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Lun, Jul

Estados Unidos frente al desafío cibernético: la necesidad de una rama militar especializada

Tecnologia
Un informe reciente del Center for Strategic and International Studies y Cyberspace Solarium Commission 2.0s revela que la estructura de las fuerzas cibernéticas de Estados Unidos es insuficiente para las exigencias actuales. La ausencia de una rama militar dedicada al ciberespacio genera problemas en el reclutamiento, formación y equipamiento del personal, a pesar de la inversión militar masiva del país. Esta dispersión de responsabilidades compromete la capacidad de disuasión y combate en un dominio cada vez más crítico.

Pocos países poseen una combinación militar tan completa como Estados Unidos: fuerzas terrestres, navales, aéreas y espaciales, una sólida capacidad industrial y la habilidad para operar globalmente. No obstante, conflictos recientes han demostrado que la superioridad ya no se basa únicamente en armamento tradicional. En Ucrania, los drones han transformado las tácticas y defensas, mientras que los ciberataques se han consolidado como una herramienta de confrontación. Es en este último ámbito donde algunos expertos perciben debilidades en la estructura estadounidense.

Una comisión, fruto de la colaboración entre el Center for Strategic and International Studies y el proyecto Cyberspace Solarium Commission 2.0s, ha abordado esta cuestión, con un diagnóstico poco alentador. Un informe reciente de sus autores sostiene que el diseño actual de las fuerzas cibernéticas de Estados Unidos es inadecuado para disuadir, competir y combatir eficazmente en este dominio. No se cuestiona la existencia de especialistas, unidades o capacidad operativa en el Pentágono. El problema, según el estudio, radica en que ninguna organización concentra la responsabilidad de reclutar, formar y equipar de manera coherente al personal que requiere el Mando Cibernético de Estados Unidos.

Es sabido que la medición del poder militar va más allá del recuento de soldados, barcos o aviones. Datos de SIPRI indican que en 2025, Estados Unidos continuó siendo el mayor inversor militar a nivel global, con 954.000 millones de dólares, representando el 33% del total mundial, en contraste con los 336.000 millones estimados para China. Aunque esta cifra no define por sí sola el poder militar, se alinea con análisis de GAO y Brookings, que describen a EE. UU. como una fuerza dominante debido a su combinación de capacidades, despliegue, logística y alianzas.

Aquí surge la anomalía principal del informe: el dominio para el cual ninguna rama de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos fue diseñada. Estados Unidos ha establecido servicios militares con responsabilidades clave en los grandes dominios de combate tradicionales, incluyendo una rama espacial desde 2019. Sin embargo, el ciberespacio carece de una rama propia. La comisión argumenta que, por esta razón, no existe una autoridad única encargada de la creación de las fuerzas necesarias para operar en este ámbito. Las responsabilidades se distribuyen entre diversos servicios, todos involucrados en la misión, pero ninguno con la obligación de priorizarla sobre sus cometidos tradicionales.

Esta dispersión, según el informe, se traduce en enfoques divergentes entre los cinco servicios militares del Departamento para reclutar, formar y desarrollar al personal de las fuerzas cibernéticas. Cada uno aplica sus propios criterios de acceso, planes de carrera, sistemas educativos y modelos de compensación, lo que, a juicio de la comisión, genera resultados desiguales e ineficientes. Katherine Sutton, responsable civil de política cibernética y asesora principal en ciber del Pentágono, reconoció ante el Comité de Servicios Armados del Senado el 28 de abril de 2026 las "importantes dificultades" para atraer perfiles con las aptitudes adecuadas, retener a los operadores más experimentados frente a las oportunidades mejor remuneradas del sector privado y proporcionar una formación especializada con la agilidad necesaria.

El Pentágono, sin embargo, no ha permanecido inactivo. El informe reconoce sus esfuerzos por mitigar parte del problema con CYBERCOM 2.0, una iniciativa lanzada en 2025 para fortalecer el papel del Mando Cibernético en talento, formación y desarrollo de capacidades. No obstante, la comisión considera que esta reforma no aborda la cuestión fundamental: la ausencia de una rama militar dedicada a generar fuerzas para el ciberespacio. En otras palabras, la discusión no se limita a quién dirige las operaciones, sino a quién construye de manera estable el personal, la preparación y las herramientas que estas operaciones requieren.

El Mando Cibernético de Estados Unidos (USCYBERCOM) tiene la misión oficial de dirigir, sincronizar y coordinar operaciones en el ciberespacio para defender y promover los intereses nacionales, según su propia descripción institucional. La comisión señala que, en la práctica, también asume parte de las funciones "tipo servicio" que deberían proporcionarle personal, preparación y capacidades. Los autores identifican aquí un problema de diseño que evoca el modelo corregido por la ley Goldwater-Nichols de 1986, la cual reorganizó el Pentágono y delimitó mejor la diferencia entre construir la fuerza y emplearla en operaciones.

¿Qué soluciones se proponen? El estudio explora la hipótesis de establecer una rama militar dedicada al ciberespacio y detalla cómo debería organizarse si Washington tomara esa decisión. Esta Fuerza Cibernética tendría una misión específica: organizar, formar y equipar al personal encargado de las operaciones ofensivas y defensivas, mientras que USCYBERCOM mantendría la responsabilidad de emplearlo. La propuesta no busca absorber toda la tecnología del Pentágono ni gestionar todas sus redes informáticas. Las demás ramas seguirían administrando los sistemas relacionados con sus propias misiones, pero dejarían de generar por separado una capacidad que exige criterios, carreras y prioridades comunes.

La paradoja es innegable. Estados Unidos conserva la fuerza militar de mayor alcance global, pero el informe advierte que aún no ha desarrollado una estructura específicamente diseñada para generar sus capacidades en el ciberespacio. Erica Lonergan, autora principal del estudio y profesora en la Universidad de Columbia, y Mark Montgomery, comisionado del informe, contraalmirante retirado y responsable del área de ciber y tecnología de la FDD, trasladaron esta conclusión a una tribuna en Defense News: si el entorno digital ya es un dominio de guerra, debería contar con una rama preparada para combatir en él.