La leche, el huevo, el pescado, los mariscos, el trigo, la soja, el maní, los frutos secos y el sésamo son responsables de casi el 90% de las alergias alimentarias, según expertos. Esta realidad es crucial, ya que las reacciones pueden manifestarse incluso tras años de consumo sin problemas. Las alergias alimentarias, que afectan a un porcentaje significativo de adultos, son influenciadas por una combinación de factores genéticos, ambientales e inmunológicos, y pueden surgir en cualquier etapa de la vida.
La leche, el huevo, el pescado, los mariscos, el trigo, la soja, el maní, los frutos secos y el sésamo concentran aproximadamente el 90% de las respuestas alérgicas a alimentos, según la opinión de especialistas de Mayo Clinic. Este dato adquiere una importancia particular porque una respuesta adversa puede aparecer incluso después de muchos años de haber consumido un producto sin ninguna dificultad. Entre el 2% y el 4% de los adultos experimenta al menos una alergia alimentaria, una condición que ya no se asocia únicamente con la niñez.
En el podcast On Nutrition de Mayo Clinic, la nutricionista certificada Sara Wolf explicó que el incremento de estos incidentes se debe a una mezcla de elementos genéticos, ambientales e inmunológicos. El organismo de una persona con alergia interpreta ciertas proteínas de los alimentos como una amenaza y activa una respuesta de su sistema de defensa. Esa reacción puede afectar la piel, el sistema digestivo y las vías respiratorias y, en casos serios, provocar una disminución de la presión sanguínea.
Entre las posibles razones detrás del aumento de casos se encuentran modificaciones en el entorno, alteraciones en la microbiota intestinal y variaciones en la exposición temprana a ciertos alimentos y bacterias. También se están investigando factores como los nacimientos por cesárea. El riesgo puede ser más elevado entre aquellos con historial de asma, eccema u otras sensibilidades. Mayo Clinic también señaló diferencias entre grupos raciales y étnicos, vinculadas, entre otros aspectos, con disparidades en el acceso a información médica actualizada.
Una alergia puede presentarse en la adultez
Uno de los aspectos que más puede sorprender a quienes nunca tuvieron inconvenientes con la comida es que una alergia puede desarrollarse durante la etapa adulta. Los cambios vinculados con la edad, la microbiota intestinal y las barreras que participan en la respuesta inmunológica pueden influir en este proceso. Wolf destacó que una persona puede consumir durante años un alimento sin problemas y posteriormente desarrollar una reacción. El fenómeno también puede darse a la inversa: algunos niños dejan de presentar alergias con el paso del tiempo. Sin embargo, las relacionadas con el maní, los frutos secos y los mariscos suelen persistir por más años.
Alergia no significa intolerancia
Mayo Clinic insiste además en una distinción fundamental: alergia e intolerancia alimentaria no son lo mismo. Una alergia involucra al sistema inmunológico y puede desencadenar una reacción potencialmente grave. Una intolerancia suele afectar principalmente al aparato digestivo. Es el caso de la intolerancia a la lactosa, que puede causar gases, hinchazón o diarrea, pero no una anafilaxia. El hecho de haber tenido una reacción leve en el pasado tampoco garantiza que la siguiente vaya a serlo. Una persona con una alergia verdadera puede experimentar una respuesta mucho más intensa en otra exposición, incluso sin haber consumido una cantidad mayor del alimento. Además, mientras alguien con intolerancia puede tolerar pequeñas cantidades, una persona alérgica puede reaccionar ante rastros mínimos o contaminación cruzada.
El grupo que concentra nueve de cada diez casos
Aunque se han identificado más de 170 alimentos capaces de provocar reacciones alérgicas, nueve concentran la mayoría de los episodios:
Leche
Huevo
Pescado
Mariscos
Trigo
Soja
Maní
Frutos secos
Sésamo
Pero existen alergias menos conocidas que también pueden complicar el diagnóstico. El síndrome alfa-gal, por ejemplo, puede provocar reacciones frente a carnes de mamíferos como vacuno o cerdo. Según Wolf, puede aparecer después de la picadura de ciertas garrapatas y tiene una característica que dificulta detectar el origen: los síntomas pueden tardar varias horas en manifestarse. Otro cuadro es el síndrome de alergia alimentaria por polen, anteriormente conocido como síndrome de alergia oral. Puede producir picazón o ardor en los labios y la boca después de consumir determinadas frutas o vegetales y, aunque muchas veces resulta leve, también puede generar reacciones más graves.
Cuándo una reacción se convierte en una emergencia
Entre los síntomas de una alergia alimentaria aparecen urticaria, hinchazón, picazón, congestión nasal, vómitos, diarrea y dificultad para respirar. Cuando se ven afectados varios sistemas del organismo, aumenta la preocupación por una posible anafilaxia, una reacción grave que requiere atención urgente. En esos casos, la epinefrina es el tratamiento indicado y no debe sustituirse por antihistamínicos. Wolf señaló que retrasar el uso de un autoinyector cuando está indicado puede ser más peligroso que administrarlo. El diagnóstico debe quedar en manos de un alergista, quien puede recurrir a pruebas cutáneas, análisis de sangre o desafíos alimentarios orales controlados. Estos últimos nunca deben realizarse en casa debido al riesgo de provocar una reacción severa.
Etiquetas y contaminación cruzada: el riesgo que continúa en casa
Para quienes ya tienen un diagnóstico, evitar el alimento responsable continúa siendo una de las principales medidas de prevención. Eso exige leer etiquetas, preguntar por los ingredientes en restaurantes y vigilar la contaminación cruzada mediante utensilios, superficies y equipos compartidos. En los últimos años también avanzaron tratamientos como la inmunoterapia oral, especialmente para determinados pacientes con alergia al maní. Sin embargo, estas terapias no representan una cura definitiva. El dato central, por tanto, no está solo en que existan más de 170 alimentos capaces de desencadenar alergias, sino en que nueve productos concentran cerca del 90% de los casos y una reacción aparentemente menor no permite anticipar la gravedad de la siguiente. Leche, huevo, pescado, mariscos, trigo, soja, maní, frutos secos y sésamo forman así el núcleo de una de las principales preocupaciones alimentarias para millones de personas.