Un reciente estudio osteológico de esqueletos de princesas del Antiguo Egipto en la necrópolis de Dahshur ha revelado marcas de desgaste compatibles con el uso de armas. Esta evidencia desafía la interpretación clásica que consideraba el armamento en tumbas femeninas como meramente simbólico, sugiriendo un papel más activo para algunas mujeres de la élite en actividades físicas exigentes.
Los ajuares fúnebres son una fuente invaluable para la arqueología, y la antropología busca desentrañar su significado. Cuando hace más de un siglo se descubrieron armas en las tumbas de varias princesas egipcias, se interpretó que estas eran objetos de prestigio o símbolos rituales, no herramientas de combate empleadas por sus propietarias. Sin embargo, un análisis más exhaustivo de los esqueletos de la necrópolis real de Dahshur ha revelado marcas de desgaste que sugieren una conclusión diferente: las armas sí eran utilizadas por ellas. Los huesos ofrecen una perspectiva reveladora.
El equipo, liderado por Zeinab Hashesh de la Universidad de Beni-Suef, junto con otros investigadores de Egipto y el Reino Unido, ha reexaminado los restos óseos del rey Hor y de cinco princesas: Ita, Khenmet, Itaweret, Noub-Hotep y un cuerpo femenino no identificado que se presume es la princesa Sathathormeryt. Su investigación ha desvelado que estas mujeres tenían, literalmente, experiencia en el manejo de armas.
Este hallazgo es crucial porque contradice una creencia extendida en la egiptología clásica, la cual sostenía que la presencia de armamento en tumbas de mujeres de la realeza tenía una función exclusivamente simbólica o religiosa, vinculada al título mesu-nisut ("Hijas del Rey"). No obstante, este nuevo estudio sugiere que estas princesas realmente usaban arcos, flechas, mazas y dagas. Esta realidad obliga a reevaluar el rol de algunas mujeres de la élite en el Antiguo Egipto, ya que tradicionalmente se asumía una división de tareas por género para actividades físicas demandantes.
Los restos del rey Hor y de las cinco mujeres de la realeza fueron descubiertos entre 1894 y 1895 en la necrópolis de Dahshur por el arqueólogo francés Jacques de Morgan. En aquel momento, el médico Daniel Marie Fouquet realizó un examen superficial del rey y de Noub-Hotep, pero durante más de cien años no se llevó a cabo un estudio osteológico completo del resto del grupo. No fue hasta 2020, en el marco del Bioarchaeological Remains Curation Project del Museo Egipcio de El Cairo, cuando estos huesos volvieron a ser objeto de atención.
Aplicando análisis osteológicos sistemáticos, radiografías y espectroscopia infrarroja sobre materiales de momificación, los investigadores documentaron que las princesas presentaban un desarrollo muy marcado en las inserciones musculares del hombro, brazo y mano, una característica asociada a la acción repetida de tensar un arco. En el caso de Ita, se observaron adaptaciones óseas que indicaban el manejo continuado de dagas o mazas. Además, Noub-Hotep mostraba un arqueamiento en un metacarpiano, una deformación que probablemente corresponde al uso de flechas. El análisis también reveló que los cuerpos fueron embalsamados con una mezcla de incienso y resina de enebro, materiales importados, lo que confirma el elevado estatus de estos individuos.
Sin embargo, los propios autores advierten que una muestra de cinco princesas es demasiado reducida para concluir que todas las mujeres de la familia real egipcia participaban en combates o desempeñaban funciones militares. El registro óseo muestra patrones compatibles con el uso de armas, pero no es posible precisar el contexto exacto de su empleo, que podría haber sido entrenamiento, caza o guerra. En resumen, los huesos ofrecen pistas, pero no revelan la historia completa.
Por otro lado, faltan los cráneos de casi todos los individuos, y la conservación ósea es parcial. Esto, sumado a la incertidumbre en la identificación del quinto cuerpo femenino, hace que algunas conclusiones se basen más en la lógica del contexto que en pruebas definitivas. De hecho, la posible identificación de la princesa Sathathormeryt se fundamenta únicamente en los objetos hallados junto a ella.