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Sáb, Jul

Artistas solicitan a sus fans evitar defecar en conciertos para no perder el sitio en primera fila

Tecnologia
Olivia Rodrigo ha compartido una peculiar observación sobre sus fans más entregados: algunos recurren a métodos extremos, como usar pañales, para no abandonar su lugar privilegiado en los conciertos. Esta práctica, motivada por los elevados precios de las entradas y las restricciones de los recintos, está generando un debate sobre las condiciones y la experiencia en los eventos en vivo, llevando a otros artistas a abordar el problema públicamente.

Olivia Rodrigo ha confesado que identifica a sus fans más devotos por el olfato, refiriéndose a aquellos que, en las primeras filas, optan por hacer sus necesidades allí mismo para no perderse ni un momento del espectáculo. Detrás de este comentario, se esconde una realidad más compleja: el costo de las entradas en primera fila es tan alto que muchos seguidores no están dispuestos a ceder su posición por ir al baño.

Durante una entrevista en el programa matinal KISS Breakfast de la emisora británica KISS FM, se le preguntó a Olivia Rodrigo sobre el lugar más incómodo en el que había tenido que usar el baño. La cantante redirigió la pregunta, comentando que ha presenciado en conciertos y festivales cómo la gente utiliza pañales para permanecer en primera fila sin moverse y hacer sus necesidades in situ, una cercanía que ella misma ha percibido. "Lo he olido", afirmó.

No es la primera vez que se presenta esta situación. La artista se percató del problema por primera vez en uno de sus conciertos en Hyde Park en junio de 2025. Este recinto prohíbe salir y volver a entrar una vez escaneada la entrada. Allí, leyó un cartel de una fan que anunciaba que llevaba pañales para aguantar en la primera fila. Este fenómeno no es exclusivo de ella: años antes, en 2023, durante el Eras Tour de Taylor Swift, se observó una tendencia de fans que exhibían pañales para no perderse ni un minuto del repertorio de más de tres horas. La revista 'Glossy' documentó cómo creadoras de contenido enseñaban a colocárselos discretamente bajo el vestido y recomendaban las marcas de pañales más adecuadas.

Aunque la cuestión puede parecer graciosa, hay un aspecto en esta historia que no lo es tanto. Rodrigo iniciará The Unraveled Tour en Hartford (Connecticut) el próximo mes de septiembre, una gira de 86 fechas a nivel mundial. Los precios ya confirmados por Ticketmaster oscilan entre los 83,40 y los 799,50 dólares. El acceso general de pista ronda los 250 dólares, y los paquetes VIP de entrada anticipada al foso están entre 540 y 554 dólares. Con estas cifras, es comprensible que si un fan está dispuesto a hacer hasta diez horas de cola para conseguir un buen sitio, también esté dispuesto a orinarse encima. La imagen de las fans histéricas incapaces de contenerse es reemplazada por una más triste: el diseño del recinto penaliza salir al baño, y los fans deben ingeniárselas como puedan. Se puede debatir si algunos artistas realmente merecen esta "ordalía", pero lo cierto es que los precios de los conciertos en vivo no van a disminuir, y tal como se ha visto en fenómenos como el de Bad Bunny, los conciertos se han convertido en el nuevo lugar indispensable, con o sin pañales.

Rodrigo no es la única que ha experimentado este problema en las últimas semanas. En un concierto del cantautor folk Noah Kahan en Filadelfia el pasado 26 de junio, alguien ni siquiera llegó a ponerse el pañal: defecó directamente junto a los asientos. Kahan abordó el incidente al día siguiente en X, pidiendo por favor que la gente usara el baño y recordando que detrás de cada deposición no autorizada hay "un trabajador del recinto con la mirada de las mil yardas". Días después, en Toronto, hizo que el público recitara un juramento: al entrar al recinto, se firma un contrato social por el cual no se debe defecar en el suelo. La magnitud como artista (y la edad del público) que asiste a ver a Rodrigo o a Taylor Swift y la que acude a ver a Kahan es diferente, por lo que la proximidad en el tiempo de esta tendencia escatológica en los conciertos podría ser casual. Sin embargo, sin duda, articula una narrativa sobre cómo los conciertos se han transformado en prisiones lujosas y costosas que coartan las necesidades más básicas, abriendo la puerta a formas altamente expresivas de protesta por aglomeraciones y retrasos.