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Sáb, Oct

La vida dominicana a través del lente publicitario: Un reflejo de épocas pasadas

Nacionales
Los anuncios de décadas pasadas, transmitidos en televisión, radio y prensa, no solo promocionaban productos, sino que también retrataban las aspiraciones y el estilo de vida de la sociedad dominicana. Este material, resguardado en el Archivo General de la Nación, nos ofrece una valiosa perspectiva sobre cómo las marcas construían la imagen de la vida cotidiana y los valores predominantes de cada período. Es un viaje al pasado que revela la evolución cultural del país a través de la lente de la persuasión comercial.

Estos materiales también revelaron unidades familiares, ambiciones, prácticas sociales y maneras de comprender el logro que, en la actualidad, posibilitan una retrospectiva para identificar la magnitud de los cambios en la vida diaria del país. Antes de que las plataformas digitales transformaran la publicidad en un contenido accesible en el móvil a cualquier instante, los mensajes publicitarios gozaban de un espacio privilegiado: la pantalla televisiva, la emisora radial y las páginas impresas. En esos medios, durante los años setenta, ochenta, noventa y principios del nuevo milenio, las empresas crearon breves escenarios de la existencia en República Dominicana para comercializar desde alimentos y artículos de aseo personal hasta cuentas bancarias, automóviles y bebidas.

El Archivo General de la Nación mantiene una porción de dicho acervo. Su colección de spots televisivos incluye cincuenta grabaciones de las décadas de mil novecientos setenta, mil novecientos ochenta y mil novecientos noventa, mientras que otra colección agrupa anuncios radiales de esos mismos periodos.

Los comerciales de televisión de los años 70, 80 y 90, que suman 50 videos en un disco óptico, permiten un encuentro con empresas como Banco Popular Dominicano, Asociación La Nacional de Ahorros y Préstamos, Leche Rica, Jugos Victorina, Jabón Hispano, Palmolive, Chiclets Adams, Calzados Los Muchachos, Esso, Shell y la Cervecería Nacional Dominicana, entre otras. Sin embargo, más allá de los artículos promocionados, el contenido facilita la observación de otro aspecto: la República Dominicana que las compañías optaron por exhibir a sus consumidores.

Una unidad familiar detrás de cada artículo

En gran parte de la propaganda de lustros anteriores, el artículo se presentaba junto a una situación diaria. La comida podía estar ligada a la familia; los artículos de limpieza, al hogar; y ciertos bienes de consumo, a la noción de avance y bienestar. La publicidad, de este modo, establecía una conexión entre la acción de adquirir y la experiencia de vivir cómodamente. Un alimento no se mostraba meramente como algo para ingerir. Podía ser parte de una reunión familiar en la mesa. Un artículo de higiene no era solo una necesidad doméstica, sino parte de la imagen de un domicilio bien cuidado. Y los servicios financieros podían vincularse con planes a futuro, ahorro o adquisición de vivienda.

Entre los materiales conservados por el Archivo General de la Nación, figuran anuncios de entidades como el Banco Popular Dominicano y la Asociación La Nacional de Ahorros y Préstamos, lo cual amplía la perspectiva más allá de los productos de uso diario. La publicidad también exponía lo que, según las marcas, debía constituir una existencia estable: una familia, una casa, ciertos bienes y la posibilidad de mejorar las condiciones de vida.

La figura femenina y el ámbito doméstico

Los anuncios de productos de limpieza, comestibles, higiene y belleza brindan otra perspectiva para analizar los roles que la publicidad asignaba a las mujeres. Marcas como Palmolive y otros artículos dedicados al cuidado personal empleaban la imagen femenina como parte de sus mensajes, mientras que la publicidad vinculada al hogar podía situar a la mujer en el centro de las responsabilidades domésticas y familiares.

Más que establecer por sí misma cómo vivían las mujeres dominicanas, la publicidad permite conocer qué representación de ellas consideraban apropiada o eficaz las marcas para su comercialización. Esta distinción es crucial: un anuncio no es un retrato exacto de la sociedad, sino una construcción diseñada para persuadir. Precisamente por esta razón, puede ser empleado como documento para analizar los principios y aspiraciones que prevalecían en una determinada época.

La niñez también tenía sus distintivos

Los menores fueron otros de los principales protagonistas de esa publicidad. Artículos como comestibles, dulces y calzado buscaban establecer un vínculo con el público infantil y, a la vez, con los adultos responsables de las compras. En los archivos del AGN aparecen, por ejemplo, anuncios de Calzados Los Muchachos y Chiclets Adams. En aquellos comerciales, el consumo infantil no estaba disociado del entorno familiar. Los productos podían aparecer ligados a la escuela, el juego, las amistades o momentos compartidos.

Muchos de esos comerciales perduraron incluso después de que algunas marcas disminuyeran su presencia. No necesariamente por el producto en sí, sino por las melodías, frases o escenas que quedaron asociadas a una generación.

Poseer también significaba avanzar

La publicidad de otras décadas también permite observar cómo se promocionaba la noción de éxito. Los vehículos, los servicios bancarios, los electrodomésticos y otros bienes podían representar mucho más que una simple adquisición. En ciertos anuncios, comprar un producto significaba acercarse a una vida más cómoda, moderna o próspera. El automóvil, por ejemplo, podía presentarse como un símbolo de desplazamiento y desarrollo. El ahorro podía transformarse en una promesa de futuro. Una vivienda podía simbolizar la estabilidad familiar.

Los anuncios de Esso y Shell, conservados en el archivo, forman parte de ese universo publicitario relacionado con los automóviles y el consumo vinculado a la movilidad. En este sentido, la publicidad no solo respondía a los deseos de los compradores: también contribuía a definir cuáles eran los bienes que podían simbolizar una vida exitosa.

Lo dominicano también se ofertaba

La publicidad local contaba, además, con una herramienta de particular potencia: los componentes identificables de la cultura dominicana. La música, las reuniones familiares, las festividades, el esparcimiento y ciertas costumbres podían transformarse en recursos para acercar una marca al público. La Cervecería Nacional Dominicana, por ejemplo, figura entre las empresas representadas en la colección de comerciales del AGN. Su presencia permite observar cómo las marcas vinculadas al entretenimiento y el consumo social podían relacionar sus productos con momentos compartidos. El mensaje era directo: el producto no estaba aislado de la vida cotidiana. Formaba parte de ella.

De la pantalla compartida al dispositivo móvil

La gran transformación no se limita únicamente a los artículos que desaparecieron o a las empresas que cambiaron. También ha mutado el medio por el cual recibimos la publicidad. Durante varias décadas, un anuncio televisivo podía congregar a toda una familia frente a un mismo televisor. La radio acompañaba los hogares, los vehículos y los espacios laborales, mientras que los diarios y revistas ofrecían otro espacio para los mensajes publicitarios. Hoy en día, la publicidad está mucho más fragmentada. Puede aparecer en un teléfono, una red social, una plataforma de videos o una página web, y puede dirigirse de manera diferente a cada consumidor. Las marcas ya no dependen exclusivamente de una familia ideal sentada frente al televisor. Pueden dirigirse a públicos mucho más específicos y elaborar mensajes distintos para cada uno.

Una memoria que perduró en los anuncios

Los comerciales de antaño pueden ser vistos hoy como pequeñas cápsulas de una época. No porque cada anuncio describiera con exactitud cómo vivían los dominicanos, sino porque permite observar qué querían mostrar las marcas como deseable, moderno, familiar, exitoso o genuinamente dominicano. El Archivo General de la Nación conserva una porción de esa memoria publicitaria. En sus registros aparecen productos y empresas que formaron parte de la vida cotidiana de generaciones anteriores. Algunos de esos productos ya no están en los supermercados. Otros continúan existiendo, aunque con una imagen diferente. Y algunas marcas permanecen principalmente en el recuerdo de quienes crecieron con ellas. Pero sus anuncios dejaron algo más duradero que una venta. Dejaron escenas de familias, hogares, niños, vehículos, celebraciones y aspiraciones que permiten mirar hacia atrás y preguntarse qué país se estaba construyendo, al menos en la pantalla, cada vez que comenzaba un comercial.