15
Mar, Sep

La Cúpula de Runit: Un Almacén Nuclear Obsoleto Amenazado por el Aumento del Nivel del Mar

Tecnologia
Durante 12 años, Estados Unidos utilizó dos atolones de las Islas Marshall como sitio de pruebas nucleares. Para gestionar los residuos, se creó el Runit Dome, una estructura de hormigón que cubre material radiactivo en un cráter de bomba. Sin embargo, casi medio siglo después, el aumento del nivel del mar y la naturaleza porosa del subsuelo amenazan la integridad de esta "Tumba" nuclear, planteando serios desafíos para las Islas Marshall.

Durante 12 años, Estados Unidos transformó dos atolones en las Islas Marshall en uno de los mayores campos de pruebas nucleares del mundo. Para limpiar parte de este legado, se optó por una solución aparentemente sencilla: concentrar decenas de miles de metros cúbicos de material radiactivo en el cráter de una de sus propias bombas y sellarlo con hormigón. Casi medio siglo después, el océano circundante se ha convertido en una de las principales amenazas para esta improvisada tumba.

Entre 1946 y 1958, Estados Unidos detonó 67 dispositivos nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak, en las Islas Marshall, tras reubicar a las comunidades locales. Las explosiones se realizaron bajo el agua, en la superficie y en la atmósfera, y una de ellas fue 1.100 veces más potente que la bomba de Hiroshima. El resultado fueron islas cubiertas de suelo y escombros contaminados con radionúclidos como el plutonio-239, cuya vida media es de aproximadamente 24.000 años.

La parte más llamativa de la historia se sitúa en Runit, una pequeña isla del atolón de Enewetak, donde la prueba Cactus había abierto un enorme agujero en el coral en 1958. Entre 1977 y 1980, militares estadounidenses retiraron tierra contaminada y otros residuos de diversas zonas del atolón, los mezclaron y depositaron la masa resultante dentro de aquel cráter. El vertido acumuló entre 85.000 y 90.000 metros cúbicos de material contaminado, equivalentes a unas 35 piscinas olímpicas.

Estados Unidos cubrió el cráter con 358 paneles de hormigón, formando una estructura circular de unos 115 metros de diámetro y aproximadamente 45 centímetros de espesor. Así nació el Runit Dome, que los habitantes de las Islas Marshall bautizaron como "The Tomb" (La Tumba). Sin embargo, esta no era un depósito nuclear hermético moderno, sino una enorme tapa construida sobre un agujero preexistente para contener un problema que Washington no quería trasladar a su propio territorio.

El cráter Cactus no fue revestido por debajo con una barrera impermeable antes de introducir los residuos, lo que significa que el material contaminado quedó sobre el coral poroso y en contacto con las aguas subterráneas. De hecho, décadas después se han observado grietas en el hormigón y estudios estadounidenses han confirmado el intercambio de agua entre el cráter y su entorno. El Departamento de Energía sostiene que esto no implica necesariamente una gran liberación adicional, ya que los terrenos exteriores ya están contaminados y algunos presentan concentraciones superiores a las del propio contenido del domo. Es un matiz importante, dado que la Tumba nunca fue una caja completamente aislada que ahora haya empezado repentinamente a tener fugas; el agua ha sido parte del problema prácticamente desde su construcción.

Runit apenas sobresale sobre el Pacífico y las Islas Marshall tienen una elevación media de unos dos metros, lo que las hace especialmente vulnerables al aumento del nivel del mar, las marejadas y las inundaciones. Cuando el domo se construyó a finales de los setenta, el diseño no contempló el cambio climático y la subida del océano como condicionantes de su futuro, una realidad que es totalmente opuesta en la actualidad. Los científicos llevan años advirtiendo que tifones, marejadas y una inundación cada vez más frecuente de la isla pueden erosionar el entorno de una estructura destinada a albergar materiales cuya radiactividad sobrevivirá miles de años.

El plutonio-239 enterrado en Runit tiene una vida media de unos 24.000 años, mientras que la estructura que cubre parte de este legado nuclear tiene menos de medio siglo y ya muestra los efectos del paso del tiempo. Investigadores han advertido que ninguna construcción de este tipo puede simplemente abandonarse esperando que permanezca intacta de forma indefinida, especialmente en un entorno marino expuesto a inundaciones y tormentas. Además, el océano está recuperando poco a poco un territorio que Estados Unidos escogió precisamente por su aislamiento para realizar allí sus pruebas nucleares.

Cuando los habitantes regresaron a Enewetak y las Islas Marshall establecieron su nueva relación política con Estados Unidos, Washington consideró resueltas gran parte de sus responsabilidades derivadas del programa nuclear. Es más, sostiene que el Runit Dome se encuentra en territorio bajo jurisdicción marshalesa. Sin embargo, para un pequeño país insular, hacerse cargo de una estructura que contiene decenas de miles de metros cúbicos de residuos contaminados representa un desafío económico y técnico extraordinario. De ahí la ironía que persigue a Runit desde 1979: Estados Unidos encerró parte del legado de sus pruebas nucleares bajo una gigantesca cúpula de hormigón, pero la dejó sobre un cráter sin impermeabilizar y junto al océano. Casi medio siglo después, ese mismo océano está subiendo alrededor de ella.