La forma en que se elige a los líderes de un país varía significativamente alrededor del mundo. Mientras que en algunas naciones basta con obtener la mayoría simple de votos, otras exigen mayorías absolutas, umbrales específicos o incluso segundas vueltas. Además, existen sistemas donde los ciudadanos no eligen directamente al jefe de gobierno, sino a representantes que luego toman esa decisión, lo que subraya la complejidad y diversidad de los procesos democráticos globales.
No todos los procesos electorales se resuelven de la misma manera. En ciertas naciones, es suficiente con acumular más sufragios que el resto de los contendientes. En otras, es imperativo superar el 50 % de los votos, alcanzar un porcentaje mínimo con un determinado margen, o participar en una segunda ronda. Asimismo, hay esquemas donde los ciudadanos no seleccionan directamente al líder del Ejecutivo, sino a delegados que posteriormente eligen quién ejercerá el gobierno. Por ello, al escuchar que alguien triunfó en unas votaciones, es crucial cuestionarse: ¿obtuvo la presidencia, consiguió más asientos parlamentarios o simplemente ocupó el primer lugar?
República Dominicana
En la República Dominicana, el presidente es elegido mediante sufragio directo y debe conseguir más del 50 % de los votos válidos para triunfar en la primera vuelta. Si ningún aspirante alcanza dicho porcentaje, los dos con mayor votación se enfrentan en una segunda ronda, donde prevalece quien obtenga el mayor número de sufragios.
Estados Unidos
En Estados Unidos, los ciudadanos emiten su voto por el presidente, pero la decisión final la toma el Colegio Electoral. Este se compone de 538 votos electorales, y un candidato necesita al menos 270 para ganar. Cada estado posee una cantidad de votos electorales proporcional a su representación en el Congreso. Washington D. C., que no cuenta con representación con derecho a voto en el Congreso, recibe 3 votos electorales gracias a una enmienda constitucional. En 48 estados y Washington D. C., el aspirante que logra la mayor cantidad de votos populares se adjudica todos los votos electorales de ese territorio, incluso si la diferencia es mínima. Maine y Nebraska son las excepciones, ya que pueden distribuir sus votos según los resultados de sus distritos. Por ejemplo, Florida posee 30 votos electorales. Si un candidato obtiene el 50,1 % y otro el 49,9 %, el primero se lleva los 30. Este método, conocido como 'winner-take-all' (el ganador se lleva todo), se generalizó durante el siglo XIX y no es una reforma reciente. Por esta razón, es posible ganar el voto popular a nivel nacional y, sin embargo, perder la presidencia.
México
México emplea el sistema de mayoría relativa para la elección de su presidente. Esto implica que el candidato que obtiene más votos que cualquiera de sus competidores es el ganador, sin la necesidad de alcanzar el 50 %. Por ejemplo, si tres aspirantes consiguen el 38 %, el 35 % y el 27 %, respectivamente, el primero se alza con la presidencia, aunque el 62 % de los votantes haya optado por otras alternativas. En México no existe una segunda vuelta presidencial; el resultado se define en una única elección. La distinción con otras naciones es clara: lo importante no es lograr una mayoría absoluta, sino ser el primero en la votación.
Costa Rica
Costa Rica posee una norma distintiva: un candidato puede asegurar la presidencia en la primera vuelta si obtiene más del 40 % de los votos válidos. No es necesario que supere al segundo aspirante por un margen específico. Por ejemplo, si uno consigue el 40,5 % y otro el 39 %, el primero gana, aunque la distancia sea de apenas 1,5 puntos porcentuales. Si ningún candidato excede el 40 %, los dos con mayor número de sufragios deben enfrentarse en una segunda vuelta. Aquí, el factor decisivo es superar el 40 %, no la brecha con el oponente.
Bolivia
Bolivia establece dos vías para asegurar la presidencia en la primera ronda. La primera consiste en obtener más del 50 % de los votos válidos. La segunda, en alcanzar al menos el 40 % y superar al segundo contendiente por un mínimo de 10 puntos porcentuales. Por ejemplo, si un candidato logra el 42 % y su rival el 32 %, gana directamente. Pero si obtiene el 42 % y el segundo llega al 35 %, ninguno de los dos cumple las condiciones para evitar una segunda vuelta. En ese escenario, los dos aspirantes con mayor votación se enfrentan nuevamente en las urnas. En Bolivia, no solo es relevante el nivel de apoyo, sino también la ventaja sobre el segundo lugar.
Argentina
Un candidato triunfa en la primera vuelta si consigue más del 45 % de los votos afirmativos válidamente emitidos. También puede ganar con al menos el 40 %, siempre que aventaje al segundo por más de 10 puntos porcentuales. Por ejemplo, un resultado de 41 % frente a 30 % permite ganar directamente. Sin embargo, si la diferencia fuera exactamente de 10 puntos, no sería suficiente por esta segunda vía. Si nadie cumple estas condiciones, se celebra un balotaje entre los dos primeros. La clave reside en los detalles: Argentina exige más de 10 puntos de ventaja, mientras que Bolivia acepta exactamente 10.
Brasil
Brasil requiere una mayoría absoluta de los votos válidos para elegir presidente en la primera vuelta. Esto significa que el candidato necesita más de la mitad de esos sufragios, sin incluir los blancos ni los nulos. Si un aspirante obtiene el 48 % y otro el 42 %, el primero no gana automáticamente, a pesar de haber conseguido más apoyo que cualquiera de sus competidores. Si nadie supera el 50 % de los votos válidos, los dos candidatos más votados compiten en una segunda ronda. En Brasil, liderar los resultados no equivale necesariamente a asegurar la presidencia.
Uruguay
Uruguay elige presidente y vicepresidente mediante una fórmula conjunta. Para ganar en la primera vuelta se requiere la mayoría absoluta de los votantes. Aquí hay una diferencia importante respecto a Brasil y Chile: los votos en blanco y anulados se incluyen en la base utilizada para determinar si se alcanzó la mayoría necesaria. Por ejemplo, si hay 100 votantes y un candidato recibe 49 sufragios, no consigue la mayoría absoluta, aunque los otros aspirantes hayan recibido menos votos individualmente. Si ninguna fórmula presidencial alcanza la mayoría necesaria, las dos más votadas compiten en una segunda vuelta.
Reino Unido
En el Reino Unido, los ciudadanos no seleccionan directamente al primer ministro. Votan para elegir a los 650 diputados de la Cámara de los Comunes. El país se divide en 650 circunscripciones. Cada una elige un diputado, y gana el candidato que obtiene más votos, incluso si no alcanza el 50 %. Este esquema se conoce como 'first past the post' (el primero en llegar a la meta). Por esta razón, un partido puede conseguir una mayoría de escaños sin haber obtenido la mayoría de los votos populares a nivel nacional. Habitualmente, el líder del partido con mayoría parlamentaria se convierte en primer ministro. Si ningún partido logra esa mayoría, podría requerir alianzas para gobernar.
España
En España, los ciudadanos no eligen directamente al presidente del Gobierno. Votan para seleccionar a los 350 diputados del Congreso, cuyos escaños se distribuyen mediante un sistema de representación proporcional por circunscripciones: las 50 provincias, Ceuta y Melilla. Después de las elecciones, el rey propone un candidato a la presidencia, quien debe someterse a una votación de investidura. En la primera votación, necesita mayoría absoluta: al menos 176 diputados. Si no la consigue, 48 horas después puede ser investido por mayoría simple, es decir, con más votos a favor que en contra. Esto posibilita que un partido que quedó en segundo lugar en las elecciones forme Gobierno si logra los apoyos parlamentarios necesarios.
Israel
Israel cuenta con un sistema parlamentario. Los ciudadanos votan por listas de partidos políticos para elegir a los 120 diputados de la Knéset, su Parlamento. Los escaños se distribuyen proporcionalmente entre los partidos que superan el umbral electoral del 3,25 %. Después de las elecciones, el presidente del Estado consulta a los partidos y encarga la formación de Gobierno a un diputado que considere capaz de reunir los apoyos necesarios. No es obligatorio que sea el líder del partido más votado. El nuevo Gobierno debe obtener la confianza de la Knéset. Las coaliciones son fundamentales porque los partidos necesitan sumar suficientes respaldos para gobernar. La clave: conseguir más escaños que los demás no implica automáticamente convertirse en primer ministro.
Francia
Francia posee un sistema semipresidencial. Los ciudadanos eligen directamente al presidente de la República, quien necesita mayoría absoluta de los votos válidos, sin contar blancos ni nulos, para ganar. Si nadie la obtiene en la primera vuelta, los dos candidatos más votados compiten en una segunda. Sin embargo, Francia también tiene un primer ministro y una Asamblea Nacional. El presidente nombra al primer ministro, aunque el Gobierno debe rendir cuentas políticamente ante el Parlamento. Cuando la mayoría parlamentaria pertenece a una fuerza política opuesta a la del presidente, puede surgir una situación conocida como cohabitación, en la que ambos deben compartir responsabilidades de poder.