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Vie, Jul

Nuevo estudio de la NASA revela que las tormentas geomagnéticas no tienen un límite de intensidad, desmintiendo una creencia arraigada

Tecnologia
Investigadores de la NASA y la Universidad de Lancaster han descubierto que la supuesta saturación de las tormentas geomagnéticas, un fenómeno que se creía limitaba su intensidad, era en realidad un error estadístico. Este hallazgo sugiere que las corrientes eléctricas dañinas generadas en nuestra atmósfera pueden seguir aumentando, planteando una preocupación significativa sobre futuros eventos solares y sus impactos en la Tierra.

Es ampliamente conocido que las tormentas geomagnéticas y los vientos solares pueden afectar considerablemente los dispositivos de telecomunicaciones en la Tierra. Sin embargo, existía una creencia tranquilizadora: la saturación de las tormentas geomagnéticas. Esto implicaba que, a partir de cierto punto, por mucho que aumentara la intensidad de la tormenta, las corrientes eléctricas dañinas generadas en la atmósfera no seguirían intensificándose. Se pensaba que ya habíamos presenciado la peor manifestación de este fenómeno solar y que, a pesar de ser preocupante, no sería devastador.

El problema radica en que un equipo de científicos de la NASA y la Universidad de Lancaster ha observado que, en realidad, este fenómeno de saturación era el resultado de un error estadístico conocido como regresión a la media. Parece que la intensidad de las corrientes eléctricas sí puede continuar aumentando, lo cual es muy preocupante.

La intensidad de los vientos solares se mide mediante naves ubicadas en el punto 1 de Lagrange (L1), mucho más cerca del Sol que de la Tierra. Esta ubicación no es casual; se eligió para permitir la detección de los vientos solares con un margen de acción antes de que impacten nuestro planeta. No obstante, existe un inconveniente: la intensidad con la que realmente llegan esos vientos solares a la Tierra no es la misma que se midió en L1.

Para determinar la intensidad real con la que los vientos solares llegan a la Tierra, se realiza un cálculo de extrapolación basado en la distancia. Esto proporciona datos aproximados, pero nunca exactos. Para que fueran verdaderamente exactos, la intensidad de los vientos solares debería mantenerse constante durante todo el trayecto hacia la Tierra, lo cual no ocurre, ya que pueden intensificarse o debilitarse. Todo esto introduce un margen de error en los cálculos. Además, la propia magnitud medida por las naves en L1 ya puede llevar a errores de cálculo, incrementando aún más ese margen.

Cuando se realizan numerosos cálculos que contienen errores, se produce un fenómeno conocido como regresión a la media, donde los valores más extremos pueden estar sobredimensionados. Es decir, los vientos solares que se consideraron más extremos posiblemente no lo eran tanto. Por otro lado, los efectos de las tormentas geomagnéticas en la Tierra sí son fáciles de medir con exactitud, ya que se miden directamente en nuestro planeta. Y es aquí donde comienzan los problemas.

Estamos relacionando valores en la Tierra con datos del Sol que están sobredimensionados. Lo que consideramos una respuesta máxima en la Tierra, en realidad se debe a que las tormentas solares no eran tan grandes como parecían. Por eso la curva se aplanaba. Los científicos del estudio recién publicado consideran que, con datos más reales de la intensidad de los vientos solares, la curva no se aplanaría, sino que seguiría subiendo.

El Sol está rodeado de un gas compuesto por partículas cargadas eléctricamente, conocido como plasma. Estas partículas se encuentran en movimiento continuo, dando origen a lo que se denomina vientos solares. El problema es que, en ocasiones, cuando la actividad solar es muy alta, estos vientos se mueven con mucha más intensidad, llegando a ser disparados hacia la Tierra.

Afortunadamente, nuestro planeta posee un campo magnético que, en principio, actúa como una burbuja, protegiéndonos de esas partículas cargadas. Sin embargo, si los vientos solares son muy intensos debido a una tormenta geomagnética desencadenada por una gran actividad solar, las partículas logran superar esa barrera y alcanzan nuestra atmósfera. Allí, se forman las corrientes eléctricas que se miden para analizar los efectos de esta actividad en la Tierra. Las auroras son el resultado de esas corrientes eléctricas que se forman en la atmósfera.

Cuando estas partículas cargadas llegan a la Tierra, pueden producir dos tipos de efectos. Por un lado, las auroras boreales, que son el resultado de la emisión de luz en distintos colores cuando los átomos presentes en las moléculas de gas atmosféricas se excitan. Por otro lado, esas corrientes pueden afectar a nuestros sistemas eléctricos y de telecomunicaciones, causando problemas de diversa gravedad. Ya se han registrado fenómenos muy serios, como el Evento Carrington de 1859, que provocó fallos en las comunicaciones telegráficas a nivel mundial. En la era de los satélites, el evento más significativo fue el apagón de Quebec de 1989, que colapsó toda la red eléctrica de esta provincia canadiense en apenas 92 segundos.

Los autores del estudio recién publicado señalan que, para comprender la verdadera magnitud de las tormentas geomagnéticas y los vientos solares, es necesario posicionar naves que midan su intensidad mucho más cerca de la Tierra. Ya han analizado un millón de datos cercanos y los resultados no han sido alentadores. Por ello, la prevención es más esencial que nunca, considerando que el fenómeno de saturación que tanto nos tranquilizaba no es real, y los eventos de Carrington y Quebec podrían parecer insignificantes ante lo que podría ocurrir en el futuro.