Anthropic, fundada con la visión de desarrollar IA segura y alineada, enfrenta un desafío. Su CEO, Dario Amodei, teme que el atractivo de los altos salarios esté eclipsando la misión original de la empresa para algunos nuevos talentos. Este fenómeno refleja una tendencia más amplia en la industria de la IA, donde la lealtad de los expertos se ve comprometida por ofertas lucrativas y la constante competencia por el talento.
Anthropic surgió con el propósito de crear modelos de inteligencia artificial avanzados y alineados, sin comprometer la seguridad. Esta visión la distinguió de OpenAI y atrajo a investigadores talentosos. Sin embargo, su CEO, Dario Amodei, ahora expresa preocupación de que algunos nuevos empleados estén llegando a la empresa motivados por una razón más común: el dinero. Las ofertas laborales son constantes.
Los expertos en IA más cotizados tienen la libertad de elegir dónde trabajar y acceder a salarios excepcionales, paquetes de acciones, títulos prestigiosos y acceso a vastas capacidades de cómputo para sus experimentos. El inconveniente es que estas ventajas suelen ser efímeras. Una empresa competidora puede ofrecer más dinero, más GPU o mayor influencia en cuestión de meses. Lo que se observa en el mercado es que algunos de estos expertos se están comportando como "mercenarios" con contratos provisionales.
Thinking Machine experimentó la partida de una de sus fundadoras. Lillian Weng, cofundadora de la startup creada por Mira Murati, anunció recientemente su salida de la empresa. Ella citó que el estrés del cargo estaba afectando su salud y que buscaba una posición con un enfoque más definido. Días después, The Information reportó su regreso a OpenAI. Weng es la cuarta cofundadora que abandona Thinking Machines en un año. Ni siquiera fundar una empresa asegura la permanencia en ella.
Google tampoco logra retener a su talento. La empresa perdió en junio a dos de sus investigadores más prominentes. Noam Shazeer se unió a OpenAI, y John Jumper, galardonado con el Nobel de Química por su trabajo con AlphaFold, fichó por Anthropic. A pesar de que Google dispone de abundantes recursos económicos, una infraestructura formidable y algunos de los proyectos científicos más significativos de la industria, no puede evitar que algunos de sus expertos sean tentados por las atractivas ofertas de empresas rivales.
Meta, la que más invirtió. La compañía de Mark Zuckerberg destinó una considerable fortuna para reclutar investigadores y expertos en IA con el objetivo de establecer su nueva división de superinteligencia, liderada por Alexandr Wang. Algunos de estos fichajes tuvieron una corta duración y terminaron marchándose, en varios casos a OpenAI, aunque también se produjeron movimientos inversos.
Dario Amodei teme que el dinero lo corrompa todo. Fuentes cercanas a Anthropic indicaron que Dario Amodei, el CEO de la empresa, ha manifestado su preocupación sobre cómo los nuevos talentos de la IA podrían estar llegando a su empresa únicamente atraídos por el dinero, y no por la misión.
La misión sigue siendo relevante. Reducir todo este movimiento a una cuestión puramente económica sería una simplificación excesiva. Diversas fuentes citadas en Axios sugieren que el acceso a capacidad de cómputo casi ilimitada, la libertad para la toma de decisiones y la influencia real sobre el desarrollo de productos siguen siendo factores muy valorados. También existen diferencias ideológicas sobre cómo debe crearse la IA: el dinero es solo un requisito inicial, ya que la capacidad de influir en el rumbo de la industria es lo que a menudo contribuye a cerrar estos fichajes.
La lealtad se ha convertido en un lujo. Las empresas de IA se "roban" expertos constantemente, y aunque con esos salarios y beneficios se pueden asegurar meses o incluso años de trabajo de un investigador de IA, lo que no se puede comprar es la certeza de que permanecerá indefinidamente.