La forma en que los padres crían a sus hijos puede tener un efecto duradero en sus relaciones adultas, especialmente en la vida en pareja. Psicólogos y psiquiatras explican que dinámicas como la sobreprotección, la manipulación o la asignación de responsabilidades inapropiadas en la infancia, pueden obstaculizar la autonomía y la independencia, influyendo negativamente en la capacidad de establecer vínculos afectivos saludables en la madurez. Este artículo profundiza en cómo estas interacciones parentales moldean el desarrollo emocional de los hijos.
Al nacer, el lazo físico que une al bebé con su madre se interrumpe. No obstante, en ciertas dinámicas familiares, este proceso de separación y fomento de la autonomía puede ser más complicado a nivel emocional. La excesiva protección, el sentimiento de culpa, la manipulación y la dificultad para aceptar la independencia de los hijos pueden acompañarlos hasta la adultez, repercutiendo en la manera en que forman lazos afectivos, incluyendo las relaciones sentimentales.
La psicóloga Heidy Camilo explica que una de estas dinámicas surge cuando al hijo se le otorgan, desde temprana edad, responsabilidades que no corresponden a su etapa de vida. Ella denomina a este proceso parentalización, que ocurre cuando un menor asume roles propios de un adulto dentro del núcleo familiar. Según la especialista, estas vivencias pueden mermar la autonomía, la independencia y la construcción de la identidad personal, además de estar ligadas a patrones de apego ansioso.
En este sentido, la psiquiatra Ivelisse Acosta prefiere no emplear el término «maternidad tóxica» como una categoría clínica, sino referirse a conductas maternas que pueden afectar el desarrollo psicosocial de los hijos. Entre ellas destaca la sobreprotección, sobre todo cuando la madre realiza de forma constante tareas que el hijo ya es capaz de hacer por sí mismo, lo cual puede dificultar que se sienta cómodo al dejar el hogar materno para formar su propia familia.
De acuerdo con Camilo, el inconveniente puede volverse más notorio cuando ese hijo crece, desea independizarse, casarse o mudarse a otro lugar, y se topa con la oposición de sus padres. “Cuando crece, no se permite que este hijo se vaya porque se entiende que tiene una gran deuda y se convierte en una especie de cuenta bancaria en términos emocionales”, afirmó Camilo.
La psicóloga indica que frases como “todo lo que hice por ti” o “todo lo que he hecho por ti y ahora te marchas” pueden ser usadas como mecanismos de presión emocional. En tales situaciones, explicó, la relación puede transformarse en una especie de compromiso pendiente, donde el hijo siente la obligación de compensar permanentemente los sacrificios hechos por sus padres.
Para Camilo, este tipo de interacción puede generar soledad, frustración y dificultades emocionales en los hijos, especialmente si han sido formados para asumir un rol de apoyo o responsabilidad hacia los adultos desde edades tempranas. La especialista señaló que estos procesos pueden estar vinculados con trastornos de ansiedad y otras afecciones.
La dependencia emocional
Entre estos comportamientos, se identifica la sobreprotección llevada al extremo. Acosta explicó que desde la infancia el niño necesita desarrollar progresivamente sus propios espacios y adquirir habilidades de independencia. Para la especialista, el concepto de indiferenciación se refiere a situaciones en las que es difícil establecer límites entre la vida de la madre y la del hijo, lo que puede impedir el desarrollo de su individualidad.
La especialista también subraya que permitir la autonomía no implica la ausencia de normas. Por el contrario, considera fundamental establecer límites claros desde la niñez, enseñar a respetar el espacio de los demás y corregir comportamientos inadecuados antes de que se arraiguen. “Debes tener límites. Establece límites claros y firmes desde la infancia”, señaló Acosta.
La manipulación emocional
La manipulación emocional representa otro punto de preocupación. Acosta menciona conductas en las que una madre intenta evitar que el hijo se aleje de su lado o utiliza a los menores para influir en disputas con parejas o exparejas. La psiquiatra advierte que los hijos no deben ser instrumentos para solucionar problemas entre adultos.
Ambas expertas coinciden, desde ópticas distintas, en la importancia de que la relación materna fomente el crecimiento individual de los hijos. Camilo sostiene que establecer límites puede ser necesario, incluso cuando existe afecto y reconocimiento por los aspectos positivos de la relación. Asimismo, explica que un hijo adulto puede optar por ayudar económicamente o asumir ciertas responsabilidades familiares sin encargarse por completo de la vida de su madre. Para ella, establecer distancia no significa necesariamente romper el vínculo, sino definir hasta dónde llegan las responsabilidades de cada persona.
En situaciones extremas, Camilo admite que puede ser indispensable interrumpir la relación cuando el vínculo representa un peligro para la dignidad o la integridad emocional, psicológica o física. “Hay momentos donde cortar el vínculo se vuelve indispensable porque esa conexión genera una situación peligrosa tanto para mi dignidad como para mi integridad emocional, psicológica y hasta física”, expresó Camilo.
La especialista aclara, sin embargo, que esta no es la recomendación para la mayoría de los casos y que las situaciones de ruptura corresponden principalmente a escenarios extremos, incluyendo aquellos donde existe violencia y puede requerirse incluso una orden legal de alejamiento.
Para Acosta, la prevención de estos patrones comienza incluso antes de ejercer la maternidad o la paternidad. La psiquiatra considera fundamental que los adultos también se formen sobre crianza, límites e independencia. “Tú primero tienes que educarte para poder darle a tu hijo. Porque nadie puede dar lo que no posee”, expresó.
Las comparaciones
Camilo explicó que favorecer a un hijo sobre otro, compararlos constantemente o emplear expresiones hirientes puede afectar el sentido de autonomía, independencia y la construcción de la identidad del menor. También advirtió que un niño que no sabe cuándo recibirá afecto o aprobación puede desarrollar patrones de apego caracterizados por la inseguridad.
La maternidad implica cuidado, protección y acompañamiento, pero también supone reconocer que los hijos desarrollarán una identidad, tomarán sus propias decisiones y construirán una vida individual, sin embargo, es necesario reconocer que la “marentalidad” no es sinónimo de ser perfecta ni indestructible.