Un estudio italiano de 2025 propuso que los árboles de los Dolomitas podían predecir eclipses solares mediante cambios en su actividad eléctrica interna. Sin embargo, un análisis posterior de 2026 ha refutado esta hipótesis. Los críticos argumentan que los cambios eléctricos observados en los árboles se debieron probablemente a una tormenta previa y no a una anticipación del evento astronómico.
En 2025, un equipo de científicos italianos hizo un hallazgo sorprendente relacionado con los eclipses. Un estudio realizado en un bosque de coníferas de los Dolomitas sugirió que los árboles podrían predecir eclipses solares a través de variaciones en su actividad eléctrica interna. Aunque esta capacidad no tendría una utilidad científica práctica, dado que existen métodos mucho más sencillos y probados para predecir eclipses con anticipación de miles de años, el estudio fue bien recibido como un ejemplo de ciencia curiosa.
No obstante, según un análisis posterior de los científicos Ariel Novoplansky y Hezi Yizhaq, publicado este año en Trends in Plants Science, los resultados del estudio original eran puramente especulativos. Argumentan que existen otras razones plausibles para los cambios observados en la actividad eléctrica de los árboles.
Los científicos italianos detectaron variaciones en el electroma, el conjunto de impulsos eléctricos que se transmiten a través de los tejidos vegetales en respuesta a estímulos externos, como el estrés hídrico o los cambios de temperatura, similar a la actividad eléctrica de nuestras neuronas. Estos investigadores instalaron sensores de electricidad en coníferas de la especie Picea abies durante un eclipse parcial visible en los Dolomitas en 2022. Observaron que, catorce horas antes del inicio del eclipse, los árboles más viejos experimentaron un significativo aumento de su actividad eléctrica, la cual luego se extendió a los árboles más jóvenes.
Esta hipótesis carece de mucho sentido al considerar que los cambios en el electroma suelen ser una respuesta directa a estímulos externos. Si bien la temperatura disminuye durante un eclipse solar, hay dos factores importantes a tener en cuenta. Primero, la disminución ocurre al inicio del eclipse, no catorce horas antes. Segundo, en el eclipse parcial estudiado en los Dolomitas, la luz solar apenas se redujo un 10% durante un par de horas. Por lo tanto, ni la temperatura ni los cambios de luminosidad debieron generar un estrés significativo en los árboles.
Para los científicos que publicaron el contraanálisis en 2026, la explicación de lo ocurrido en los Dolomitas es mucho más sencilla. Se sabe que, precisamente 14 horas antes del eclipse, hubo una fuerte tormenta en las cercanías de los Dolomitas, con lluvias intensas y una abundante caída de rayos. Este evento pudo haber provocado un descenso de las temperaturas y, por supuesto, una potente actividad eléctrica en la atmósfera. Los árboles actúan como antenas electromagnéticas, capaces de captar la actividad eléctrica atmosférica y transformarla en cambios en su propio electroma. Cuanto mayor es una antena, más potente es su actividad en este sentido. Esto podría explicar por qué los cambios en el electroma fueron mayores en los árboles más viejos, simplemente por su tamaño, lo que refuerza la hipótesis del papel de los rayos.
Otra limitación del estudio original es que solo analizó tres árboles y cinco tocones, lo que no permite obtener una visión representativa del comportamiento de todo el bosque.
Los autores italianos también sugirieron que la intensa actividad de los árboles más viejos podría deberse a que “recuerdan” los efectos de eclipses pasados, permitiéndoles responder con antelación a los cambios de temperatura. Sin embargo, Novoplansky y Yizhaq señalan que es muy improbable que un eclipse sea visible exactamente en el mismo lugar en un periodo de tiempo relativamente corto. Aunque en España, por ejemplo, se esperan tres eclipses en tres años, la totalidad de los dos eclipses totales ocurrirá en regiones muy diferentes. Es cierto que se podrán ver dos eclipses parciales consecutivos, como el de los Dolomitas, pero los expertos insisten en que los cambios ambientales con un eclipse parcial son mínimos.
Si bien la publicación del estudio italiano generó una gran aceptación, el contraanálisis de 2026 pasó más desapercibido en la prensa, pero no entre los científicos. Por ejemplo, fue recogido por el Science Media Centre español, que publicó declaraciones de dos expertos. Por un lado, el astrofísico Javier Armentia afirmó que “ni hay mecanismos por los que un pinar pueda reaccionar a pequeñas bajadas de luz que no se producen de manera habitual ni interfieren con los procesos vegetativos, ni las mediciones de esa conducta anticipatoria se explicaban por el eclipse sino por, probablemente, una noche fría sufrida unas horas antes”. Por su parte, el catedrático de física de la Tierra José Manuel Vaquero explicó que un eclipse parcial de poca magnitud, como el estudiado en los Dolomitas, “genera variaciones ambientales menores que las que produce el paso de una nube densa o de un frente”. Por lo tanto, esa gran actividad mencionada en el estudio de 2025 no tendría sentido.
En definitiva, parece que los árboles no predicen los eclipses solares. Afortunadamente, esto no es un problema, ya que, como se mencionó al principio, ya conocemos cómo predecirlos.