Tras los recientes movimientos telúricos, surge la preocupación por la resistencia estructural de los edificios. La República Dominicana se ubica en una zona de alta actividad sísmica, lo que plantea la interrogante sobre la preparación de sus construcciones. Aunque no se pueden predecir, la evaluación preventiva es crucial para mitigar los riesgos.
A raíz de los temblores ocurridos en Venezuela, diversas personas pueden sentir inquietud o preocupación por el estado de la estructura de su vivienda. La República Dominicana se encuentra en una de las regiones sísmicamente más activas del Caribe, debido a la interacción constante entre la placa del Caribe y la placa de Norteamérica. Este movimiento persistente de la corteza terrestre acumula energía durante años hasta que se libera en forma de sismos. Si bien la ciencia aún no permite anticipar cuándo ocurrirá un gran movimiento telúrico, los expertos en sismología concuerdan en que el país enfrenta una amenaza sísmica constante por la presencia de importantes sistemas de fallas geológicas, como la Septentrional, situada al norte de la isla, y la Enriquillo-Plantain Garden, que atraviesa la región sur de La Hispaniola. Ante estos riesgos, la pregunta no es cuándo ocurrirá, sino si las edificaciones están lo suficientemente preparadas para soportar un fuerte sismo.
La historia dominicana confirma que los grandes terremotos no son un escenario desconocido para la nación, como lo demuestra el sismo de magnitud 8.1 en 1946, frente a la costa noreste de República Dominicana. Este evento provocó un tsunami que impactó en comunidades costeras y dejó una huella en la memoria sísmica nacional. Aunque en el país existe una institución pública encargada de evaluar infraestructuras, pocos conocen su existencia y funcionamiento. Desde julio de 2001, mediante el decreto 715-01, el Poder Ejecutivo creó la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (ONESVIE). Este organismo técnico del Estado dominicano se encarga de evaluar las condiciones estructurales de edificaciones e infraestructuras con el fin de reducir riesgos ante terremotos y otros eventos que puedan comprometer la seguridad de las construcciones. Esta entidad recibe solicitudes de evaluación tanto de forma presencial como a través de su sitio web.
El solicitante debe gestionar la evaluación mediante una comunicación formal, y posteriormente recibirá una respuesta a través del número de contacto que proporcionó. Las evaluaciones son gratuitas. Después de recibir la solicitud, un equipo se comunica con el solicitante para coordinar una visita y evaluar la edificación específica. Luego de realizar un levantamiento, la institución entrega al solicitante, en el caso de una solicitud privada, un informe con los hallazgos encontrados, así como las recomendaciones pertinentes. Si se trata de una empresa pública, el informe se dirige al Ministerio de Vivienda, Hábitat y Edificaciones (Mivhed), quien deberá proceder con las intervenciones. Aunque los terremotos no pueden evitarse ni predecirse con exactitud, los especialistas afirman que la preparación sí puede marcar una diferencia.
Aunque a menudo la atención se centra en la magnitud de un terremoto, este número por sí solo no determina el nivel de destrucción que puede causar. Un sismo de gran magnitud puede generar daños moderados si ocurre lejos de zonas pobladas o a gran profundidad, mientras que uno de menor magnitud puede provocar graves consecuencias si ocurre cerca de una ciudad con edificaciones vulnerables. Los efectos sobre las estructuras dependen de factores como la distancia al epicentro, la profundidad del movimiento, el tipo de suelo, la duración de la sacudida, la calidad de los materiales y el cumplimiento de las normas de construcción. Generalmente, los terremotos entre magnitud 5.0 y 5.9 pueden causar daños en edificaciones vulnerables; entre 6.0 y 6.9 tienen la capacidad de provocar afectaciones importantes en zonas pobladas; mientras que eventos superiores a magnitud 7.0 pueden generar daños severos y colapsos cuando existen fallas estructurales. Sin embargo, los expertos resaltan que no es el terremoto por sí mismo el que causa la mayoría de las víctimas, sino el desplome de estructuras que carecen de la resistencia adecuada. Por esta razón, la evaluación preventiva de las edificaciones se considera una herramienta fundamental para reducir el riesgo antes de que ocurra un evento de gran magnitud.