Las crecientes olas de calor no solo causan miles de muertes anualmente, sino que también están impulsando una alarmante tendencia hacia el sedentarismo. Un estudio reciente revela que temperaturas medias superiores a 27.8ºC incrementan significativamente la inactividad física, lo que podría derivar en millones de muertes prematuras y miles de millones en pérdidas económicas. Este fenómeno, especialmente crítico en regiones vulnerables, exige una reevaluación urgente del urbanismo y las políticas de salud pública.
Las olas de calor, cada vez más recurrentes, tienen un impacto considerable en la población, causando miles de fallecimientos cada año y afectando principalmente a las personas más vulnerables. Sin embargo, más allá de esta grave consecuencia, el aumento de las temperaturas también está provocando una disminución de la actividad física, ya que el calor excesivo en las calles fomenta el sedentarismo.
Esta tendencia ha sido objeto de estudio. Una investigación significativa, publicada en marzo de este año, analizó datos de 156 países entre 2000 y 2022 para determinar la "frontera térmica" a partir de la cual el comportamiento humano cambia drásticamente, pasando de una actividad física regular a un estilo de vida sedentario.
Los datos del estudio establecieron este límite en una temperatura media de 27,8ºC. Según la investigación, por cada mes adicional en el que un país supera esta temperatura media, la inactividad física global aumenta en 1,5 puntos porcentuales. Esta situación no es una simple anécdota estacional, ya que la reducción de actividades como caminar, correr, ir en bicicleta al trabajo o jugar en el parque tiene consecuencias fisiológicas directas.
A futuro, las proyecciones son preocupantes. Si la tendencia actual continúa sin cambios, la inactividad física atribuida exclusivamente al exceso de calor podría causar entre 470.000 y 700.000 muertes prematuras adicionales cada año a nivel mundial. A esto se suma un impacto económico estimado en pérdidas anuales de entre 2.400 y 3.680 millones de dólares, debido a la menor productividad y el incremento del gasto médico.
España, dada su ubicación geográfica y su propensión a la desertificación, ha sido identificada como uno de los países europeos más afectados por este fenómeno, junto con regiones críticas como Centroamérica, el Caribe, África subsahariana y el sureste asiático. Para comprender las razones detrás de estos extremos, es necesario considerar otro estudio que examinó 74 años de datos horarios, combinando temperatura y humedad para definir el concepto de 'calor limitante'. Este término se refiere a las condiciones ambientales en las que el cuerpo humano no puede realizar actividad física al aire libre sin que su temperatura central alcance niveles peligrosos.
Lo más alarmante de esta investigación es la velocidad a la que se están perdiendo horas "hábiles" al año. El tiempo anual que se pasa en condiciones de "limitación grave de habitabilidad" se ha duplicado desde la década de 1950, y esta situación no solo afecta a las personas mayores.
El fenómeno nos afecta a todos. Históricamente, los adultos jóvenes experimentaban unas 25 horas anuales de calor tan extremo que les impedía moverse con seguridad. Sin embargo, hoy esa cifra se ha disparado a 50 horas anuales y sigue en aumento.
En el caso de las personas mayores de 65 años, su umbral de tolerancia es menor, y han pasado de sufrir 600 horas anuales de encierro climático a más de 900 horas al año. Esto significa que pasan más del 10% del año en condiciones ambientales restrictivas.
Esta situación nos empuja al sedentarismo. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido desde hace tiempo que el cambio climático actúa como un "multiplicador de amenazas". Este es un ejemplo claro, ya que el calor no solo nos enferma directamente, sino que también agrava otras pandemias modernas como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes al fomentar la inactividad.
La solución no consiste únicamente en recomendar a la gente "hacer deporte más temprano" o "apuntarse a un gimnasio con aire acondicionado". Implica un replanteamiento de las ciudades, ya que si las calles carecen de sombras, si los parques son superficies de cemento sin refugios climáticos y si el urbanismo no se adapta a las nuevas temperaturas, salir a caminar dejará de ser una recomendación médica para convertirse en un deporte de riesgo durante cuatro meses al año.