05
Mié, Ago

Estados Unidos: Menos Ascensores que España a Pesar de Mayor Población, ¿La Razón?

Tecnologia
En Estados Unidos, a diferencia de Europa, miles de edificios residenciales de baja altura carecen de ascensores, una paradoja notoria dado que España, con una población significativamente menor, supera a EE.UU. en número de estas instalaciones. Esta disparidad no se debe a un retraso tecnológico, sino a una normativa histórica que promovió cabinas de mayor tamaño y costo, influyendo directamente en la arquitectura habitacional del país.

Mientras en Europa subir unas pocas plantas en ascensor es algo habitual, en Estados Unidos, una gran cantidad de edificios residenciales de baja altura aún dependen exclusivamente de las escaleras. Esta situación es notable: España, con una población siete veces menor, posee más ascensores que Estados Unidos. La causa de esta diferencia no reside en la tecnología, sino en una normativa que, durante décadas, priorizó cabinas de mayor tamaño y más costosas, lo que ha condicionado la forma de construir viviendas.

A pesar de ser uno de los países más ricos y extensos del mundo, Estados Unidos tiene menos ascensores por habitante que cualquier otra gran economía desarrollada. El contraste con España es particularmente llamativo: aunque la población estadounidense es aproximadamente siete veces mayor que la española, el número total de ascensores es inferior. Según muchos expertos, esta anomalía explica por qué tantos edificios de tres, cuatro o cinco plantas carecen de un elemento que en Europa se considera casi indispensable.

Según relató el Washington Post, parte del problema radica en un estándar técnico que convirtió el ascensor estadounidense en una instalación mucho más grande y cara que sus equivalentes europeos o asiáticos. Las cabinas suelen diseñarse para permitir el acceso de una camilla durante una emergencia y ofrecer espacio suficiente para ciertas maniobras de accesibilidad. Esto implica que requieren más obra, ocupan una mayor superficie y su costo es varias veces superior al de muchos modelos utilizados en otros países.

Este sobrecoste ha terminado por influir en la forma de construir ciudades. En parcelas donde en Europa sería común levantar pequeños bloques de viviendas con ascensor, en Estados Unidos muchas promociones optan por edificios sin ascensor o directamente por viviendas unifamiliares. Diversos especialistas señalan que el precio de estas instalaciones ha desincentivado el desarrollo de pequeños edificios residenciales, que son precisamente el tipo de construcción predominante en muchas ciudades europeas.

Este no es un asunto menor en la nación. De hecho, el debate ya ha llegado a varios estados. Maine ha flexibilizado algunos requisitos técnicos, Washington permite instalar ascensores más pequeños en determinados edificios y Nueva York está estudiando facilitar su incorporación en inmuebles antiguos. Los defensores de la reforma argumentan que el uso de modelos similares a los europeos permitiría reducir costos y aumentar el número de edificios accesibles. Sin embargo, la industria del ascensor teme que la modificación de los estándares genere problemas de seguridad y altere la coherencia de la normativa constructiva estadounidense.

La discusión no solo involucra a empresas y administraciones, sino que también divide al colectivo de personas con discapacidad. Algunos usuarios consideran que disponer de más ascensores, incluso si son más pequeños, mejoraría considerablemente el acceso a la vivienda. Otros, en cambio, recuerdan que ciertas sillas de ruedas, acompañantes o situaciones de emergencia requieren cabinas amplias, y temen que la reducción del tamaño implique una pérdida de funcionalidad precisamente para quienes más dependen de ellas.

Los promotores de la reforma enfatizan que no se busca reemplazar los grandes ascensores existentes, sino facilitar la instalación de otros más compactos en lugares donde actualmente no hay ninguno. Su argumento es que un ascensor más pequeño siempre es preferible a la ausencia total de ascensor. Si logran convencer a legisladores y reguladores, el cambio podría impactar no solo la accesibilidad, sino también el mercado de la vivienda estadounidense, impulsando la construcción de pequeños edificios que hoy, simplemente, no resultan rentables.