Mantener los cargadores de dispositivos enchufados constantemente es una práctica común, pero conlleva riesgos significativos. Este hábito no solo puede exponer los aparatos a daños por sobretensiones eléctricas durante tormentas, sino que también contribuye a un consumo energético residual conocido como 'consumo fantasma'. Además, la calidad del cargador juega un papel crucial, ya que los dispositivos de baja calidad pueden representar un peligro de sobrecalentamiento o cortocircuito si se dejan conectados de forma ininterrumpida.
Dejar el cargador del móvil o del portátil siempre conectado es una costumbre muy arraigada y conveniente. Sin embargo, en términos de seguridad, esta práctica podría no ser la más adecuada, especialmente ante pronósticos de tormentas. El peligro no reside únicamente en un impacto directo de rayo; basta con que caiga cerca de la vivienda para que una subida de tensión se propague a través de la instalación eléctrica, dañando cualquier aparato enchufado.
Existen métodos de protección contra estas eventualidades, los cuales requieren la instalación de un sistema específico contra sobretensiones. La clave es que este sistema esté "instalado". En Alemania, por ejemplo, todas las instalaciones eléctricas puestas en servicio desde el 14 de diciembre de 2018 deben incluir obligatoriamente protección contra sobretensiones, conforme a las normas DIN VDE 0100-443 y 0100-534. En España, no existe una obligación equivalente para todas las viviendas; la instalación de un protector es aconsejable, pero su necesidad se determina mediante un análisis de riesgos previo. El borrador del nuevo Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión, que busca generalizar esta protección, aún no ha sido aprobado ni publicado en el BOE. Esto implica que una vivienda construida y legalizada no garantiza cobertura en este aspecto. Por ello, la recomendación de los expertos en protección contra rayos sigue siendo la de siempre durante tormentas fuertes: desenchufar los aparatos de la toma de corriente.
Es importante considerar que no solo el cable de la luz transmite estas sobretensiones. A menudo, se olvida que también pueden propagarse por el cable de red (Ethernet) y por el de la antena. En un escenario extremo, la medida más segura sería desenchufar todos estos cables. La protección más efectiva no se instala en la pared, sino en el cuadro eléctrico, mediante descargadores de tipo 1 para impactos directos y de tipo 2 para picos de tensión derivados de rayos caídos a cierta distancia. Estos dispositivos son más accesibles de lo que parecen, con un protector combinado para vivienda que oscila entre 80 y 100 euros, y pueden ser instalados por cualquier electricista.
Las regletas con protección, por su parte, son de tipo 3. Sirven como un complemento para zonas donde se concentran dispositivos como el ordenador, el router y la televisión, pero por sí solas no ofrecen una cobertura completa. Si se vive de alquiler, la instalación de estos aparatos en el cuadro eléctrico no implica obras en la pared, por lo que es una cuestión que se puede conversar con el propietario.
Otro motivo para desenchufar los cargadores es el consumo fantasma, también conocido como consumo residual. Aunque un cargador sin nada conectado gasta muy poco, este consumo no es cero. Se ha medido que ninguno de los cargadores probados en vacío supera los 0,1 W. Si se mantiene enchufado las 24 horas del día durante los 365 días del año, esto equivale a 0,88 kWh anuales. Al precio medio del PVPC en 2026, que ronda los 0,137 euros por kilovatio hora, esto se traduce en aproximadamente doce céntimos anuales. Sin embargo, al multiplicar este gesto por millones de hogares y todos los dispositivos conectados, el desperdicio energético se vuelve considerable y, sobre todo, evitable sin esfuerzo.
Finalmente, la calidad del cargador es un factor crucial. Es fundamental evitar los cargadores de baja calidad. Un cargador económico y sin las certificaciones de seguridad adecuadas puede provocar sobrecalentamiento o cortocircuitos. Dejarlo conectado de forma ininterrumpida aumenta las posibilidades de que ocurra alguno de estos problemas. En este contexto, la OCU, en colaboración con otras asociaciones europeas de consumidores y coordinada por la red ICRT, analizó 162 productos adquiridos en Temu y Shein. Los resultados mostraron que 112 de ellos incumplían la normativa europea y que uno de cada cuatro era potencialmente peligroso. Los cargadores fueron los productos con peores resultados en este análisis. De 54 adaptadores USB examinados, solo 2 cumplían los requisitos eléctricos de la Unión Europea, y 14 fallaron debido a un sobrecalentamiento excesivo, con el riesgo adicional de que este calor deforme la carcasa y dañe el aislamiento interno. Una regla general sencilla para verificar el estado de un cargador es que no debería calentarse de manera perceptible cuando está en reposo, sin cargar ningún dispositivo. Si al tocarlo se siente más caliente de lo normal, es una señal de que algo no funciona correctamente.