14
Lun, Sep

El cambio climático intensifica drásticamente los incendios forestales en España y Francia, según nuevo informe

Tecnologia
Un reciente informe del consorcio World Weather Attribution (WWA) ha confirmado que los megaincendios forestales que han afectado a España y Francia son una consecuencia directa de la crisis climática. El estudio cuantifica cómo el calentamiento global de origen humano ha multiplicado la probabilidad de estas condiciones extremas, señalando la urgencia de una gestión forestal adaptativa y la reducción de emisiones para mitigar futuros eventos.

Los incendios forestales que han devastado el centro de España y el suroeste de Francia en las últimas semanas no son solo una lamentable anomalía. La ciencia ha corroborado que son el resultado de una crisis climática que ha modificado las condiciones habituales. Un nuevo informe del consorcio World Weather Attribution (WWA) ha aportado datos concretos que respaldan lo que la comunidad científica ha advertido por décadas: el calentamiento global antropogénico es el motor detrás de la intensificación extrema de la temporada de incendios.

Para determinar con la mayor fiabilidad posible el impacto del clima en estos incendios, el equipo del WWA empleó un indicador técnico crucial: el Índice de Gravedad Diaria (DSR). Este índice integra diversos factores como el calor, la sequedad del suelo y la velocidad del viento, lo que permite reflejar la dificultad real para extinguir un fuego una vez que se ha iniciado.

Los científicos analizaron el acumulado de siete días con el DSR más elevado durante la reciente ola de incendios. Compararon el clima actual, que es aproximadamente 1,4 ºC más cálido que en la era preindustrial, con simulaciones de un clima sin la influencia de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

Los hallazgos del informe indican que las condiciones meteorológicas tan extremas que propiciaron la propagación de los megaincendios de julio son ahora al menos 20 veces más probables en el centro de España y, como mínimo, el doble de probables en el suroeste de Francia debido al cambio climático. Además, en nuestro clima actual, se prevé que eventos de esta intensidad meteorológica se repitan, en promedio, cada 6 años en el centro de España y cada 20 años en la región francesa.

Uno de los factores responsables es el 'latigazo meteorológico', un conjunto de condiciones perfectas que se desarrollan a lo largo de un año y que hacen que los incendios sean mucho más agresivos. Primero, se requiere un invierno inusualmente húmedo que fomente un crecimiento abundante de la vegetación. Posteriormente, una primavera y un verano extremadamente cálidos y secos asfixian el terreno, disminuyendo drásticamente la humedad del suelo y secando la biomasa.

El resultado es una acumulación masiva de combustible fino y muerto, altamente inflamable. Esta gran disponibilidad de biomasa seca, combinada con temperaturas extremas prolongadas, disparó el riesgo de fuegos incontrolables. En el caso de España, el informe del WWA estima que la intensidad de las condiciones de incendio ha aumentado entre un 42 % y un 46 % en comparación con un planeta sin calentamiento global.

Un patrón confirmado. La contundencia de este análisis rápido ha sido validada por la comunidad científica y los medios de referencia globales. Investigadores del CSIC y del INIA subrayan que la ciencia de atribución es, por naturaleza, conservadora y muy cautelosa al establecer causalidad. Como señala un experto a través del SMC, "si algo no puede probarse con un amplio umbral de certeza, simplemente no se afirma". Por lo tanto, hablar de un riesgo multiplicado "como mínimo" por 20 en España no es una exageración, sino una estimación a la baja sustentada en evidencias sólidas.

Estas conclusiones ratifican lo que el WWA ya anticipaba en 2025 sobre la Península Ibérica: que las condiciones combinadas de calor, sequedad y viento ya no son un suceso extraordinario, sino una realidad común. A la luz de los datos técnicos, la necesidad de una gestión forestal adaptativa que prevenga la acumulación de combustible, junto con una reducción drástica de las emisiones, se vuelve indispensable para coexistir con este nuevo escenario climático.