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El Pueblo Fantasma de St. Thomas Emerge del Lago Mead tras Décadas Sumergido por la Sequía

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St. Thomas, un antiguo asentamiento de Nevada, ha reaparecido de las profundidades del lago Mead debido a los drásticos descensos en el nivel del agua. Este pueblo, que fue sumergido intencionalmente hace casi 90 años para la creación del embalse, ahora es un testimonio visible de la severa sequía que afecta al oeste de Estados Unidos, revelando sus ruinas y calles al aire libre.

St. Thomas presenta una curiosa paradoja histórica: floreció gracias al agua, fue engullido por ella, y nueve décadas después ha resurgido porque esa misma agua está menguando. Las ruinas de este antiguo pueblo de Nevada han estado emergiendo a medida que el lago Mead retrocede. En agosto de 2026, el mayor embalse de Estados Unidos ha descendido a niveles no vistos desde que comenzó a llenarse hace unos 90 años.

La historia de este pueblo ligado al agua comenzó en 1865, cuando pioneros mormones se establecieron en un valle fértil a unos 100 kilómetros al este de Las Vegas, cerca de la confluencia de los ríos Virgin y Muddy. Encontraron agua suficiente en una región árida para crear canales de riego y cultivar diversos productos.

Inicialmente, los colonos creían estar en Utah, pero un levantamiento federal determinó que St. Thomas pertenecía a Nevada. Las autoridades exigieron impuestos atrasados, lo que llevó a muchos mormones a negarse a pagar y abandonar el asentamiento en 1871.

La partida de sus fundadores no significó el fin del pueblo. Por el contrario, llegaron nuevos habitantes, la agricultura se diversificó y St. Thomas se convirtió en una pequeña escala comercial y agrícola en la ruta entre Salt Lake City y Los Ángeles. El ferrocarril llegó en 1912 y, en sus mejores años, albergó a unas 500 personas, con calles bordeadas de álamos y casas con rosales. Contaba con escuela, oficina de correos, hotel, tienda, cafetería, garaje, salón de billar e incluso una heladería; una comunidad pequeña pero próspera en el desierto de Nevada.

El problema para St. Thomas surgió en 1928, cuando el Congreso estadounidense aprobó el Boulder Canyon Project Act, autorizando la construcción de la futura presa Hoover sobre el río Colorado. Esta infraestructura se concibió para controlar inundaciones, generar electricidad y almacenar agua para un sudoeste estadounidense en expansión. Las obras comenzaron en 1931 y la presa dio origen al lago Mead, destinado a ser el mayor embalse de Estados Unidos. Sin embargo, esto implicaba que St. Thomas estaba dentro de la zona que sería inundada.

En 1938, el agua finalmente prevaleció. El lago Mead comenzó a llenarse en 1935, acercándose lentamente a St. Thomas mientras sus habitantes recibían compensaciones y abandonaban sus hogares. El último en irse fue Hugh Lord, encargado de un garaje, quien resistió hasta el 11 de junio de 1938. Se cuenta que despertó con el agua rodeando su cama, cargó sus últimas pertenencias en una barca, prendió fuego a su casa y se alejó remando.

Posteriormente, las calles, la escuela, el hotel y la heladería desaparecieron bajo el agua. Cuando el lago Mead alcanzó sus niveles más altos, las construcciones más elevadas de St. Thomas quedaron a unos 18 metros bajo la superficie.

Durante décadas, para visitar el pueblo había que bucear. St. Thomas se transformó en un pueblo fantasma submarino. Sobre sus antiguas calles navegaban embarcaciones, mientras que, decenas de metros más abajo, permanecían los cimientos de las casas, escaleras que ya no llevaban a ninguna puerta, postes, botellas y restos de edificios. Las fluctuaciones del lago permitieron que reapareciera temporalmente en varias ocasiones (con reuniones de antiguos residentes y familiares en 1945, 1963 y 2012), pero durante gran parte de su historia moderna, permaneció oculto bajo el Mead. En algunas ocasiones, llegó a haber hasta unos 24 metros de agua sobre el antiguo asentamiento.

A partir del año 2000, una sequía prolongada comenzó a transformar radicalmente el lago Mead. Su nivel descendió aproximadamente 43 metros en menos de dos décadas, y St. Thomas empezó a salir de nuevo a la superficie hasta quedar completamente expuesto. En 2002, sus ruinas ya habían reaparecido y, con el progresivo retroceso del embalse, dejaron de ser un territorio para buceadores para convertirse en un destino accesible a pie.

Actualmente, un sendero de unos cuatro kilómetros permite recorrer el antiguo pueblo y distinguir los cimientos del hotel Gentry, las escaleras de la escuela o la característica chimenea de la antigua heladería Hannig.

La situación ha llegado a otro extremo en agosto de 2026. El lago Mead ha descendido hasta unos 317 metros sobre el nivel del mar, prácticamente su cota más baja desde que empezó a llenarse hace alrededor de 90 años y con apenas una fracción de su capacidad disponible. Las previsiones federales indican que el nivel podría seguir bajando durante gran parte del año. La ironía es palpable: el embalse que avanzó por el valle en los años 30 para borrar St. Thomas del mapa está ahora retrocediendo a niveles similares a los de aquella época.

Detrás de la reaparición de St. Thomas hay una realidad mucho más seria que una mera curiosidad arqueológica. El río Colorado abastece a unos 40 millones de personas en siete estados de Estados Unidos, territorios tribales y México, además de regar millones de hectáreas. Su sistema está sometido a la combinación de décadas de sobreexplotación, una sequía prolongada, temperaturas cada vez mayores y una acumulación de nieve extraordinariamente baja en las Montañas Rocosas.

El lago Powell, el segundo gran embalse del río, también atraviesa niveles históricamente bajos, y el Gobierno federal está preparando nuevos recortes en el consumo. St. Thomas es, en cierto modo, un marcador involuntario de esta crisis: en 1938, Estados Unidos construyó una presa y el agua se tragó un pueblo; casi 90 años después, la escasez de esa misma agua lo ha devuelto al desierto.