Un equipo internacional de científicos ha revelado el análisis de un meteorito inusual que impactó en Hillsborough, Nueva Jersey, en 2024. Clasificado como una condrita carbonácea CM ½, este fragmento espacial es el segundo de su tipo hallado y el mejor conservado, gracias a la rápida acción de su propietario. Su composición ofrece una valiosa perspectiva sobre la formación de moléculas orgánicas cruciales para el origen de la vida en la Tierra.
El 16 de julio de 2024, un fragmento de asteroide se desintegró a 35 kilómetros de altura sobre Nueva York, dispersando numerosos escombros que cayeron en diversos puntos de Nueva Jersey sin ser detectados. Uno de estos fragmentos, con una masa cercana a 1 kg, perforó el techo de una vivienda en Hillsborough.
Dos años después, un equipo global de científicos ha divulgado el análisis de la composición de este meteorito. Se ha identificado como una condrita carbonácea CM ½, un tipo extremadamente raro de meteorito que podría proporcionar una comprensión crucial sobre el origen de la vida en la Tierra.
Este meteorito es una condrita carbonácea, lo que significa que es un fragmento de un objeto primordial, rico en carbono y potencialmente asociado a diversas moléculas orgánicas. Estos meteoritos se categorizan habitualmente según su grado de alteración acuosa. Un número más bajo indica una mayor alteración por agua en la estructura del objeto original. Las condritas carbonáceas más comunes encontradas en la Tierra son las de tipo CM 2, con aproximadamente 20 casos documentados. No se conoce ninguna de tipo CM 1.
Sin embargo, existe un rango intermedio, conocido como CM ½, que ya había sido documentado previamente en un meteorito caído en Indonesia en 2020. Por lo tanto, el meteorito de Hillsborough es el segundo de este tipo, y también el mejor conservado, gracias a la pronta intervención del dueño de la casa donde impactó.
El meteorito de Hillsborough es, en realidad, uno de los múltiples fragmentos resultantes de la ruptura de una roca más grande a 35 kilómetros de altitud. Su impacto fue tan contundente que atravesó el techo y se depositó en el dormitorio principal de la vivienda. El propietario relató que al entrar en su habitación, notó un agujero en el techo y un intenso olor a azufre. Posteriormente, encontró su cama y la alfombra cubiertas de escombros y polvo negro. Decidió usar guantes y almacenar todos los restos en tarros de cristal envueltos en papel de aluminio. Gracias a su actuación rápida y meticulosa, los científicos pudieron analizar el meteorito en un estado lo más intacto posible.
Antes de caer en Hillsborough, el meteorito fue observado cruzando el cielo de Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos. Sesenta observadores en los estados de Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut, Rhode Island y Pensilvania reportaron haberlo visto a la American Meteor Society. Además, otros dieciséis en Nueva York y Nueva Jersey declararon haber sentido la onda expansiva. Con base en estos testimonios y las detecciones de observatorios astronómicos, se pudo rastrear su trayectoria hasta el bajo cinturón de asteroides.
Como se mencionó, este meteorito es de tipo CM ½. Un análisis más detallado reveló en su interior fragmentos de CM1 ricos en sales. Esto sugiere que se formó en una zona de la superficie del asteroide progenitor donde el agua líquida se evaporó, concentrando las sales. Se sabe que una alta concentración de sal en fluidos salinos puede generar moléculas esenciales para la vida en la Tierra. De hecho, numerosos estudios indican que, en el pasado, las condritas carbonáceas CM aportaron a la Tierra algunos de los componentes que dieron origen a la vida.
Esta es la razón por la cual el meteorito de Hillsborough resulta tan fascinante. Hasta el momento, se ha determinado que contiene un 1,8% de carbono en peso y un 0,07% de nitrógeno, además de isótopos de carbono y nitrógeno característicos de meteoritos tipo CM. Un análisis más profundo de estos isótopos ayudará a comprender en qué medida estos objetos contribuyeron a la proliferación de la vida en nuestro planeta. El propietario de la casa no era consciente, al ver aquel agujero en el techo, de que no solo tenía una gran gotera, sino que también estaba observando una ventana al pasado.