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Mié, Nov

Detectores submarinos de neutrinos no refutan la invarianza de Lorentz de Einstein

Tecnologia
Científicos han estado investigando la invarianza de Lorentz, un pilar de la teoría de la relatividad de Einstein, que postula que las leyes físicas son uniformes en todas las direcciones del universo. Utilizando detectores de neutrinos en las profundidades del mar Mediterráneo, buscaron evidencias de una posible ruptura de este principio. Los resultados iniciales, sin embargo, no ofrecen pruebas que contradigan las teorías de Einstein.

La ciencia ha dedicado muchos años al estudio de la teoría de la relatividad de Einstein, evaluando la solidez de sus fundamentos. Periódicamente, algunos principios se cuestionan, mientras que otros se fortalecen con nuevos hallazgos. Uno de los conceptos aún bajo escrutinio es la invarianza de Lorentz, que sostiene que las leyes de la física son idénticas en cualquier dirección del universo. Algunos científicos plantean que este principio podría no ser válido en escalas extremas, lo que implicaría un error en la formulación de Einstein. Demostrar tal error es una aspiración para ciertos investigadores.

Varias metodologías se consideran aptas para esta investigación, siendo las basadas en la detección de neutrinos unas de las más prometedoras. En este contexto, un equipo de científicos ha llevado a cabo experimentos con neutrinos en las profundidades del mar Mediterráneo.

El detector de neutrinos, conocido como KM3NeT/ORCA, está situado a 2.450 metros bajo la superficie marina, frente a las costas de Tolón, Francia. Recientemente, en un estudio, los científicos del proyecto reportaron la detección de 5.828 neutrinos atmosféricos. Las características de estos neutrinos no sugieren una violación de la invarianza de Lorentz. Por el momento, la teoría de Einstein se mantiene, aunque estos experimentos representan solo la fase inicial de su investigación.

Los neutrinos son partículas extremadamente ligeras sin carga eléctrica, que interactúan principalmente a través de la fuerza débil. Esta propiedad les permite viajar por el cosmos sin apenas interaccionar con la materia, convirtiéndolos en herramientas valiosas para el mapeo del universo, ya que su trayectoria permite rastrear su origen. Sería inusual que algo los desviara. Existen tres tipos, o sabores, de neutrinos: electrónicos, muónicos y tauónicos, que se distinguen por la partícula con la que se asocian. Se sabe que durante su viaje cósmico, los neutrinos pueden cambiar de sabor en un fenómeno llamado oscilación. Las leyes físicas definen con precisión cuándo ocurren estos cambios, lo que los hace ideales para estudiar la invarianza de Lorentz. Si los resultados observados concuerdan consistentemente con las predicciones, sin importar la dirección de la medición, el principio se considera correcto. De lo contrario, podrían ser necesarias correcciones bajo condiciones específicas.

Cada segundo, miles de millones de neutrinos atraviesan nuestro cuerpo sin que lo percibamos, debido a su dificultad de detección. Sin embargo, se ha descubierto que el agua puede actuar como un eficaz detector de neutrinos. Con un volumen de agua suficiente, es posible que un neutrino interactúe con alguna partícula. Cuando esto sucede, se liberan partículas cargadas que se desplazan casi en la misma dirección que el neutrino original. Estas partículas, a su vez, emiten una luz azul que, dada la transparencia del agua, puede ser captada fácilmente. Esta luz, además, varía según el sabor del neutrino.

Los neutrinos atmosféricos se generan en una mezcla de sabores cuya composición puede ser predicha por la teoría. Durante su trayecto, los neutrinos muónicos experimentan cambios de sabor a tasas conocidas. Por lo tanto, al identificar los tipos de neutrinos que finalmente alcanzan el mar después de recorrer una distancia determinada, se puede verificar si todas las predicciones se cumplen.

La profundidad es un factor crucial. Los detectores se sitúan a grandes profundidades para minimizar la interferencia de otras partículas, como los muones derivados de los rayos cósmicos. En las zonas más profundas, la detección de neutrinos es más sencilla y libre de interferencias. También existen detectores en el hielo, como el renombrado IceCube, que recientemente le valió un Premio Nobel a uno de sus creadores. Sin embargo, en el estudio actual, se ha utilizado el mar Mediterráneo, obteniendo resultados igualmente, e incluso más, prometedores.

En este estudio, se analizaron únicamente 1,4 años de datos de las seis primeras unidades de detección. A pesar de ello, se logró una precisión comparable a la de experimentos de larga trayectoria como el mencionado IceCube en el Polo Sur o el Super-Kamiokande en Japón.

Además de ORCA, el proyecto KM3NeT incluye otro detector, ARCA, ubicado a 3.500 metros de profundidad frente a las costas de Sicilia. Mientras que ORCA se especializa en neutrinos atmosféricos de baja energía, ARCA se enfoca en neutrinos de energía mucho mayor provenientes del espacio profundo. Los autores del estudio planean analizar las oscilaciones de neutrinos en este segundo detector, ya que, con energías más elevadas, las posibles variaciones que invalidarían el principio de invarianza de Lorentz serían más pronunciadas. Por el momento, Einstein sigue teniendo razón respecto a este principio, pero aún quedan experimentos por realizar, y no se puede dar nada por sentado.