La obtención de vitamina D a través del sol no requiere exposiciones prolongadas. Especialistas indican que pocos minutos pueden ser suficientes, aunque el tiempo idóneo varía según el tono de piel, la estación y la geografía. Es crucial equilibrar la necesidad de esta vitamina con la protección cutánea para evitar riesgos.
Conseguir vitamina D mediante la radiación solar no implica permanecer mucho tiempo bajo el sol. Expertos indican que solo unos instantes pueden ser suficientes para activar su síntesis, si bien el lapso adecuado se modifica por elementos como la pigmentación de la piel, la época del año, la ubicación geográfica y la potencia de los rayos ultravioleta.
La cantidad de vitamina D que el cuerpo genera depende principalmente de la exposición a los rayos ultravioleta B (UVB). Como orientación general, algunos informes médicos sugieren que entre 5 y 30 minutos, varias veces a la semana, podría ser un lapso adecuado para favorecer la creación de esta vitamina; no obstante, esta no es una recomendación universal ni un periodo que deba cumplirse de forma estricta.
Las personas con tez más oscura podrían requerir mayor tiempo de exposición para producir una cantidad similar de vitamina D, debido a una mayor concentración de melanina, un pigmento que contribuye a proteger la piel de la radiación ultravioleta. También influyen la estación, la latitud, la hora del día y las condiciones ambientales, por lo que el mismo número de minutos no produce necesariamente el mismo efecto en todas las personas.
Otro aspecto fundamental es que un mayor tiempo al sol no equivale a un beneficio superior. Una vez que el organismo ha generado una determinada cantidad de vitamina D, extender la exposición no supone una ventaja proporcional y, por el contrario, incrementa la acumulación de radiación ultravioleta en la piel. Esta exposición excesiva se vincula con el envejecimiento prematuro, lesiones cutáneas y un riesgo elevado de cáncer de piel.
La idea de que el protector solar anula completamente la producción de vitamina D no abarca toda la evidencia existente. Los protectores disminuyen la cantidad de radiación que llega a la piel, pero no bloquean por completo la generación de la vitamina. Por ello, no se aconseja prolongar deliberadamente la exposición solar con la intención de incrementar los niveles de vitamina D.
De hecho, la Academia Estadounidense de Dermatología mantiene una postura más prudente y señala que no existe un nivel de exposición a radiación ultravioleta que haya sido establecido como totalmente seguro para obtener vitamina D sin aumentar el riesgo de cáncer de piel. Por esa razón, aconseja recurrir también a alimentos, productos fortificados y suplementos, cuando sea necesario, como fuentes de esta vitamina.
En resumen, el equilibrio reside en evitar las exposiciones prolongadas y las quemaduras solares, especialmente durante los periodos de mayor intensidad de radiación. Las necesidades de vitamina D pueden satisfacerse mediante una combinación de exposición diaria, dieta y, si corresponde, suplementos, sin convertir el bronceado o la exposición prolongada al sol en una estrategia para mejorar los niveles de esta vitamina.