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Vie, Jul

Barcelona implementa pulseras térmicas para proteger a trabajadores de servicios públicos durante olas de calor

Tecnologia
Ante el aumento de las temperaturas extremas, el Ayuntamiento de Barcelona ha introducido una medida preventiva: la distribución de 1.400 pulseras térmicas entre sus operarios de servicios públicos. Estos dispositivos, ya conocidos en Japón, buscan alertar a los trabajadores sobre riesgos de golpe de calor, complementando otras acciones como la adaptación de jornadas laborales. Sin embargo, los sindicatos insisten en la necesidad de mayores inversiones y una protección más integral.

Hace poco más de un año, Montserrat Aguilar, trabajadora del servicio de limpieza de Barcelona, falleció tras colapsar en su domicilio después de una jornada barriendo calles bajo un sol intenso, con temperaturas superiores a los 35ºC. Aunque la autopsia definitiva aún estaba pendiente a principios de 2026, su muerte provocó un debate significativo sobre las condiciones laborales de los operarios expuestos a olas de calor. Este año, con temperaturas que han superado los 40ºC en Barcelona, la ciudad ha decidido adoptar una tecnología conocida en Japón para prevenir golpes de calor: pulseras de monitoreo.

El Ayuntamiento de Barcelona ha reforzado la seguridad de parte de su personal de servicios públicos que trabaja en la calle, distribuyendo 1.400 pulseras térmicas. Estas se han entregado a las plantillas encargadas de la limpieza, el alumbrado público y el mantenimiento de zonas ajardinadas. Esta no es la única medida; se han implementado otras acciones para mitigar el impacto de las temperaturas extremas en los trabajadores. Por ejemplo, se ha adaptado la jornada laboral de los jardineros en verano, adelantando la hora de entrada y salida para evitar las franjas de mayor riesgo, y se han adoptado protocolos especiales para la canícula.

A pesar de estas iniciativas, los sindicatos consideran que las medidas son insuficientes. Carlos del Barrio, de CCOO, enfatiza en El Periódico que "la no exposición es la mejor prevención". Los representantes de los trabajadores señalan que "ninguna medida es suficiente por sí sola" y demandan una mayor inversión, que incluya, por ejemplo, la instalación de aire acondicionado en los vehículos de la flota. Desde Comisiones Obreras, se recuerda que una parte considerable de los vehículos carece de climatización, e incluso algunos, como los de riego, tienen el motor situado directamente bajo el asiento, lo cual es problemático en épocas calurosas.

Las pulseras térmicas funcionan ajustándose a la muñeca del operario y monitoreando su temperatura corporal. Si detectan que la temperatura asciende a niveles peligrosos, emiten una señal (vibración e iluminación) para alertar al usuario. En Barcelona, ya se han registrado casos en los que las pulseras han emitido avisos. Cuando esto ocurre, el operario debe detenerse, buscar sombra, hidratarse y notificar a su supervisor. La misma pulsera indicará con una luz verde cuándo es seguro reanudar el trabajo. Específicamente, Parques y Jardines de Barcelona ha invertido casi 60.000 euros en sensores de la empresa Metalco, diseñados para alertar al usuario "dos niveles antes" de un golpe de calor, activándose la alarma cuando la temperatura corporal profunda alcanza aproximadamente los 38ºC.

Esta es la pauta general, aunque el sensor debe considerar las condiciones individuales de cada usuario. El Departament d´Interior también ha optado por una solución similar, implementando dispositivos para los Mossos d'Esquadra y los bomberos.

El uso de pulseras térmicas no es una novedad y no es exclusivo de Cataluña o España. El Confidencial recordó recientemente que la empresa japonesa Biodata Bank, fundada en 2018 y con sede en Tokio, se dedica a esta tecnología. Su catálogo incluye Canaria+, una pulsera diseñada para detectar "cambios sutiles en el estrés térmico" y que ayuda a controlar el descanso, la hidratación y la alimentación. Cuando el sensor detecta que el cuerpo tiene dificultades para disipar el calor, emite un aviso con luz, sonido y vibración, y una luz verde cuando el riesgo ha desaparecido. Takeshi Anzai, CEO de la empresa, explica que "sentíamos que era necesario contar con un sistema y actuar antes de que una persona sufriera un colapso". El algoritmo de la pulsera se adapta a cada usuario y se basa en cuatro niveles: el primero, sin peligro, por debajo de 37ºC; el segundo, con "riesgo latente", hasta 38,3ºC; el tercero, con alertas activas, entre 37,7-39ºC (según la persona); y el cuarto, el más crítico, de 38,7 a 40ºC.

Japón es un claro ejemplo del uso de estas tecnologías. El World Economic Forum dedicó un reportaje el año pasado a las "lecciones" que ofrece el país para afrontar las olas de calor extremo, destacando entre sus recursos los sensores de muñeca para detectar aumentos bruscos de la temperatura corporal y prevenir golpes de calor. El Gobierno Metropolitano de Tokio ha distribuido pulseras térmicas entre personas mayores con movilidad reducida, profesores, estudiantes de escuelas públicas y ciertos operarios que trabajan al aire libre. Anzai recuerda que "en Japón el año pasado el número de personas trasladadas de urgencia por golpes de calor superó las 100.000. En ciudades como Tokio, la demanda de ambulancias llegó a ser tan alta que las autoridades emitieron alertas para pedir a la población que hiciera un uso adecuado de las emergencias".