03
Mar, Nov

Brasil construirá un túnel submarino para conectar Santos y Guarujá, reduciendo el trayecto a cinco minutos

Tecnologia
Brasil planea la construcción de un innovador túnel sumergido bajo el canal que separa Santos y Guarujá, dos ciudades vitales conectadas al puerto de contenedores más grande de Latinoamérica. Este proyecto, con una inversión significativa y una duración de 30 años, busca transformar un trayecto que actualmente puede tomar horas en coche o transbordador, a tan solo cinco minutos, aliviando la congestión y mejorando la conectividad regional.

Entre las ciudades brasileñas de Santos y Guarujá se extiende un canal de acceso que las divide y que es crucial para el mayor puerto de contenedores de Latinoamérica, el de Santos. En 2024, este puerto gestionó 5,48 millones de contenedores (TEU), superando al segundo puerto más grande, Manzanillo en México, por aproximadamente 1,56 millones de unidades. Para desplazarse entre estos municipios, las opciones actuales son un sistema de transbordadores, que toma unos 18 minutos de media, o un viaje por carretera de aproximadamente una hora para cubrir unos 40 kilómetros. Sin embargo, el transbordador a menudo implica largas esperas, ya que más de 21.000 vehículos lo utilizan diariamente, según el Ministerio de Portos e Aeroportos. Para resolver este problema, Brasil impulsará la construcción de un túnel sumergido bajo el canal, que unirá ambas ciudades, marcando el primer túnel inmerso del país.

El túnel tendrá una longitud total de 1,5 kilómetros, de los cuales 870 metros se extenderán bajo el canal de acceso al puerto. Contará con tres carriles de circulación en cada sentido, una pasarela exclusiva para peatones y ciclistas, y una galería de servicios. En el lado de Guarujá, se construirá un acceso de dos kilómetros que conectará con la BR-101 (la autopista Río-Santos), fortaleciendo la conexión vial entre el puerto y la costa norte del estado. Una vez operativo, las autoridades esperan que el tiempo de viaje en coche se reduzca de una hora a un máximo de cinco minutos, según informó BNews Sao Paulo.

La obra será ejecutada por el grupo portugués Mota-Engil, que ganó la subasta el pasado septiembre superando a la española Acciona. Mota-Engil cuenta entre sus accionistas con la empresa china CCCC, que posee experiencia en este tipo de construcciones. Se trata de una colaboración público-privada con una inversión inicial de 6.800 millones de reales (aproximadamente 1.150 millones de euros), que se estima generará 9.000 empleos, según la web oficial del proyecto. La concesión tiene una duración de 30 años e incluye la construcción, operación y mantenimiento del túnel.

La elección de un túnel subterráneo en lugar de un puente, a pesar de que el trazado es inferior a dos kilómetros, tiene una justificación lógica: los buques que llegan a Santos son cada vez más altos. La vía submarina se consideró la opción más viable para evitar interrupciones en su circulación, algo que sí ocurriría con un puente levadizo. Además, según el gobernador Geraldo Alckmin, la construcción de un puente de 80 metros podría haber afectado el proyecto del aeropuerto de Guarujá.

La técnica empleada será la del túnel inmerso, que consiste en prefabricar módulos de hormigón en un dique seco, remolcarlos flotando y luego hundirlos en una zanja dragada en el fondo del canal. Un ejemplo de este tipo de construcción es el túnel entre Hong Kong-Zhuhai-Macao, que incluye un tramo submarino de 6,7 kilómetros formado por 33 elementos. El túnel de Santos-Guarujá se ubicará a unos 21 metros de profundidad para no interferir con la navegación.

El calendario oficial prevé el año 2026 para proyectos y licencias. La construcción comenzará en 2027 con el dique seco y los dragados. En 2028 se iniciará la fabricación de los módulos y al año siguiente, su inmersión. Los trabajos de montaje se prolongarán hasta 2030, según explicó Rafael Benini, secretario de Estado de Alianzas de Inversión. La previsión más optimista indica que el túnel estará operativo en 2031. No obstante, los plazos de estas obras son complejos, como demuestra el túnel de Fehmarnbelt, entre Dinamarca y Alemania, que ha experimentado retrasos debido a problemas con el hundimiento de módulos, aunque el túnel europeo es de una escala considerablemente mayor.