Zelenza, una empresa con una sólida trayectoria en servicios tecnológicos, está incursionando fuertemente en el sector de defensa y seguridad con sistemas no tripulados. Este giro estratégico, liderado por su CEO Pedro Alfaro, busca equilibrar un mercado maduro con una ambiciosa apuesta por la innovación en drones militares. La compañía ya ha entregado el primer drone de superficie a la Armada española y desarrolla tecnologías avanzadas como enjambres y municiones merodeadoras.
El 9 de diciembre de 2024, la Armada española recibió en la base naval de Rota una embarcación de siete metros de fibra de vidrio. Aunque a primera vista parecía una semirrígida convencional, este vehículo, el SEAD 23, carecía de espacio para tripulantes. Capaz de alcanzar 36 nudos (aproximadamente 67 km/h) y transportar hasta 600 kilos entre combustible y sensores, puede permanecer en el mar durante una semana a cuatro nudos. Se trata del primer drone de superficie de la Armada española, con un costo de 1,1 millones de euros. Actualmente, la Armada posee dos unidades de este tipo.
El SEAD 23 fue construido por Seadrone, un pequeño astillero con sede en Vigo. Desde 2023, Seadrone forma parte de Zelenza, una empresa que, para la mayoría de sus 2.500 empleados, se dedica principalmente a la gestión de redes, el mantenimiento de infraestructuras y la atención al cliente para terceros. Esta dualidad es un aspecto clave de la compañía.
“La Zelenza actual es una empresa de servicios tecnológicos porque históricamente era así”, explica Pedro Alfaro, su CEO. Este mercado maduro concentra casi la totalidad de su plantilla e ingresos. Sin embargo, en paralelo, existe una apuesta “muy centrada en defensa y seguridad y en el mundo de lo no tripulado”. Alfaro lo describe como un “punto de ruptura”, ya que son dos entornos bajo el mismo paraguas, pero con características muy diferentes. Las cifras reflejan la proporción de cada segmento: de los 120 millones de euros ingresados en 2025, Defensa y Seguridad aportaron 20 millones, una sexta parte. Gran parte de estas ventas corresponden a proyectos de I+D, pilotos o prototipos, no a contratos recurrentes. La división de drones de Zelenza es, por ahora, más una promesa que un negocio consolidado, algo que su CEO reconoce con una franqueza inusual.
Zelenza surgió en 2018 de la fusión del grupo Alza y el Grupo POAS, adoptando un nuevo nombre para evitar cualquier percepción de vencedores o vencidos. Alfaro se unió a la empresa después de una extensa carrera en Telefónica, donde fue director de defensa y seguridad, y posteriormente consejero delegado de Telefónica Ingeniería de Seguridad. José Fernández, el dueño y accionista único del grupo, buscaba incursionar en el sector de defensa. Alfaro le propuso el nicho incipiente de lo no tripulado, junto con un método particular.
El enfoque propuesto surgió de experiencias previas: “Cada vez que cogíamos una startup, en un año nos habíamos quedado sin tecnología, sin empresa y sin startup”, recuerda Alfaro. Por ello, Zelenza no adquiere el 100% de las empresas. Sin embargo, su participación es siempre mayoritaria, superando el 50%, y los fundadores conservan el resto, permanecen como socios, mantienen su marca y controlan la I+D hasta que el producto está completamente definido. A partir de ese punto, el grupo interviene en las fases posteriores: industrialización, financiación, acceso al mercado y venta. Estas son áreas que las pymes de ingeniería suelen manejar con mayor dificultad al no ser su especialidad.
El ecosistema de Zelenza se compone actualmente de cuatro pilares: ZelenzaTech, creada desde cero para el software de mando y control; Swarming Technologies & Solutions, especializada en enjambres; Seadrone, como plataformista naval; y Simfor, dedicada a la simulación, la última en incorporarse. El riesgo de este modelo podría ser convertirse en una colección de empresas con actividades dispares bajo el mismo logo. Ante esta preocupación, Alfaro menciona la existencia de comités compartidos, una estrategia común y la venta cruzada, donde el software de una empresa puede gobernar los barcos de otra. Esta es una respuesta razonable, similar a la que daría cualquier holding.
Hace ocho años, explica Alfaro, los drones se concebían como una tríada: un aparato, un mando y un piloto. Este enfoque era útil para tareas como la captura de imágenes, pero inviable para escalar en un contexto militar. La solución propuesta fue un software que rompiera esta relación uno a uno. Este software, denominado SIMACODA, permite al operador definir misiones sobre un mapa y asignarlas a múltiples drones, ya sean aéreos, navales o terrestres. El sistema previene colisiones, permite reasignar tareas en tiempo real y, si un sensor detecta un aparato no identificado, puede enviar un drone propio para su reconocimiento. El piloto, en este esquema, se convierte en un supervisor.
El siguiente nivel es el enjambre, y Alfaro se esfuerza en desmitificar la concepción popular, que a menudo confunde los enjambres militares con espectáculos luminosos. Un enjambre militar, aclara, es un grupo de drones con capacidad de cómputo a bordo, comunicaciones interconectadas y sin jerarquía. Si pierden unidades, se reorganizan y continúan con la misión. La dificultad principal, insiste, reside en el software, dado que “la mayoría de las plataformas se parecen mucho”. También destaca el desafío de integrar IA en unos 200 gramos de cómputo embarcado, con un presupuesto de cómputo significativamente menor que el de sistemas terrestres. La tecnología de silicio, sin embargo, no es propia; utilizan módulos Jetson Orin de NVIDIA.
Los dos desafíos actuales, compartidos con el resto de la OTAN, son la capacidad de operar sin comunicaciones y de navegar sin GPS, empleando sistemas inerciales que tienden a la deriva con la distancia, LiDAR o georreferenciación basada en mapas del terreno. De aquí surge un aspecto delicado de la conversación. En la denominada “zona de la muerte” de Ucrania, la ausencia total de enlaces de comunicación implica que no hay intervención humana en el bucle: “Las máquinas tienen que tener ya las reglas de enfrentamiento”. Esto es similar a lo que ocurre en un escudo antimisiles, donde no hay tiempo para la decisión humana. Alfaro lo presenta como una constatación técnica, no como una postura, pero es un debate que Europa ha pospuesto durante años y empresas como Zelenza están resolviéndolo mediante la acción.
Respecto a su posición, Alfaro es categórico: afirma que en enjambres están a un nivel “muy equiparable a países líderes” y que en Europa “podemos tranquilamente decir que lideramos”. Aunque la verificación externa es compleja, existen hechos que respaldan estas afirmaciones. El CETEDEX, centro de experimentación del Ministerio de Defensa, ha adquirido un enjambre de Zelenza para utilizarlo como 'red team', es decir, para atacar los sistemas antidrone de las Fuerzas Armadas y evaluar su resistencia. Además, poseen un contrato del Programa Coincidente para desarrollar esta tecnología, la cual han probado con los tres ejércitos, incluso en ejercicios de la OTAN. También han firmado acuerdos de confidencialidad con importantes empresas de defensa de Europa, Estados Unidos y Asia que han mostrado interés en su tecnología.
Al preguntar sobre el valor futuro de la empresa, Alfaro no menciona el software, sino las municiones. Zelenza está desarrollando, en colaboración con Instalaza, una empresa armera de Zaragoza, una munición merodeadora que esperan industrializar el próximo año, con un coste estimado de entre 40.000 y 50.000 euros por unidad. También están finalizando el HALCÓN, un interceptor antidrone aéreo capaz de portar una cabeza de guerra, con un precio de entre 3.000 y 4.000 euros. En el ámbito naval, una de las configuraciones de su USV ORCA funciona como munición merodeadora naval. “No te puedes cargar un drone iraní que vale 20.000 euros con un misil de un millón”, argumenta Alfaro. Sin embargo, con varios interceptores de 3.000 euros, sí es factible. Y gastar 50.000 euros para detener un carro de combate resulta rentable. Esto se asemeja a la transición de vender impresoras a vender papel y cartuchos de tinta: productos mucho más económicos, consumibles y de gran volumen. Este cambio representa la transformación más profunda en la naturaleza de la empresa. Cuando se le pregunta qué le habría parecido inalcanzable hace cinco años, Alfaro no menciona barcos o enjambres, sino precisamente esto: “Hace cinco años no estábamos pensando estar en temas de munición”. Zelenza entró en defensa con tecnología de doble uso, aplicable también a emergencias o control fronterizo. Ahora, fabrica productos diseñados exclusivamente para la guerra.
Toda transición empresarial conlleva un punto débil, y el de Zelenza es evidente: el negocio tradicional financia el nuevo, y el primero está bajo amenaza. No el suyo en particular, sino el de todo su sector. Alfaro proyecta que la división de Defensa facture unos 200 millones anuales en cinco años, lo que implicaría multiplicar por diez su volumen en un lustro. Al mismo tiempo, cree que los servicios tradicionales podrían reducirse “tanto en personas como en ingresos” debido al “gran impacto” de la IA y los agentes. Más máquinas, menos humanos y precios más bajos. Esta franqueza es poco común en alguien con 2.500 empleados en ese sector y resulta apreciable.
Mientras tanto, la I+D se financia “a pulmón”. Según sus estimaciones, representa entre el 3% y el 4% de la facturación. Sobre 120 millones, esto equivale a entre tres y cinco millones al año, una cifra modesta para quien aspira a liderar una tecnología en Europa, pero significativa en comparación con los 20 millones que actualmente ingresa la división de Defensa y Seguridad. El dinero del rearme, por el momento, no fluye hacia las empresas más pequeñas. Las grandes empresas tractoras (Indra, Navantia, Airbus) ya han recibido préstamos para expandir y modernizar su capacidad industrial. Sin embargo, para las medianas y pequeñas, “todavía no ha calado”. Para empresas de su tamaño, el rearme europeo sigue siendo “un tema de expectativas”.
Existen señales de progreso. La Armada ya cuenta con dos SEAD 23, Zelenza ha presentado una oferta en un país asiático y afirma haber recibido interés de varias naciones de Europa, América y Asia. La Guardia Civil, a través del CDTI, le adjudicó en mayo de 2025 un sistema de interceptación de narcolanchas con drones marinos: un contrato de 2,3 millones de euros, con una duración de tres años y tres fases. Actualmente se encuentran en la segunda fase, desarrollando prototipos de interceptores autónomos con IA a bordo. No obstante, la escala de los contratos sigue siendo la misma: uno o dos millones de euros para una división que aspira a facturar 200 millones. Zelenza se encuentra en una encrucijada: un negocio maduro que la IA puede ir reduciendo y otro prometedor que depende de fondos públicos que aún no han llegado. La apuesta, en teoría, tiene todo el sentido del mundo. La cuestión es si el dinero del rearme llegará antes de que la IA consuma el negocio que lo financia, o al menos a tiempo para equilibrar ambos.