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Jue, Jul

La reforma laboral dominicana debe abordar el envejecimiento poblacional y proyectar el futuro del país

Nacionales
La propuesta de reforma del Código de Trabajo de la República Dominicana debe trascender los debates actuales para considerar los profundos cambios demográficos que experimenta el país. Con una población en envejecimiento y una disminución de la fuerza laboral joven, es crucial que la nueva legislación se anticipe a los desafíos del futuro, como la presión sobre las pensiones y el sistema de salud. Además, debe integrar la realidad de los accidentes de tránsito que afectan significativamente a la población joven trabajadora.

La revisión del Código de Trabajo (Ley 16-92), en vigor desde 1992 y aún en proceso legislativo, no debería centrarse únicamente en aspectos como la indemnización por despido, la licencia de paternidad, la mayor protección a la maternidad, el teletrabajo o el acoso laboral. También es fundamental que contemple las transformaciones demográficas que ya señalan un avance de la República Dominicana hacia una sociedad con una proporción creciente de personas mayores. Un estudio de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) presenta un escenario que exige una visión a largo plazo: se reducirá el número de jóvenes en edad productiva y aumentará la población en etapas de jubilación y pensión. En este contexto, la pregunta principal es si esta reforma laboral puede delinear la sociedad que tendrá el país en 2050, cuando la tasa de fecundidad femenina se aproxime a 1.7 hijos, una cifra muy diferente a la de 1950, que era de 7.57 hijos por mujer.

La modificación no es solo de índole demográfica. También altera la proporción entre la población activa y los jubilados. Para el año 2050, muchos países podrían tener apenas dos trabajadores por cada jubilado, una proporción considerablemente menor a la observada en décadas anteriores. Esta disminución exige desde ahora un debate sobre reformas laborales profundas, técnicamente fundamentadas y ampliamente consensuadas, ya que el modelo económico y productivo de las empresas evolucionará de manera progresiva. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que el número de personas mayores de 65 años por cada cien habitantes en edad laboral, entre 20 y 64 años, aumentará de 33 en 2025 a 52 en 2050. En el año 2000, esta cifra era solo de 22. Por consiguiente, la reforma laboral no debería limitarse a actualizar derechos y obligaciones entre los empleados y los empleadores. También debería transformarse en una legislación preparada para la República Dominicana de las próximas décadas, sustentada en la evidencia demográfica, epidemiológica y estadística que ya proporcionan las instituciones del Estado.

DATOS Y PATRONES

Los indicadores son inequívocos: los nacimientos disminuyen, la esperanza de vida se alarga, habrá menos jóvenes disponibles para trabajar, la población de adultos mayores crecerá y aumentará la presión sobre los sistemas de pensiones, la atención médica y la productividad nacional. Ante este panorama, la planificación del empleo futuro debería basarse en datos para evitar decisiones que perjudiquen tanto a las empresas como a los trabajadores, cuya realidad es muy diferente a la de hace décadas, cuando gran parte de la fuerza laboral estaba enfocada principalmente en la industria manufacturera. Hoy se trata de una generación que se desenvuelve en una economía caracterizada por la tecnología y la inteligencia artificial. Las reuniones entre los actores del sistema productivo deberían identificar cuáles ocupaciones tendrán una mayor demanda en el futuro y por cuánto tiempo un trabajador podrá desempeñarlas con eficacia.

RIESGOS EMERGENTES

Uno de los indicadores que esta reforma debería considerar es la alta cantidad de jóvenes que resultan lesionados y fallecidos anualmente en accidentes de tránsito, un fenómeno que incide directamente en la relación entre el empleado, el empleador y el sistema de seguridad social. En este punto, el uso de inteligencia artificial podría convertirse en una herramienta significativa para reducir los accidentes entre la población joven y mejorar la productividad laboral. Por esta razón, la reforma laboral debería analizarse de forma conjunta con una actualización de la Ley 87-01, promulgada el 9 de mayo de 2001, que estableció el Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS). Los expertos advierten que el reto no es simple, ya que no basta con legislar: también es necesario medir los resultados de forma continua.

Diversas investigaciones sobre accidentes documentan que los hombres jóvenes concentran el mayor número de lesionados y fallecidos. Hasta la fecha, los datos consolidados del Ministerio de Salud Pública (MSP), divulgados por el Observatorio Permanente de Seguridad del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), muestran que durante el año 2026 se han registrado 30,826 personas heridas en accidentes de tránsito en el país. Del total, 21,692 corresponden a hombres y 9,134 a mujeres. En una dimensión más sencilla de visualizar, esto significa que siete de cada diez personas lesionadas son hombres. Incluso, al examinar la relación entre ambos grupos, emerge un dato aún más revelador: por cada mujer lesionada, hay aproximadamente 2.4 hombres heridos en accidentes de tránsito. Los jóvenes de 20 a 29 años constituyen el grupo más afectado, con 9,981 lesionados, lo que equivale al 32.4 % del total nacional. En otras palabras, prácticamente uno de cada tres lesionados pertenece a ese rango de edad. Les siguen las personas de 30 a 39 años, con 6,383 casos, mientras que el grupo de 10 a 19 años registra 5,047 lesionados. La tendencia dibuja una curva clara: los accidentes y las lesiones se concentran principalmente en la etapa más activa de la vida productiva.

Estas estadísticas cambian completamente la discusión o deberían modificar lo que se pretende aprobar en el Congreso, aunque sin fecha establecida. Los accidentes están impactando directamente en el ámbito laboral y generan un problema para la seguridad social, presionando las pensiones por discapacidad, total o parcial, para quienes padezcan una enfermedad o lesión crónica que limite permanentemente su capacidad laboral. Esta prestación tiene carácter vitalicio, siempre que se cumplan los requisitos establecidos. En el país, el Seguro de Riesgos Laborales representó el 4.83% hasta junio de este año, un monto que puede parecer bajo, pero que en términos de cantidad de personas que no trabajarán por un tiempo o de forma permanente es significativo. Por ello, ya se percibe que no es únicamente un problema de tránsito, sino también un problema laboral, porque miles de trabajadores salen temporal o permanentemente del mercado.