Gary Oldman ha expresado en múltiples ocasiones su aversión por 'El Quinto Elemento', una película de ciencia ficción de la que forma parte del elenco. A pesar de su rechazo personal, la cinta se ha consolidado como un referente del género y un éxito comercial. Oldman aceptó el papel de Zorg para saldar deudas y devolver un favor al director Luc Besson, sin imaginar el impacto duradero que tendría su personaje en la cultura popular.
Gary Oldman ha pasado casi treinta años sin poder ver 'El Quinto Elemento', manifestando en una entrevista que no soporta la película. Dos años después, explicó que aceptó el papel de Zorg sin haber leído el guion porque estaba rodando 'Los golpes de la vida', su debut como director, y Luc Besson, uno de los productores que lo ayudó a financiarla, le pidió el favor. Oldman relató: "Estaba pagando mis deudas. Luc llamó. Dijo: necesito que hagas una película".
La película fue un éxito. El rodaje había comenzado en enero de 1996, y Oldman se unió cinco meses después. Una vez cumplido el favor, él y Besson no volvieron a colaborar. A pesar del rechazo de Oldman, 'El Quinto Elemento' sigue siendo, casi tres décadas después, una referencia obligada de la ciencia ficción moderna, con cifras que superan los 7,7 millones de espectadores solo en Francia, su país de origen.
El histrionismo galáctico de Oldman sigue siendo uno de los puntos fuertes de una película que, décadas después de su estreno, deslumbra por su imaginación y colorido. Mientras Bruce Willis interpreta a un taxista forzado en una aventura que lo supera y Milla Jovovich convierte a su Leeloo en una mezcla de arma y criatura mística, Oldman parece habitar una película diferente. Su Zorg, un ejecutivo cobarde, megalómano y acorazado en prótesis, es casi un número de comedia física insertado a la fuerza en un blockbuster serio. Ese desajuste de tono es lo que mantiene a 'El Quinto Elemento' fresca y moderna.
'El Quinto Elemento' merece ser revisada por lo que en su momento fue un lujo, casi un exceso: en 1997 se convirtió en la producción europea más cara de la historia, con casi 90 millones de dólares. Una inversión que se percibe en cada plano y que la película recuperó casi por partida triple en taquilla. El vestuario de Jean Paul Gaultier, con más de mil looks y las vendas de Leeloo como icono de la ciencia ficción europea desde entonces, junto al diseño conceptual de los historietistas Jean Giraud (Moebius) y Jean-Claude Mézières, construyeron un futuro muy acorde a su época, pero que no ha envejecido estéticamente.
Esto se debe a que 'El Quinto Elemento' se nutre directamente de la tradición del cómic de ciencia ficción francés que se consolidó en 'Métal Hurlant', la revista que en 1975 reunió a autores como Moebius y Jean-Claude Mézières, y que Besson luego incorporaría a su equipo como diseñadores de producción. Mézières aportó el imaginario de 'Valérian y Laureline', la ópera espacial que fascinaba al director de niño y que décadas después adaptaría en otra película: su influencia se aprecia en las ciudades verticales y los taxis voladores que surcan la Nueva York del siglo XXIII. Moebius, por su parte, trajo la herencia de 'El largo mañana', un cómic que anticipó gran parte del imaginario noir-cyberpunk popularizado por 'Blade Runner', y también de 'El Incal', su colaboración mística con Jodorowsky.
La búsqueda de un arma alienígena personificada en Leeloo tuvo un atractivo internacional con Willis, Chris Tucker y Oldman, pero con esos detalles eminentemente franceses que le daban un aire especial al conjunto. Una rareza que se rodó entre Londres y Mauritania y que, justo antes de que 'Matrix' revolucionara estéticamente el cine, proponía una visión del futuro más elegante y cosmopolita de lo que se acostumbraba a finales de los noventa.