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Lun, Sep

La NASA Extiende la Operatividad de la Sonda Voyager 2 Mediante una Gestión Energética Innovadora

Tecnologia
La sonda Voyager 2, lanzada en 1977, continúa su viaje por el espacio interestelar, enviando datos cruciales. Recientemente, la NASA implementó una estrategia denominada "Big Bang" para optimizar el consumo de energía, logrando prolongar la vida útil de sus instrumentos científicos por al menos un año más. Esta intervención se suma a décadas de esfuerzos para mantener operativa una máquina diseñada con tecnología de otra época, enfrentando la constante disminución de su potencia eléctrica.

En agosto de 1977, la Voyager 2 partió de la Tierra, iniciando un viaje que la llevaría primero a explorar los gigantes del sistema solar y, décadas después, mucho más allá. Casi 49 años después de su lanzamiento, la sonda sigue activa, navegando por el espacio interestelar y transmitiendo información desde una región nunca antes explorada directamente por el ser humano. Es fácil olvidar la singularidad de esta situación: seguimos operando una máquina concebida y construida en una era tecnológica diferente. El esfuerzo por mantenerla funcional acaba de ganar un tiempo adicional.

El 4 de agosto, la NASA anunció el éxito de una intervención llamada "Big Bang", aplicada a la Voyager 2. Esta operación consistió en apagar ciertos equipos y recurrir a alternativas de menor consumo, mientras se mantenían las condiciones térmicas necesarias para su funcionamiento. El resultado es un margen suficiente para sostener sus tres instrumentos científicos durante al menos un año más. Su sonda gemela, la Voyager 1, se encuentra en una situación similar, y la agencia planea aplicar una modificación equivalente en ella.

Para comprender la importancia de cada vatio, es necesario analizar cómo la Voyager 2 obtiene su electricidad. La sonda está equipada con tres generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), que transforman en electricidad parte del calor generado por la desintegración del plutonio-238. Con el paso de los años, el calor disponible disminuye, al igual que la eficiencia interna de los generadores, lo que provoca una reducción de aproximadamente 4 W de potencia eléctrica anual en la nave. La NASA no puede recargarla ni revertir este deterioro; su única opción es optimizar cada vez más el uso de un presupuesto eléctrico que inevitablemente seguirá disminuyendo.

La prolongación de la misión no se ha logrado con una única solución, sino con una serie de decisiones cada vez más precisas. En 2019, los ingenieros desconectaron el calentador del sistema de rayos cósmicos y verificaron que el instrumento continuaba enviando datos a pesar del significativo descenso de temperatura. Cuatro años después, comenzaron a utilizar una pequeña reserva de potencia que hasta entonces se había mantenido separada para un circuito de protección asociado al regulador de voltaje, ganando tiempo antes de tener que sacrificar más capacidad científica. Por lo tanto, la intervención de 2026 sigue la misma lógica: revisar qué funciones son todavía imprescindibles y cuánto consumo puede reducirse sin comprometer la integridad de la nave.

Este proceso también se refleja en los instrumentos que la Voyager 2 ha ido dejando inactivos. Algunos dejaron de ser necesarios tras los encuentros planetarios, otros se degradaron y varios fueron desconectados deliberadamente para ahorrar energía. También hubo apagados temporales, como el de enero de 2020, cuando una anomalía provocó un consumo excesivo y el sistema de protección desactivó los cinco instrumentos científicos que aún estaban operativos; el equipo logró reactivarlos posteriormente.

El 10 de octubre y el 5 de diciembre de 1989, el Imaging Science Subsystem (ISS) vio sus dos cámaras apagadas una vez concluidos los encuentros planetarios para liberar energía, memoria y tasa de datos para otros instrumentos. El 3 de abril de 1991, el Photopolarimeter Subsystem (PPS) fue retirado debido a la degradación de su funcionamiento. El 12 de noviembre de 1998, el Ultraviolet Spectrometer (UVS) fue apagado para ahorrar energía. El 1 de febrero de 2007, el Infrared Interferometer Spectrometer and Radiometer (IRIS) fue desconectado para reducir el consumo. El 21 de febrero de 2008, el Planetary Radio Astronomy (PRA) también fue apagado como medida de ahorro energético. El 26 de septiembre de 2024, el Plasma Science (PLS) fue desconectado ante la reducción de potencia disponible; además, ya aportaba pocos datos por su orientación respecto al plasma interestelar. Finalmente, el 24 de marzo de 2025, el Low-Energy Charged Particles (LECP) fue apagado para conservar energía, después de décadas midiendo partículas cargadas.

Después de este recorrido, quedan activos tres instrumentos científicos: el Cosmic Ray Subsystem (CRS), el Magnetometer (MAG) y el Plasma Wave Subsystem (PWS). La Voyager 2 no es la única que atraviesa este proceso. Su gemela, la Voyager 1, comparte el mismo problema fundamental y la NASA ha estado aplicando en ambas una filosofía similar de conservación durante años, aunque los apagados y ajustes no siempre se producen al mismo tiempo ni afectan a los mismos instrumentos. El "Big Bang" sigue esta línea: después de aplicar la modificación en la Voyager 2, el equipo prevé realizar el mismo cambio en la Voyager 1 en los próximos meses. La diferencia reside en los detalles; el objetivo, en cambio, es común para ambas.

Llegará un momento en que la Voyager 2 ya no podrá enviarnos datos ni responder desde la distancia, pero eso no significará que su viaje haya terminado. La nave seguirá avanzando por el espacio interestelar de la Vía Láctea y, dentro de unos 40.000 años, pasará a aproximadamente 1,7 años luz de la estrella Ross 248. Después, continuará su recorrido alrededor de la galaxia, convertida en un objeto humano silencioso. Podemos retrasar durante años el instante en que deje de comunicarse con nosotros; lo que no podemos evitar es que algún día tenga que continuar sola.