En la tranquila parroquia de Trasanquelos, Galicia, una imponente guillotina de hierro galvanizado de cinco metros de altura ha captado la atención. Esta sorprendente estructura, que contrasta con el entorno rural, es una obra de arte impulsada por la Fundación Pazos Cuchillo, del artista Carlos Pazos y su esposa Montse Cuchillo, quienes han establecido su sede en esta remota aldea.
En una aldea apartada de Galicia, donde se esperaría encontrar elementos tradicionales como hórreos o maizales, ha surgido una sorpresa en Trasanquelos, una parroquia coruñesa de Oza-Cesuras con menos de cien habitantes. Allí, entre la vegetación y las edificaciones de piedra, se alza desde hace semanas una guillotina de cinco metros de altura, elaborada con hierro galvanizado. La pregunta recurrente de los visitantes es si la cuchilla funciona, pero la verdadera intriga radica en su origen: ¿quién la construyó?
La imagen de una guillotina en Galicia es tan llamativa que ha atraído la atención de medios nacionales, a pesar de no estar ubicada en una gran ciudad. La estructura se encuentra en Trasanquelos, una parroquia de aproximadamente 70 residentes, a media hora en coche de A Coruña. Rodeada de casas de piedra y caminos rurales, la pieza de varios metros lleva inscritas dos palabras en su parte superior: "DRA" en un lado y "MATIZAR" en el otro. Para comprender su presencia, es necesario considerar otro elemento distintivo de la aldea: Trasanquelos no solo alberga la guillotina, sino que también es la sede de la Fundación Pazos Cuchillo.
Esta fundación fue creada por el artista Carlos Pazos, galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas 2024, y su esposa, Montse Cuchillo, profesora de Derecho Administrativo y promotora cultural. Aunque ambos son de origen catalán, decidieron establecer la sede de su fundación en la aldea de Oza-Cesuras hace unos años, construyendo un taller y un espacio expositivo diseñado por el arquitecto Luis Enguita. La guillotina, por su parte, fue erigida en mayo como una escultura permanente en el exterior del taller creativo, denominado 'Meteorito'. La pieza fue forjada en una herrería industrial de Lleida y mide alrededor de cinco metros, aunque se consideró aumentarla a nueve metros para un mayor impacto visual desde la carretera.
Ni su ubicación, ni el material, ni el letrero que la adorna son fortuitos. Pazos explica que "El arte ha de ser una guillotina: tajante, irreversible, irremediable". Entre quienes han tenido la oportunidad de ver la obra en persona se encuentra el filósofo y cineasta Paul B. Preciado, quien ha destacado la "experiencia sensorial extraña" que provoca y cómo la escultura y su contexto "renuevan" el concepto de guillotina, la percepción de los espectadores y sus connotaciones históricas.
El propio artista confiesa que la pregunta más frecuente de los visitantes es si la guillotina funciona. ¿Podría la cuchilla soltarse y convertirse en un instrumento letal, similar al tristemente célebre durante el Reinado del Terror de la Revolución Francesa? La realidad es que los rieles de la estructura metálica están bloqueados, manteniendo la hoja fija e impidiendo su deslizamiento. Pazos ironiza que su obra es "inútil" como pieza de arte, aunque teóricamente podría volverse funcional. Por ahora, la guillotina ha servido para dar visibilidad a la nueva exposición de la fundación, una muestra que explora la idea del libro de artista y "los límites" del formato como "contenedor de ideas". Pazos aclara que la guillotina y la exposición son elementos independientes y no mantienen una "relación directa", pero su coincidencia ha permitido que el centro gane visibilidad justo a tiempo para atraer visitantes a su nueva muestra.
Si se observa de cerca, en la parte superior de la estructura se puede leer un mensaje escrito con grandes letras metálicas: "DRA" en un lado y "MATIZAR" en el otro.