problemas”, indica el informe, que también solicita cerrar las “deficiencias legales” existentes y aumentar la desaprobación global hacia el uso de estas armas.
HRW ya había denunciado en el mes de marzo el uso de fósforo blanco por parte de Israel en residencias del sur del Líbano. Según la organización, la sustancia provocó incendios en al menos dos viviendas de la zona.