En la isla báltica de Rügen, Alemania, Adolf Hitler ideó un monumental complejo vacacional para 20.000 personas, el 'Coloso de Prora'. Construido entre 1936 y 1939, este ambicioso proyecto, que aspiraba a ser el hotel más grande del mundo, fue paralizado por la Segunda Guerra Mundial, impidiendo que cumpliera su propósito original. Tras décadas de abandono y uso militar, el complejo ha comenzado a ser rehabilitado para el turismo, transformando su turbulento legado.
Algunos planes, sin importar su ambición, dedicación o inversión, están destinados al fracaso. Un claro ejemplo es el proyecto de Rügen, una isla del Báltico, donde hace casi un siglo Adolf Hitler concibió un complejo vacacional de proporciones titánicas, diseñado para albergar a 20.000 visitantes. Entre 1936 y 1939, un contingente de obreros trabajó en su edificación, levantando una serie de bloques que se extenderían por 4,5 kilómetros de costa. Sin embargo, ningún ciudadano alemán de las décadas de 1940, 1950 o posteriores llegó a disfrutar de vacaciones allí. La guerra frustró el sueño del conocido como "Coloso de Prora", condenándolo a la ruina y a un uso militar. Solo en los últimos años ha logrado atraer visitantes.
El objetivo era acoger a 20.000 turistas. A pesar de ser la isla más grande de Alemania, Rügen tiene una población modesta, superando apenas las 60.000 personas. No obstante, en la década de 1930, las autoridades nazis determinaron que esta isla báltica era el lugar ideal para construir un resort destinado a decenas de miles de individuos, una ciudad vacacional compuesta por bloques de hormigón de estilo sobrio, muy diferente de la arquitectura popular en la República de Weimar. Su meta era disponer de unas 10.000 habitaciones para 20.000 huéspedes.
El balneario de Adolf Hitler. La concepción era tan sencilla en teoría como gigantesca en la práctica. Hitler ordenó la construcción de un inmenso balneario formado por ocho bloques de seis plantas, distribuidos a lo largo de 4,5 kilómetros de una de las playas más destacadas de Alemania, con el fin de crear el hotel más grande del mundo. El diseño fue obra del arquitecto Clements Klotz, quien también elaboró planos para escuelas e infraestructuras para el régimen nazi. Para Rügen, propuso 10.000 habitaciones dobles con vistas al Báltico, pero tan pequeñas que obligarían a los ocupantes a utilizar las áreas comunes.
Más allá de los planos. Durante un tiempo, el proyecto vacacional de Hitler progresó rápidamente. El 'Coloso de Prora' tomó forma gracias a los trabajos realizados justo antes de la guerra, entre 1936 y 1939, con una inversión que algunas estimaciones sitúan en más de 1.000 millones de dólares actuales. Que la imponente estructura de Rügen avanzara con tanta celeridad tiene una explicación clara. Las autoridades nazis lo impulsaron a través del Kraft durch Freude (KdF), una organización del Frente Alemán del Trabajo que servía a los propósitos propagandísticos nazis. Como trasfondo, estaba el "volksgemeinschfat", el ideal de orden social armonioso promovido por el gobierno de Hitler.
Pero llegó la guerra. Aunque los bloques de hormigón pronto se alzaron sobre el paisaje de Rügen, Hitler, Klotz y los demás promotores del Coloso de Prora no pudieron verlo lleno de turistas del KdF. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en el verano de 1939 interrumpió los planes del megacomplejo hotelero, que terminó reinventándose para satisfacer las necesidades de una época más enfocada en las batallas que en los resorts. Las obras se detuvieron y los edificios ya construidos se utilizaron para fines militares. De hecho, pasaron por diversas administraciones: el régimen nazi, la Alemania Oriental Comunista y, finalmente, la Alemania unificada.
Se cuenta que las estructuras destinadas a ofrecer descanso a los turistas alemanes del KdF acabaron siendo utilizadas como campo de entrenamiento, primero para la policía militar nazi y luego para la RDA. También se afirma que acogió a refugiados que, entre 1944 y 1945, huían del avance soviético.
¿Y cómo está ahora? Aunque el Coloso nunca cumplió el propósito para el que fue planeado por el régimen nazi, el paso del tiempo ha permitido su recuperación parcial. En los años 90, el complejo fue declarado Patrimonio Nacional y se inició un debate sobre su futuro, una mega-construcción demasiado grande para ser ignorada (o demolida) y cuyos orígenes remitían a una época de infausto recuerdo.
"El componente nacionalsocialista asociado al lugar tenía que desaparecer", explicó hace años Ulrich Busch, uno de los promotores que apostó por Rügen. Al menos en 2018, era uno de los nombres detrás de Prora Solitaire, que recuperó parte del complejo. Su alojamiento puede consultarse en Booking. No es el único proyecto que ha intentado rescatar el antiguo complejo nazi de la ruina. "Cuando se escucha el nombre de Prora, lo primero que viene a la mente es el enorme complejo de edificios que se erigió en la playa antes de la Segunda Guerra Mundial. El bloque de hormigón se ha convertido ahora en complejos turísticos y museos, y la zona circundante, que antaño fue utilizada por el ejército, ha sido recuperada por la naturaleza poco a poco", afirma Entdecke Deutschland. Una nueva vida para una enorme construcción de historia turbulenta.