La industria del gaming anticipa la desaparición del formato físico en futuras consolas como la PlayStation 6. Ante la inevitable eliminación del lector de discos, Sony ha explicado su postura, defendiendo que esta decisión no acerca su consola peligrosamente al PC. La compañía japonesa basa su argumento en el catálogo de exclusivos, la estabilidad del ecosistema y la ventaja en el precio.
Existe un consenso en la comunidad gamer de que la PlayStation 6 prescindirá del lector de discos, marcando el fin del formato físico. Esta tendencia, aunque discutida, parece irreversible y acerca las consolas de Sony a la dinámica de los PCs. A pesar de este panorama, Sony no muestra preocupación, y sus razones, aunque polémicas, tienen una lógica.
Durante la teleconferencia de resultados del 31 de julio, Minami Hase, analista de Goldman Sachs, planteó una pregunta clave: si la eliminación del disco no aproximaría demasiado la consola al PC. Lin Tao, CFO de Sony, respondió negativamente, delineando la postura de la compañía: “No creemos que el disco sea el factor diferenciador de PlayStation con respecto a PC”. En cambio, citó la biblioteca seleccionada de juegos, la estabilidad del ecosistema y el precio como elementos distintivos. Añadió que, con el mercado del PC, la empresa japonesa puede “coexistir pacíficamente”.
Sony tiene un argumento sólido. En mayo, Hermen Hulst, responsable de los estudios de PlayStation, comunicó internamente que los grandes títulos para un solo jugador desarrollados por la compañía seguirían siendo exclusivos de la consola. El PC solo recibiría juegos multijugador como servicio, es decir, aquellos donde una mayor base de usuarios incrementa la probabilidad de generar ingresos a través de microtransacciones. Sony es consciente de que su catálogo de exclusivos es un éxito, y mantenerlos cerrados a la consola es una estrategia comercial efectiva.
Aunque el mundo del PC ha evolucionado significativamente, las consolas ofrecen una comodidad inherente. Al comprar un juego en consola, se espera que funcione de manera idéntica para todos los usuarios. En PC, la situación es más compleja, dependiendo de configuraciones, componentes, lanzadores y controladores. Jugar en consola es, por tanto, cómodo, sencillo y, aunque potencialmente más costoso, elimina dolores de cabeza para el jugador ocasional.
El tema del precio sigue siendo incierto debido a la persistente crisis de componentes, pero el argumento de Sony es coherente: la consola es más económica, y lo sigue siendo a pesar de las múltiples subidas de precio. El 2 de abril de este año, las consolas de Sony aumentaron 100 euros en Europa. La PS5 con lector alcanzó los 649,99 euros, la versión digital 599,99 euros y la PS5 Pro 899,99 euros. Esta no fue la primera subida de la generación, y la comparación con el PC ha perdido margen debido a los elevados precios de los componentes.
En este contexto, montar hoy un equipo con la potencia de una PS5 Pro resulta mucho más caro que adquirir la consola. Solo una tarjeta gráfica como la RTX 5060 supera los 500 euros, un procesador como el Ryzen 7 5700X cuesta alrededor de 150 euros y 16 GB de RAM pueden ascender a 240 euros, sin contar el resto de los componentes. Con estos números, Lin Tao tiene razón: la consola es considerablemente más barata.
Sin embargo, el futuro es otra historia. Cuando la PlayStation 6 sea lanzada, su precio, aunque desconocido, difícilmente será inferior a los 650 euros de base en el contexto actual. Hideaki Nishino, presidente de PlayStation, afirmó el 29 de junio que, “por principio, no tenemos intención de vender hardware con pérdidas significativas”. Sony sabe que actualmente tiene la ventaja del precio, pero no está claro si podrá mantenerla a largo plazo. Los precios no parecen que vayan a bajar en el corto plazo, y ante un coste de 1.000 euros, la decisión de compra entre una consola y un PC podría ser muy diferente.