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Mié, Nov

Texas y California: Lecciones Históricas para el Partido Republicano

Internacionales
La situación actual en Texas, particularmente en relación con las políticas migratorias, evoca un paralelismo notable con los eventos ocurridos en California hace más de tres décadas. Este artículo analiza cómo las medidas restrictivas hacia los inmigrantes indocumentados en el pasado llevaron a un cambio demográfico y político significativo, y sugiere que Texas podría estar experimentando una transformación similar, con profundas implicaciones para el futuro del Partido Republicano.

Lo que recientemente ocurrió en Texas muestra una gran similitud con la experiencia de California hace más de treinta años. En 1994, el entonces gobernador republicano Pete Wilson impulsó la Proposición 187, la cual buscaba restringir el acceso a servicios públicos, incluyendo la educación y parte de la atención médica, para los inmigrantes sin documentos. Sin embargo, la reacción no provino exclusivamente de aquellos que carecían de papeles. Numerosos latinos que residían legalmente en Estados Unidos, quienes trabajaban y llevaban años construyendo sus vidas allí, comprendieron que esta medida también afectaba a sus familias. Decidieron naturalizarse, se registraron para votar y comenzaron a involucrarse en la política. California no se transformó de inmediato, pero el Partido Republicano finalmente pagó un alto precio por aquella ofensiva. La situación actual en Texas tiene mucho de esa historia.

Nadie argumenta que no se deba deportar a criminales peligrosos. Cualquier nación tiene el derecho de proteger sus fronteras y hacer cumplir sus leyes. Pero una cosa es eso y otra muy distinta es la crueldad. Esto implica perseguir a individuos que han trabajado durante años, que se levantan de madrugada para ganarse la vida y cuyos hijos, en muchos casos, son ciudadanos estadounidenses. Un ejemplo es el caso de Lorenzo Salgado Araujo, el ciudadano mexicano que falleció por disparos de un agente de ICE en Houston mientras transportaba a su equipo de construcción al trabajo. O los decesos de Renée Good y Alex Pretti, dos ciudadanos estadounidenses abatidos por agentes federales en Minneapolis. Aunque son casos distintos, generan una indignación difícil de ignorar. Porque la aplicación de la ley no debería significar que una familia deba despedir a un ser querido por la mañana sin la certeza de volver a verlo.

Además, existe un aspecto que los republicanos parecen haber subestimado: los hijos de los inmigrantes han crecido. Ahora tienen la edad para votar. Son esos jóvenes a quienes se les conoce como “No Sabo Kids”, muchos de ellos nacidos en Estados Unidos, que dominan el inglés mejor que el español y que, quizás, no conocen el país de sus padres, pero sí sus sacrificios. En Texas, aproximadamente tres de cada cuatro votantes menores de 30 años apoyaron a James Talarico, según estimaciones preliminares.

Sería una exageración afirmar que todos votaron por el tema migratorio, pero sería ingenuo pensar que las redadas, las separaciones familiares y el temor que se ha instaurado en tantas comunidades no han tenido repercusiones políticas. Hay una imagen que lo ilustra muy bien: en Houston, el lugar donde perdió la vida Salgado Araujo terminó cubierto de pegatinas de «Yo voté». Personas que acudieron a las urnas y luego pasaron por allí para dejar constancia de su participación. Esto recuerda mucho a California. En aquel entonces, fueron los inmigrantes quienes decidieron hacerse ciudadanos para tener voz. Ahora son también sus hijos, quienes ya nacieron con ese derecho y no necesitan pedir permiso a nadie para ejercerlo. Y Texas no es un estado cualquiera. Posee 40 votos electorales y ha sido durante décadas uno de los grandes baluartes del Partido Republicano. Perderlo de forma permanente sería un golpe devastador para sus aspiraciones de llegar a la Casa Blanca.

Por supuesto, una elección no implica que Texas se haya vuelto demócrata para siempre. California tampoco cambió en una sola noche. Fueron años de decisiones políticas, de un descontento acumulado y de personas que comenzaron a percibir las elecciones de una manera diferente. Pero la verdad es que los republicanos deberían prestar atención a lo que está sucediendo. Porque no es lo mismo exigir el cumplimiento de la ley que aplaudir cualquier acción que se realice en su nombre. Y tampoco se puede esperar que un ciudadano estadounidense permanezca impasible cuando observa cómo tratan a su padre, a su vecino o al compañero con el que trabaja diariamente. California ya impartió una lección a los republicanos. Y es posible que Texas esté comenzando a darles otra. La diferencia es que esta vez hay una generación de hijos de inmigrantes que ya puede responder en las urnas. Y está votando.