Un reciente estudio publicado en PLOS ha cuantificado cómo el sedentarismo prolongado e ininterrumpido afecta negativamente nuestra salud, específicamente aumentando el riesgo de mortalidad por cáncer. La investigación, basada en datos de 91.292 personas del UK Biobank, destaca que no basta con compensar la inactividad con ejercicio puntual, sino que es crucial romper los periodos prolongados de estar sentado para observar beneficios significativos.
Numerosas personas pasan una parte considerable de su día sentadas, ya sea por motivos laborales, durante desplazamientos o en momentos de descanso, convirtiendo el sedentarismo en una práctica habitual. Aunque se conocía su carácter perjudicial, la ciencia ha logrado precisar la influencia del sedentarismo ininterrumpido en la salud, revelando que su compensación no es tan efectiva como se creía.
Un estudio reciente, publicado en PLOS, examinó los datos de 91.292 individuos del UK Biobank. A diferencia de otras investigaciones epidemiológicas que se basan en cuestionarios, este estudio empleó la acelerometría. Durante años, se monitorizó la actividad física de estas personas mediante sensores de muñeca.
Tras un seguimiento promedio de 12,38 años, los investigadores no solo cuantificaron el tiempo total de inactividad, sino también su distribución a lo largo del día. Aquí es donde se identificó el factor más perjudicial para la salud: los periodos de tiempo ininterrumpido de sedentarismo.
El hallazgo principal del estudio enfatiza que el problema no es meramente el acto de sentarse, sino la continuidad de esta postura. Los investigadores concluyeron que cada hora adicional de comportamiento sedentario prolongado, definido como periodos de 30 minutos o más sin levantarse, se asocia con un aumento del 10% en el riesgo de mortalidad por cáncer. Esto implica que las largas jornadas laborales sin movimiento tienen consecuencias negativas a largo plazo.
Afortunadamente, los resultados también indican que el cuerpo humano responde favorablemente cuando se interrumpe este estado estático. Mediante modelos estadísticos de sustitución de tiempo, el estudio calculó el impacto de reemplazar los periodos prolongados sentados con diferentes "dosis" de actividad física diaria. Por ejemplo, sustituir una hora diaria de sedentarismo prolongado por actividades de baja intensidad, como caminar a paso normal o realizar tareas domésticas, reduce el riesgo un 12%. Si se va más allá, cambiar solo 30 minutos de sedentarismo ininterrumpido por una actividad física moderada disminuye el riesgo un 8%.
Se ha observado que la sustitución más eficiente requiere muy poco tiempo, ya que cambiar el tiempo sedentario por tan solo cinco minutos al día de actividad física vigorosa reduce el riesgo de mortalidad por cáncer en un notable 22%.
Es fundamental, como es habitual en la literatura médica y como subrayan los autores y expertos, considerar los detalles. Al ser un estudio observacional, los datos muestran una fuerte asociación estadística, pero el diseño no puede establecer una causalidad estricta y absoluta, y está sujeto a ciertos sesgos, como que los voluntarios del UK Biobank suelen tener un perfil de salud más favorable que la media poblacional. Sin embargo, esta investigación no surge de la nada, ya que es altamente consistente con la evidencia científica previa y refuerza lo que ya se sospechaba. En 2022, un metaanálisis y revisión paraguas ya alertaba sobre la solidez de la relación entre el sedentarismo y el riesgo oncológico. A un nivel más local, un estudio del Instituto de Salud Carlos III en 2024 confirmó en la población española que sustituir apenas una hora a la semana de tiempo sentado por actividad física lograba reducir la mortalidad general.
Nabil Djouder, jefe del Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en declaraciones a SMC, señaló que este estudio "refuerza la idea de que el comportamiento sedentario es un factor independiente de riesgo y que no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual".