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Sáb, Jul

El Envejecimiento Reproductivo Masculino: Hombres Mayores de 45 Años Presentan Más Mutaciones en Espermatozoides

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Tradicionalmente, la preocupación por el reloj biológico se ha centrado en las mujeres, pero la ciencia ha demostrado que el tiempo también influye en la fertilidad masculina. Un nuevo estudio de la Fundación IVI revela que los hombres mayores de 45 años tienen un 31% más de mutaciones en sus espermatozoides en comparación con los menores de 30, destacando la importancia de la edad paterna en la salud reproductiva.

Históricamente, se ha asumido que solo las mujeres deben preocuparse por su reloj biológico al considerar la maternidad, enfatizando la importancia de embarazarse a una edad temprana debido a la reserva ovárica finita y el envejecimiento de los ovocitos. Sin embargo, la evidencia científica ha estado advirtiendo durante años que la edad también es un factor crucial para los hombres.

Un reciente estudio presentado por la Fundación IVI durante la 42ª Reunión Anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología ha cuantificado el envejecimiento reproductivo masculino. Este estudio indica que los hombres mayores de 45 años presentan un 31% más de mutaciones en sus espermatozoides en comparación con aquellos menores de 30 años.

A diferencia de los ovocitos, que se forman durante el desarrollo embrionario femenino y permanecen en latencia hasta la ovulación, los espermatozoides se producen continuamente a partir de la pubertad. Esto significa que las células madre de las que proceden los espermatozoides se dividen constantemente, permitiendo que un hombre de hasta setenta años siga produciendo espermatozoides.

En biología celular, cada división representa una oportunidad para que ocurra un error de copia en el ADN. Aunque los mecanismos de reparación celular son extraordinariamente eficientes, no son infalibles. Con el paso de las décadas, los errores se acumulan, y estas alteraciones genéticas que no estaban presentes en los padres pero aparecen en la descendencia se conocen como mutaciones de novo.

La ciencia ha estado documentando este fenómeno por más de una década. Un ejemplo es un artículo publicado en Nature en 2012, que ya establecía que aproximadamente el 80% de las mutaciones de novo provienen de la genética paterna. Además, los investigadores calcularon que el genoma de la descendencia adquiere entre 1 y 2 mutaciones de novo adicionales por cada año que aumenta la edad del padre. El nuevo estudio viene a confirmar estos datos.

El incremento del 31% en las mutaciones no se debe únicamente a un fallo pasivo en la reparación del ADN por el simple desgaste de la edad. Aquí interviene un fascinante y microscópico mecanismo evolutivo que opera en los testículos, denominado "selección espermatogonial egoísta". En este proceso, algunas de las mutaciones que ocurren en las células madre de los espermatozoides no son neutras, sino que confieren una ventaja proliferativa a la propia célula.

Mutaciones específicas, como las que afectan al gen FGFR3 o a la vía de señalización RAS, provocan que estas células madre mutadas se dividan más rápidamente y sobrevivan mejor que las células sanas adyacentes. Con el tiempo, estos "clones" mutados terminan dominando grandes áreas del testículo, produciendo una proporción cada vez mayor de espermatozoides portadores de la mutación.

Las mutaciones de novo asociadas a la edad paterna avanzada están fuertemente vinculadas a la aparición de enfermedades raras de origen monogénico en la descendencia, como la acondroplasia, el síndrome de Apert o el síndrome de Costello, además de mostrar correlaciones genéticas complejas con trastornos del neurodesarrollo. No obstante, el riesgo absoluto de que un padre mayor de 45 años conciba un hijo con una de estas patologías severas sigue siendo estadísticamente muy bajo, específicamente inferior al 0,5% en mayores de cuarenta años. Esto significa que, si bien el aumento mutacional es innegable a nivel genómico, la probabilidad de que esas mutaciones impacten directamente en un gen crítico y resulten en un síndrome congénito sigue siendo rara.