Un estudio reciente en República Dominicana revela una sorprendente tendencia en la denominación de negocios, donde la creatividad y el humor se entrelazan con dominicanismos y referencias culturales. Lejos de los nombres tradicionales, muchos emprendedores optan por opciones singulares que buscan captar la atención del público y reflejar la identidad local. Esta diversidad de nombres, que van desde lo ingenioso hasta lo inesperado, evidencia una estrategia de mercadeo poco convencional pero efectiva.
Mientras algunos comerciantes prefieren denominaciones convencionales, otros buscan que su establecimiento destaque, incluso si es solo por la curiosidad que genera su rótulo. El resultado es una amalgama de ingenio, expresiones propias de la cultura dominicana, referencias cinematográficas, influencias de la música urbana, dichos populares e incluso términos cuyo significado resulta enigmático. Un análisis de miles de registros mercantiles oficiales, llevado a cabo por N Digital, descubrió una vasta colección de nombres que fácilmente podrían confundirse con títulos de canciones de dembow o memes virales en redes sociales. La lista incluye ejemplos como “Kulikitaca”, “Mamá Pobre”, “Bar No Fui Yo”, “La Viene y la Tule”, “Marboro Melaconcito”, “Hay Bobo”, “El Chancleteo” y “Pariguayo”, demostrando que la inventiva dominicana no tiene límites al momento de nombrar un emprendimiento.
Al revisar esta relación, uno podría pensar que se trata de una cartelera de cine, un parque temático o una serie de ciencia ficción. Sin embargo, todos son establecimientos comerciales legítimos que operan en diversas localidades del país. Algunos prometen transportar a los clientes “al cielo”, mientras que otros, por su nombre, sugieren un viaje directo al “Apocalipsis”. Entre las denominaciones halladas se encuentran: Mundo Oscuro, La NASA, El Cielo, Fe y Alegría Bar, El Edén, El Paraíso y El Templo.
Otros empresarios optaron por nombres que recuerdan más a una excusa por llegar tarde a casa que a un local comercial. En los registros aparecen “Bar No Fui Yo, fue tete”, “Porque No”, “Ay Caramba”, “La Vuelta es Aquí”, “Pa Otro Lao”, “Pal Coro Punta Cana”, “Otro Level”, “La Baby a Otro Nivel”, “Billete”, “Solo Oferta”, “Todo Para Eso” y “Akí Es La Vuelta”.
La influencia de la música urbana también se hace notar, incluyendo negocios denominados Flow Mandú, Flow Melaza, Cristian El Sofoke, Voyn Para 42, La 42, Guayando 23, Kulikitaca, Boca Humo, Los Boironchos, Pariguayo, El Monstruo Verde, Furgonazo de la Fría y Mundo Frío. Entre todos ellos, destaca La 42, una de las denominaciones que más veces se repite en los expedientes examinados. Este nombre, inspirado en uno de los barrios más conocidos de Capotillo y convertido en un emblema de la cultura urbana dominicana, ha sido adoptado por diversos dueños en distintas provincias del país, convirtiéndose en una de las marcas comerciales más frecuentes en la base de datos.
Los **raros y graciosos**
Hay quienes, sin duda, comprendieron que una marca también puede ser una táctica de mercadeo. Así surgen “El Champú”, “El Bombón”, Tanque Club, Sexy Grill, Boper Cirujano, Hay Bobo, Engaño, La Viene y la Tule, El Chancleteo, Ta Paje, El Pincho Cabrón, Pussy Cat, La Tóxica, Doble Moral, Fue Tete. Algunos provocan una sonrisa al instante; otros requieren una segunda lectura del letrero para confirmar su autenticidad. Y hay varios que, probablemente, generen más de una explicación cuando alguien pregunte: “¿Dónde estuviste?”. Es complicado descifrar qué motivó a sus creadores. Algunos parecen errores ortográficos transformados en identidad de marca; otros combinan palabras sin conexión aparente y varios dejan al consumidor con la misma interrogante: “¿De dónde surgió este nombre?”.