Un corredor extranjero fue detenido en los Sanfermines de 2026 por usar gafas inteligentes Ray-Ban Meta para grabar el encierro, una acción prohibida por la ordenanza municipal de Pamplona. Este incidente subraya el conflicto entre la tecnología y las normativas de seguridad en eventos masivos, donde la grabación puede comprometer la integridad de los participantes. La normativa prohíbe explícitamente cualquier medio de grabación en el recorrido, con sanciones económicas considerables.
Las gafas inteligentes han generado un nuevo conflicto legal en los encierros de San Fermín. La ordenanza del encierro de Pamplona prohíbe estrictamente el uso de cámaras, teléfonos móviles o “cualquier medio grabador de imagen o sonido” dentro del recorrido y de los vallados reservados, según el artículo 4.11 de la Ordenanza Municipal del encierro. Sin una autorización expresa, las infracciones pueden acarrear multas que van desde los 601 euros (leves) hasta los 6.000 euros (muy graves).
Un vídeo, difundido en TikTok y con casi 20.000 visualizaciones, muestra el momento previo a la carrera, con el usuario grabando en primera persona, lo que implica una infracción de la normativa. Al no ser llevadas en la mano, las gafas se consideran un dispositivo de grabación que puede causar distracción, obstaculizar la carrera y poner en riesgo la seguridad de los corredores y terceros.
La Policía Municipal de Navarra identificó rápidamente al corredor extranjero portador de las Ray-Ban Meta tras rastrear su cuenta. La detención ocurrió durante el segundo encierro de San Fermín de 2026. No es la primera vez que ocurre; en años anteriores, otros corredores han intentado usar cámaras a pesar de la prohibición explícita, y la Policía Foral las ha requisado. Aunque algunas personas intentan ocultar el LED de estos visores para grabar discretamente, esto no legaliza la acción, ya que el Código Penal español considera delito la vulneración de la “intimidad del otro” al grabar, con penas de prisión de uno a cuatro años y multas de doce a veinticuatro meses.
La normativa prohíbe grabar con cualquier dispositivo, ya sea un móvil, una GoPro o un dron, independientemente de su discreción. Aunque no existe una ley específica que prohíba las Ray-Ban Meta, se aplica la normativa del evento y, en su caso, la de protección de datos y seguridad si se captan imágenes de terceros sin base legal. En un encierro, el contexto es más relevante que la tecnología. El debate legal se centra en la seguridad pública y el tratamiento de la imagen. En un evento masivo y potencialmente peligroso como San Fermín, la seguridad es prioritaria, ya que grabar desde el recorrido puede provocar tropiezos, desviar la atención o poner en riesgo a otros. La privacidad se convierte en un factor adicional si las imágenes de terceros se difunden sin consentimiento.
Irónicamente, el encierro, que hoy es una fiesta reglada, comenzó siendo una infracción tolerada en el siglo XVI, cuando los mozos corrían delante de los toros. En 1776 se estableció el vallado y en 1867 Pamplona lo reguló formalmente. Posteriormente, se añadieron los cohetes de inicio, el segundo cohete en 1927 y, en el siglo XX, los protocolos de asistencia y la profesionalización con dispositivos sanitarios, manuales de seguridad y la liturgia policial. Las normas también sancionan a quienes ensucian la vía pública y prohíben la permanencia en el recorrido bajo los efectos del alcohol o las drogas, aunque los turistas a menudo ignoran estas reglas, lo que resulta en multas.
Aún más preocupantes son los casos de grabaciones a personas sin su consentimiento. Un ejemplo es la sanción de 10.000 euros impuesta por la AEPD por grabar a una persona en la calle sin permiso y difundir el vídeo en redes, similar a lo ocurrido en la Feria de Abril. La Ley Orgánica 1/1982, que protege el derecho al honor, la intimidad y la propia imagen, es clara sobre este tipo de intromisiones ilegítimas. A pesar de estos incidentes, el segundo encierro de los Sanfermines de 2026 transcurrió con normalidad ritual, con encierros cortos y rápidos y un balance de heridos controlado (apenas dos por asta), mientras la ciudad refuerza la seguridad con más vigilancia, mensajes preventivos y concienciación sobre conductas de riesgo.