Bulgaria enfrenta una grave crisis de salud pública debido al fentanilo, un potente opioide que ha causado más de un centenar de fallecimientos por sobredosis en los últimos dos años. Las autoridades y expertos advierten que la cifra real podría ser mayor, ya que la sustancia se mezcla con otras drogas y es difícil de detectar. La situación subraya la urgencia de fortalecer las medidas de prevención y tratamiento en el país.
El fentanilo se ha convertido en una preocupación creciente para la salud pública en Bulgaria, donde más de un centenar de individuos han perecido por sobredosis en el último bienio, según datos oficiales. Entre los años 2024 y 2025 se registraron 118 decesos, lo que implica un incremento considerable en comparación con los cinco casos reportados el año previo. Sin embargo, tanto las autoridades como los especialistas alertan que la cantidad verdadera podría ser superior debido a las dificultades para identificar la presencia de este opioide durante las autopsias.
Los expertos explican que la propagación del fentanilo se ha visto favorecida por su combinación con otras sustancias ilícitas, como la heroína y la cocaína, lo que incrementa el riesgo de que los usuarios lo ingieran sin tener conocimiento de ello. Además, este opioide posee una potencia extrema: una dosis de apenas 2 miligramos, equivalente a unos cuantos granos de sal, puede resultar mortal. Los especialistas incluso estiman que un kilogramo de la sustancia podría ocasionar el fallecimiento de hasta medio millón de personas si se distribuye en porciones letales.
Las autoridades también advierten sobre el atractivo financiero que esta droga representa para las redes de tráfico de estupefacientes. Un kilogramo de fentanilo, con un valor aproximado de 12.000 euros, puede generar hasta 100.000 dosis, superando ampliamente el rendimiento que ofrece la heroína. Aunque el origen del opioide que circula en Bulgaria no ha sido determinado, los investigadores consideran que podría provenir de cargamentos de China o México, o ser producido a nivel local utilizando precursores químicos importados.
La crisis se intensificó tras la disminución del flujo de heroína desde Afganistán, luego de que los talibanes prohibieran el cultivo de opio. Esta escasez habría impulsado a los traficantes a reemplazar parte del mercado con fentanilo, un opioide sintético entre 80 y 100 veces más potente que la morfina, cuyo consumo puede provocar depresión respiratoria, una rápida dependencia y la muerte, especialmente cuando se combina con otras sustancias.
Frente a este panorama, organizaciones sociales y expertos han solicitado reforzar las campañas de prevención, expandir el acceso a tratamientos para personas con adicciones y asegurar la disponibilidad de naloxona, el medicamento capaz de revertir una sobredosis si se administra a tiempo. La situación en Bulgaria refleja una tendencia que ya impacta a otras naciones de Europa y Estados Unidos, donde el fentanilo sigue cobrando miles de vidas anualmente.