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Sáb, Jul

Taiwán blinda sus sistemas antiaéreos Skyguard con redes antidrón para contrarrestar la amenaza de drones de bajo costo

Tecnologia
Taiwán ha comenzado a proteger sus sistemas antiaéreos Skyguard con redes antidrón, una medida que refleja la evolución de la guerra moderna. Esta estrategia, inspirada en prácticas observadas en Ucrania, busca salvaguardar infraestructuras militares cruciales de los ataques de drones FPV de bajo coste, que representan una amenaza creciente. La implementación de estas barreras físicas subraya la necesidad de reinventar las defensas aéreas frente a nuevas tecnologías bélicas.

En 1940, durante la Batalla de Inglaterra, la Real Fuerza Aérea (RAF) utilizó miles de postes y kilómetros de cables para proteger aeródromos y fábricas, buscando dificultar el vuelo rasante de los aviones alemanes. Ocho décadas después, los ejércitos recurren nuevamente a barreras físicas para contrarrestar amenazas aéreas, aunque el adversario actual no vuela a cientos de kilómetros por hora, sino que es un dispositivo que cabe en una mochila y cuesta unos pocos cientos de euros.

Una imagen peculiar muestra dos cañones antiaéreos cubiertos por una especie de cúpula metálica envuelta en redes de pesca, lo cual no parece precisamente la última tecnología militar. No obstante, esta imagen ilustra mejor que cualquier informe cómo ha evolucionado la guerra moderna. Taiwán ha empezado a proteger algunos de sus sistemas Skyguard con redes antidrón porque ha reconocido una realidad incómoda: incluso las armas diseñadas para derribar amenazas aéreas pueden volverse vulnerables a drones baratos si quedan expuestas.

El desafío es considerable. Durante décadas, los sistemas antiaéreos se diseñaron para enfrentarse a aviones, helicópteros o misiles. Hoy, deben incorporar un enemigo completamente distinto: pequeños drones FPV (First Person View) capaces de lanzarse directamente sobre un radar o un cañón siguiendo una trayectoria casi vertical. En un hipotético conflicto, Pekín no solo usaría drones para atacar, sino también para localizar objetivos, retransmitir comunicaciones, realizar guerra electrónica o saturar las defensas taiwanesas, obligándolas a gastar munición antes de la llegada de la amenaza principal.

Jaulas cubriendo los cañones

Es irónico que el sistema suizo Skyguard, creado en plena Guerra Fría, siga siendo un componente esencial de la defensa aérea de Taiwán. Sus cañones de 35 mm pueden utilizar la munición programable AHEAD, que explota delante del objetivo liberando una nube de subproyectiles especialmente efectiva contra drones, misiles de crucero o proyectiles de pequeño tamaño. Precisamente por su utilidad continua, protegerlo se ha convertido en una prioridad: perder el arma destinada a derribar drones a causa de otro dron sería un golpe difícil de asumir.

Redes como solución

A primera vista, estas redes pueden parecer improvisadas, pero responden a una lógica muy clara. Un dron FPV necesita impactar directamente sobre su objetivo para destruirlo; una estructura metálica cubierta con red puede hacer que detone antes de alcanzar el radar o los mecanismos del cañón, absorbiendo parte del impacto y manteniendo operativo el sistema. Esta filosofía ya se ha observado en Ucrania, donde carreteras, vehículos blindados, piezas de artillería e incluso barcos han comenzado a cubrirse con jaulas y redes para resistir una amenaza extremadamente económica.

Años de preparación

Las redes son solo una parte de un plan mucho más amplio. La fuerza aérea taiwanesa lleva tiempo entrenándose para dispersar sus aviones entre aeródromos secundarios y autopistas, mientras el ejército esconde carros de combate y vehículos entre edificios o los camufla como maquinaria civil para dificultar su identificación. La idea es simple: si China logra localizar y destruir los sistemas más valiosos durante las primeras horas de un ataque, la capacidad de resistencia de la isla se reduciría drásticamente.

Los drones obligan a reinventar

Con todo, quizás la mayor lección no sea que Taiwán haya instalado redes sobre unos cañones, sino que la defensa aérea está entrando en una nueva etapa. Durante décadas, la ventaja tecnológica residía en construir radares más potentes, misiles más rápidos o cañones más precisos. Ahora, también implica impedir que un dron de bajo coste encuentre un punto débil donde estrellarse. Que una de las imágenes más representativas de esta nueva carrera tecnológica sea un sofisticado sistema antiaéreo protegido por una simple red dice mucho sobre cómo está cambiando la guerra.