La Internationale Computerspielesammlung (ICS) de Alemania, un proyecto clave para la preservación de videojuegos, se disuelve por falta de financiación pública. Esta decisión, sumada a recientes movimientos de la industria, pone de manifiesto la fragilidad de la conservación del patrimonio digital y la necesidad de estructuras sólidas para garantizar el acceso futuro a la historia de los videojuegos.
Frecuentemente hemos abordado los videojuegos asumiendo que su disponibilidad estaba asegurada, incluso cuando su existencia dependía de discos, tiendas digitales y servidores que podían desaparecer. Los eventos de esta semana nos recuerdan que su conservación requiere más que buena voluntad: son necesarios soportes duraderos y organismos capaces de catalogarlos, mantenerlos y hacerlos accesibles a investigadores y al público. Sony ha decidido cerrar una de esas vías para futuros lanzamientos. Casi simultáneamente, Alemania ha abandonado uno de los proyectos públicos más ambiciosos que existían para evitar la pérdida de esta memoria.
El proceso de cierre ya ha comenzado. La Internationale Computerspielesammlung, conocida como ICS, se encuentra en fase de disolución tras la expiración de su financiación pública a finales de abril de 2026. GamesWirtschaft informa que el Gobierno federal rechazó renovar su parte del apoyo y los socios votaron por unanimidad disolver la sociedad. Aunque la decisión no elimina de inmediato las colecciones existentes, sí interrumpe la continuidad de la base de datos compartida y la infraestructura que permitía consultarla, cuyo futuro está bajo revisión jurídica y técnica.
La ICS albergaba un archivo de más de 60.000 juegos, reuniendo registros y fondos aportados por instituciones como el Computerspielemuseum de Berlín, la USK, la asociación game y el centro de investigación DIGAREC. La colección incluía cartuchos, disquetes, CD, DVD y Blu-ray, además de cajas, manuales, materiales asociados y hardware. Sin embargo, lo que se podía consultar públicamente desde abril de 2019 era la base de datos digital, no los juegos físicos en sí. Las piezas físicas permanecen en manos de las entidades propietarias.
La ambición del proyecto era mucho mayor. La ICS aspiraba a concentrar en un solo lugar los fondos que estaban dispersos entre sus socios y convertir el conjunto en una herramienta estable para investigadores, medios y especialistas. El plan contemplaba facilitar el acceso mediante emulación automatizada y crear una sede pública permanente en la región de la capital alemana. Este salto completo nunca llegó a consolidarse: ya existía un repositorio, pero faltaban la institucionalización permanente, la sede pública y el acceso previsto mediante emulación. Esa segunda fase quedó sin completar.
El dinero no encontró una vía estable. Las ayudas provenían del Senado de Berlín y del comisionado federal de Cultura, pero estaban ligadas a una fase temporal de la iniciativa. Cuando la política de videojuegos pasó en 2025 al Ministerio Federal de Investigación, Tecnología y Espacio, este estudió la posibilidad de convertir la ICS en una institución permanente. Finalmente, concluyó que el modelo no era económicamente viable debido a la escala del trabajo necesario.
Preservar también significa garantizar el acceso. El escenario que dejan estos dos movimientos no solo implica que habrá menos objetos que guardar o menos proyectos capaces de ordenarlos. También se debilita la posibilidad de consultar, estudiar y comprender esos juegos dentro de varias décadas, cuando dependan de hardware, documentación y sistemas que quizás ya no existan. La coincidencia entre el anuncio de Sony y la caída de la ICS señala en esa dirección: la memoria del videojuego no desaparece de golpe, sino cuando se retiran, una a una, las estructuras que permiten mantenerla disponible.