Dormir con altas temperaturas puede dejarnos exhaustos, incluso si creemos haber descansado. Este fenómeno se debe a la dificultad del cuerpo para regular su temperatura durante la noche y a la activación de mecanismos como la sudoración y la vasodilatación, que, en exceso, contribuyen al cansancio. Entender cómo el calor afecta nuestros procesos fisiológicos es clave para mejorar la calidad del sueño en ambientes cálidos.
Hace un par de noches hubo un reventón térmico en mi ciudad, y muchas personas a mi alrededor lo notaron. Escucharon el viento y sintieron el aumento de la temperatura. Yo, sin embargo, no noté nada, ya que siempre duermo muy bien. Y es cierto, duermo bien. No obstante, al día siguiente me siento como si hubiera dormido solo tres horas. Esto no es inusual, ya que las altas temperaturas no solo dificultan conciliar el sueño. Incluso si sentimos que hemos dormido, la realidad es que dormir con calor nos hace despertar más cansados por varias razones.
Hay dos motivos principales por los que nos cuesta dormir con calor y, además, nos despertamos agotados. La primera es una refrigeración insuficiente. Por la noche, nuestra temperatura corporal desciende, normalmente entre 0,5ºC y 1ºC, lo cual es esencial para conciliar el sueño. Por lo tanto, si la temperatura ambiental es muy alta, no podremos refrigerarnos adecuadamente. Quizás logremos dormir, pero no descansaremos como es debido.
Por otro lado, como animales homeotermos, contamos con mecanismos que nos ayudan a mantener nuestra temperatura dentro de rangos específicos, independientemente del frío o el calor. Dos de esos mecanismos, muy ligados entre sí, son la sudoración y la vasodilatación. Son procesos muy necesarios, que se intensifican cuando hace más calor. El problema es que, por muy esenciales que sean, cuando se dan con demasiada intensidad, pueden acarrear perjuicios, siendo el cansancio uno de ellos.
Muchos de nuestros procesos fisiológicos se repiten periódicamente en ciclos de 24 horas, conocidos como ritmos circadianos. El sueño es el más conocido de estos procesos, ya que todos los días nos levantamos y nos acostamos al menos una vez. Una región de nuestro cerebro, el núcleo supraquiasmático, detecta cuándo es hora de dormir e induce el descanso a través de varios métodos. Por ejemplo, durante el día, la luz que entra a nuestra retina le indica al núcleo supraquiasmático que hay que levantarse, inhibiendo la liberación de melatonina, una hormona que nos ayuda a conciliar el sueño. En cambio, cuando la luz disminuye, ocurre lo contrario, estimulándose la liberación de melatonina.
Sin embargo, la melatonina no es el único impulsor del sueño. El núcleo supraquiasmático también promueve la refrigeración corporal. Si hace mucho calor, es complicado bajar la temperatura, pero finalmente se logra y podemos dormirnos. El problema es que, durante el sueño REM, la capacidad corporal de regular la temperatura está prácticamente desactivada, lo que puede provocar que nos despertemos. A veces no nos damos cuenta de esos despertares y sentimos que podemos dormir con calor, pero no estamos descansando. Otras veces sí percibimos que nos despertamos, lo cual es aún peor.
La vasodilatación se produce para conducir más sangre cerca de la piel, lo que lleva más calor a esa zona. Por otro lado, la sudoración es un excelente mecanismo de refrigeración. Consiste en liberar a la superficie de la piel un líquido compuesto mayormente por agua que, una vez allí, debe evaporarse. ¿Y qué necesita ese líquido para evaporarse? Efectivamente, calor. Un calor que se extrae de dentro del cuerpo, gracias a esa dilatación de los vasos sanguíneos. Esto es magnífico. El problema es que un exceso de vasodilatación provoca bajadas de tensión arterial, que aumentan mucho nuestra sensación de cansancio. Además, si no actuamos en consecuencia, la sudoración puede causar deshidratación, que también nos hace sentirnos más cansados o incluso algo peor.
Existen muchos consejos para dormir con calor, aunque suelen ser insuficientes cuando este es demasiado sofocante. Lo más recomendable es generar una corriente de aire en la habitación entre puertas y ventanas y, si es necesario, encender un ventilador. El aire acondicionado no es tan recomendable. También puede ser un buen consejo darse una ducha templada. Nunca fría, ni mucho menos caliente, pues el cuerpo deberá invertir demasiada energía para compensar la temperatura. Con un calor sofocante, no estamos para gastar energía de más. Y, desde luego, evitar comidas copiosas, alcohol o picante antes de dormir también es una buena opción.
Desgraciadamente, con estas noches tan sofocantes que nos está tocando vivir, no nos queda más remedio que dormir con calor. Estos consejos pueden ayudarnos a descansar un poco mejor, aunque no son milagrosos. Puede que te levantes igualmente con cansancio. Cuando te sientas así, recuerda la importancia de combatir el cambio climático.