Stellantis ha anunciado el cierre de su planta de Douvrin en Francia, una instalación con 57 años de historia, como consecuencia directa de los problemas y la posterior discontinuación de sus motores PureTech. Esta decisión llega después de que la compañía asumiera la responsabilidad por fallos prematuros en estos propulsores y representa un golpe significativo para la automoción francesa, en un contexto de transformación hacia el vehículo eléctrico y reajuste de costes productivos.
Tras miles de reclamaciones, Stellantis reconoció en enero de 2025 que había habido problemas con sus motores PureTech. La búsqueda de la máxima reducción de costes llevó a una producción defectuosa que podía causar roturas prematuras en el motor. Además del elevado coste económico, el impacto reputacional ha sido considerable. Como resultado, la empresa ha dejado de comercializar este motor, y su sustituto ya no lleva la denominación PureTech. Con el cese de su producción y sin una nueva asignación, el controvertido motor también ha provocado el cierre de una fábrica que era parte integral de la industria automotriz francesa.
Durante meses, los clientes de Stellantis exigieron a la empresa que se hiciera cargo de las averías de sus motores PureTech en 2024. La compañía se vio obligada a aceptar el error y en enero de 2025 confirmó la ampliación de la garantía de estos motores, cubriendo las reparaciones de todos aquellos que hubieran fallado entre 2022 y 2024.
El problema radicaba en que, en la búsqueda de un ahorro extremo de costes, el diseño del motor permitía que la correa bañada en aceite se contaminara con residuos de combustible, provocando un desgaste prematuro y una rotura inesperada. Si la correa de distribución se rompe, el daño al motor puede ser irreparable.
Los problemas para Stellantis con los motores PureTech van más allá de lo económico. La compañía ha destinado decenas de millones de euros para afrontar las indemnizaciones por las averías de los clientes, pero el impacto reputacional ha sido lo más perjudicial.
Para contener la situación, Stellantis ha introducido el Turbo 100, el sustituto de los fallidos propulsores. Esto ocurre después de que las versiones revisadas del motor anterior también tuvieran que pasar por el taller por nuevos problemas el año pasado. La solución final ha sido abordar el problema de raíz.
Con el fin de la producción de estos motores, también ha llegado otra noticia: Stellantis cerrará la planta de Douvrin en Francia, según informan medios franceses como L'Automobile. Esta decisión es una consecuencia directa de los malos resultados de los motores y el cambio de estrategia de la compañía.
Aunque los motores 1.2 Puretech no se comercializaban en Europa, sí se vendían en otros mercados. Sin embargo, la compañía cesará por completo su producción antes de fin de año. Después de dejar de fabricar el diésel 1.5 BlueHDI el año pasado, la planta ya se encontraba en una situación precaria.
El cierre de la planta de Douvrin es significativo, ya que es una fábrica con 57 años de historia, en funcionamiento desde 1969. Su construcción fue resultado de inversiones conjuntas de Peugeot y Renault. No obstante, en 2013 fue adquirida en su totalidad por PSA (a la que Peugeot pertenecía) y posteriormente pasó a manos de Stellantis tras la fusión de FCA y PSA.
La compañía, según el medio francés, ha reubicado a 340 empleados en otra planta para producir baterías, y una cifra similar se ha incorporado a diferentes puestos. Queda por definir el destino de 100 trabajadores (la mitad de ellos temporales) que no han sido reubicados formalmente.
El cierre de esta planta francesa es un ejemplo más de cómo la industria automotriz europea está sufriendo la reconversión hacia el coche eléctrico. Stellantis ha reiterado en varias ocasiones que los costes productivos en Francia son demasiado elevados. Volkswagen, por su parte, ha afirmado que tendrá que despedir a 100.000 empleados de sus plantas alemanas por el mismo motivo.
Sin embargo, también es una confirmación de que Europa sigue avanzando hacia el coche eléctrico. A pesar de que la planta francesa producía motores para países fuera de sus fronteras, la región no es competitiva frente a zonas como Marruecos, Turquía, Sudamérica o Polonia (donde se sigue produciendo el PureTech que Francia abandona). En estos países, la producción de motores de combustión sigue siendo viable y a un precio más asequible.