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Sáb, Jul

La Alberca: Un Tesoro Histórico y Gastronómico en la Sierra de Salamanca

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En 1940, La Alberca fue el primer municipio español declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional, destacando su arquitectura mudéjar. Hoy, National Geographic lo reconoce como el pueblo más bello para disfrutar del jamón ibérico. Este pintoresco enclave salmantino, con sus singulares tradiciones y un microclima excepcional, ofrece una experiencia única que fusiona historia, cultura y gastronomía de alta calidad.

El 6 de septiembre de 1940, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó un decreto singular para su época. En plena posguerra, en una España en reconstrucción, el Estado decidió proteger un pueblo de mil habitantes en la sierra de Salamanca. El motivo oficial fue el deseo de "eximios artistas, tanto nacionales como extranjeros", quienes percibían en La Alberca un "fiel guardador de la belleza de su caserío, que tantas obras maestras ha sugerido". Ese día, La Alberca se convirtió en el primer municipio de España declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional, un precedente que hoy abarca a más de 500 núcleos urbanos en toda la península.

Ochenta y cinco años después, National Geographic destacó a La Alberca como el pueblo más bonito de España para degustar jamón ibérico. Esta afirmación genera debate: ¿qué sucede con los jamones de Jabugo o Aracena, en Huelva? ¿O con las denominaciones de Monesterio o Zafra en Extremadura? Desde Guijuelo hasta Los Pedroches, España cuenta con numerosos maestros jamoneros. Sin embargo, La Alberca es especial, ya que compite más por la experiencia que por la producción.

El nombre de este pueblo, situado a unos 1.000 metros de altitud en el Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia, a 75 kilómetros al suroeste de la capital salmantina, proviene del árabe Al-Bereka, que significa "el estanque". Según el INE 2025, La Alberca tiene 1.034 habitantes, una cifra menor que la de muchos institutos de secundaria. Actualmente, el número de plazas de alojamiento supera al de residentes censados.

La arquitectura, y no el jamón, fue la razón del decreto de 1940. Sobre una planta baja de roca granítica, con aires de fortaleza, se erigen muros de adobe y madera de una o dos alturas. Su belleza radica en el entramado que forman, recordando al arte mudéjar. Posee calles medievales intactas, balcones repletos de flores y una Plaza Mayor que no sufrió daños de guerra. El mejor ejemplo es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVIII, diseñada por Manuel de Lara Churriguera, sobrino de los arquitectos responsables de la Catedral Nueva y la Plaza Mayor de Salamanca capital.

En La Alberca, el pueblo bendice un cerdo cada 13 de junio (festividad de San Antonio de Padua) y lo suelta por las calles. El animal lleva una campanilla al cuello y los vecinos lo alimentan durante siete meses. El 17 de enero, día de San Antón, se rifa frente a la iglesia, y los beneficios se destinan a la cofradía. Incluso hay una escultura de granito en su honor en la plaza. El origen de esta tradición se atribuye a los conversos del siglo XVI, quienes usaban el cerdo como demostración pública de fe cristiana para evitar la sospecha inquisitorial. También existe la tradición de las turroneras, una institución en la provincia, con estatua propia en el mercado de Salamanca capital, que marca el inicio no oficial de la Navidad.

Aunque en La Alberca no se curan jamones a escala industrial, su escaparate es muy representativo del ibérico salmantino. El jamón protagonista cuenta con la Denominación de Origen Guijuelo, la más antigua y la de mayor volumen de producción de las cuatro DOP ibéricas de España. Guijuelo, a 1.050 metros de altitud y con temperaturas medias de 12º C hasta bien entrada la primavera, posee un microclima excepcional. Esto permite una conservación natural mucho más prolongada que en las cálidas tierras del sur, posibilitando el salado del jamón sin frío artificial hasta el mes de marzo. El frío natural cumple la función que en otras instalaciones requiere refrigeración industrial.

La DOP Guijuelo tiene carácter supraautonómico: abarca las dehesas de Andalucía, Extremadura, Castilla y León y Castilla-La Mancha para la cría del cerdo ibérico, pero el proceso de elaboración está limitado a 78 municipios salmantinos. La Alberca se encuentra entre ellos, en el corazón de la Sierra de Francia, que da nombre a una de las comarcas de la DOP. Se habla de más de 200 industrias (distribuidas entre Guijuelo, Ledrada, Sotoserrano, Miranda del Castañar, Béjar, Candelario, Frádes de la Sierra o Tamames) y requisitos exactos: ganado de raza ibérica pura o cruce del 75% de sangre ibérica con Duroc-Jersey. Las piezas deben pesar como mínimo 4,5 kg en el caso del jamón y 3,5 kg en la paleta, con forma alargada y estilizada, conservando la pezuña original negra. Se estima que los jamones de La Alberca se exportan a catorce países de la Unión Europea, siendo Francia el principal destino, además de Reino Unido, Corea, Japón y México. El país vecino es el mejor cliente del jamón salmantino.

Al igual que el cerdo, la belleza de La Alberca es diversa. Pertenece a la red de los Pueblos más Bonitos de España. El Valle de Las Batuecas, accesible desde La Alberca, alberga un monasterio carmelita, pinturas rupestres del Canchal de las Cabras Pintadas y un silencio casi absoluto. La ruta hasta el Pico Hastiala, el más alto, supera los 1.700 metros. Desde la cima, en días claros, se pueden divisar los Picos de Europa. En unas semanas se celebra La Loa, el popular auto sacramental de origen medieval que combina sátira popular y religión. En noviembre, se recupera la Calbochada: castañas asadas en la plaza y mucho folclore serrano. Es comprensible que National Geographic haya elogiado este lugar. Y aunque esto suele acarrear el problema de siempre, más camas que habitantes, merece la pena conocerlo y degustar sus viandas, no necesariamente carnívoras.