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Sáb, Jul

Riesgos para la salud podológica infantil al heredar calzado usado

Tecnologia
Heredar zapatos entre hermanos es una práctica común para ahorrar, pero los expertos advierten sobre los riesgos para la salud podológica infantil. El calzado usado se adapta a la pisada del primer niño, lo que puede alterar la marcha del segundo y provocar problemas biomecánicos, lesiones e incluso infecciones cutáneas. Es crucial considerar el impacto en el desarrollo del pie y la postura.

En muchas familias, es habitual que un hermano mayor deje calzado que parece casi nuevo al crecer. La lógica sugiere que estos pueden pasar al hermano menor para aprovechar el gasto y evitar desechar algo funcional. Sin embargo, lo que parece una decisión financiera acertada, choca con la biomecánica infantil y la salud podológica.

La clave del problema no reside en el aspecto exterior del zapato, sino en su interior y en la suela. Según explica la podóloga Rebeca Prieto Riaño en un artículo reciente, un zapato ya usado tiende a estar "moldeado" al patrón de marcha del primer niño. Cada persona tiene una forma única de caminar y de distribuir el peso. Con el uso continuado, el calzado presenta zonas de desgaste específicas que actúan como pequeñas cuñas invisibles. Cuando un segundo niño usa ese zapato, su pie se ve forzado a adaptarse a una horma e inclinaciones que no son las suyas.

Esto puede alterar significativamente su pisada, favoreciendo desde problemas biomecánicos hasta lesiones tendinosas y musculares, además de las clásicas ampollas o rozaduras por un soporte inadecuado.

Aunque actualmente no existen ensayos clínicos, la evidencia directa proviene principalmente de guías clínicas y del consenso de especialistas, como el documento "Children’s Footwear Advice" de la Suffolk Podiatry Paediatrics. No obstante, sí existen diferentes estudios biomecánicos que demuestran que el calzado modifica los parámetros de la marcha infantil, incluyendo la velocidad, la longitud del paso, los rangos de movimiento del tobillo y la rodilla, y el patrón de impacto.

Concretamente, un metaanálisis publicado en 2011 ya concluía que los zapatos afectan irremediablemente a la marcha de los niños. A esto se suman trabajos experimentales más recientes, como un estudio publicado en "Gait & Posture" en 2023, que demuestran cómo las alturas asimétricas en el calzado inducen cambios reactivos en la cinemática de la marcha y en la activación muscular.

Además de la mecánica de la marcha, existe un factor dermatológico a considerar, ya que las guías de podología pediátrica desaconsejan el calzado de segunda mano por el riesgo de infecciones. Compartir zapatos cerrados que han acumulado sudor y humedad facilita enormemente la transmisión de patógenos cutáneos, especialmente dermatofitos, que son los hongos causantes del pie de atleta.

¿Significa esto que debemos desechar automáticamente cualquier zapato que se le quede pequeño a nuestro hijo mayor? No necesariamente, puesto que los expertos en ortopedia infantil y podología establecen como excepción el calzado que ha tenido un uso residual. Por ejemplo, unos zapatos para una boda que se han usado una tarde, o unas botas de agua que el niño se puso tres veces antes de que le creciera el pie, sí pueden heredarse. La condición indispensable es que no haya signos de adaptación a la pisada previa.