Una investigación revela una nueva modalidad de trata de personas donde dominicanos son captados con falsas promesas laborales para ser enviados a Rusia, donde algunos terminan integrándose a las Fuerzas Armadas en el conflicto con Ucrania. El estudio documenta ofertas de trabajo fraudulentas, complejas rutas internacionales, testimonios de familiares y denuncias, evidenciando un patrón de captación a través de plataformas digitales. En algunos casos, los reclutados conocían el destino bélico.
Durante varias décadas, el tráfico de personas se ha vinculado principalmente con la explotación sexual. Sin embargo, N Investiga ha documentado una modalidad que, al parecer, utiliza propuestas de empleo engañosas para atraer a ciudadanos dominicanos y trasladarlos a Rusia, donde algunos son finalmente incorporados a las Fuerzas Armadas en el contexto de la guerra contra Ucrania. La indagación identificó propuestas laborales, itinerarios internacionales, documentos, relatos de parientes y quejas formales que sugieren un esquema de reclutamiento por medio de redes sociales y aplicaciones de mensajería. En otras situaciones, los propios individuos reclutados habrían viajado conscientes de que serían enviados al conflicto bélico.
Más de cuatro años después de la incursión rusa en Ucrania, el conflicto persiste, pero sus repercusiones ya no se limitan al territorio donde se desarrolla la contienda. N Investiga descubrió en portales dominicanos especializados en búsqueda de trabajo anuncios para unirse a las Fuerzas Armadas de Ucrania, dirigidos a técnicos de drones, profesionales médicos, especialistas en sistemas de lanzagranadas, exploradores, ametralladores, fusileros y francotiradores. Los salarios publicitados oscilan entre 1,100 y 2,800 dólares, además de beneficios como pagos durante el entrenamiento, alimentación, tiempo de descanso y compensaciones adicionales por cada período de servicio en el frente.
Al acceder a estos anuncios, los interesados son redirigidos a una plataforma oficial del Ministerio de Defensa de Ucrania, destinada a extranjeros que deseen incorporarse a sus fuerzas armadas. Allí se muestran más de 200 vacantes con remuneraciones que pueden alcanzar los 10 mil dólares mensuales. Pero el panorama es diferente cuando se trata de dominicanos que llegan a Rusia bajo supuestas ofertas de trabajo que, posteriormente, derivan en obligaciones militares. Carlos Manuel Sánchez Díaz, coordinador del Comité de los Derechos Humanos para la Región Sur, explica que no todos los casos siguen el mismo patrón: “Alrededor de unos 50 tenían pleno conocimiento de que iban a una guerra y otorgaron su consentimiento”. La distinción radicaría en aquellos casos donde la persona ignora que acabará en un conflicto armado, es trasladada mediante engaños, pierde el control de su documentación o queda sujeta a condiciones desconocidas al momento de viajar.
Uno de los casos que ha ganado mayor notoriedad es el de Juan Carlos Ávila Espaillat, un dominicano de 28 años, originario de Higüey. Antes de viajar a Rusia, trabajaba en áreas relacionadas con la seguridad y como salvavidas en hoteles de Bávaro. A sus familiares les comunicó inicialmente que viajaría porque había conocido a una mujer rusa que le conseguiría empleo. Posteriormente, documentos obtenidos por N Investiga confirman que el 16 de agosto firmó un documento emitido por el Punto de Selección para el Servicio Militar por Contrato de Moscú, mediante el cual certificaba haber superado el proceso de selección para prestar servicio militar bajo contrato en las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. Su historia se volvió viral tras publicar fotografías y videos vestido con uniforme militar y mostrando su experiencia en territorio ruso. Actualmente se encuentra herido. Su hermano, Carlos Ávila, asegura que su estado de salud es delicado y que ha sido sometido a dos cirugías. La familia teme que, una vez recuperado, pueda ser enviado de nuevo al frente. A diferencia de otros casos investigados, Carlos sostiene que su hermano sí sabía que iba a la guerra y firmó voluntariamente el contrato. Sin embargo, reconoce que nunca reveló a sus familiares la verdadera naturaleza de su viaje. El hermano también afirma que continúan llegando mensajes de dominicanos interesados en viajar a Rusia, atraídos por los salarios.
Las primeras quejas sobre dominicanos presuntamente llevados a Rusia mediante artimañas fueron recibidas por el Comité de los Derechos Humanos de la Región Sur a finales de junio. Uno de los casos documentados corresponde a Juan Carlos de la Cruz, quien partió del país el 28 de junio tras recibir una supuesta propuesta de trabajo en electricidad. Su ruta habría incluido República Dominicana, Colombia y Turquía, hasta llegar a Rusia. Posteriormente, sus familiares denunciaron que habría sido trasladado a la región de Donbás para recibir instrucción militar. Según el Comité, las autoridades dominicanas tendrían registrados más de 200 casos relacionados con dominicanos reclutados o contactados para viajar a Rusia. El esquema identificado comienza, en muchas ocasiones, en las redes sociales, con ofertas de empleos técnicos como mecánica, soldadura, electricidad o trabajos en el sector de la salud. Uno de los denunciantes, cuya identidad fue protegida por seguridad, explicó que para poder iniciar el viaje tuvo que endeudarse para conseguir dinero y tramitar su pasaporte. Según su relato, los supuestos empleadores también solicitaban fotografías y datos personales antes de gestionar los boletos aéreos.
La investigación pudo identificar, hasta el momento, cuatro rutas empleadas para trasladar a los dominicanos:
República Dominicana – Colombia – Turquía – Rusia.
República Dominicana – España – Turquía – Rusia.
República Dominicana – Colombia – Brasil – Rusia.
República Dominicana – Panamá – Turquía – Rusia.
En algunos casos, el supuesto destino laboral inicial era Panamá. Así ocurrió con Maico Enrique Campusano Félix, de 32 años, quien le comunicó a su madre que viajaría a Panamá para trabajar en mecánica. No obstante, Panamá era solo una parada. El trayecto continuó hacia Turquía y, posteriormente, Rusia. Días después, su madre recibió una llamada en la que su hijo le reveló que estaba padeciendo hambre y frío y que desconocía que terminaría en ese país. Una historia similar es la de Lorenzo García Peguero, técnico en publicidad de 32 años y padre de tres hijos, quien habría salido del país con una propuesta laboral en Panamá y acabó en Rusia. Otro caso corresponde a Juan Ramón Sánchez Brioso, de 39 años y padre de seis hijos, quien viajó bajo una oferta de trabajo en mecánica o soldadura. Su madre asegura que al llegar le entregaron un contrato redactado en ruso que no pudo entender antes de firmarlo.
N Investiga también tuvo acceso a documentos utilizados durante el proceso de traslado, entre ellos una carta de invitación redactada en ruso, inglés y español que presenta el viaje como parte de un supuesto programa de intercambio cultural. La existencia de estos documentos no permite establecer por sí sola quién está detrás de la operación, pero constituye una pista para determinar quién organiza los viajes y quién recibe a los dominicanos al llegar a territorio ruso. Una vez en Rusia, según los testimonios recabados, comenzaría otra fase: retención de documentos, restricciones de comunicación, entrenamiento militar y firma de contratos con el Ministerio de Defensa ruso. Carlos Manuel Sánchez Díaz sostiene que cuando una persona es trasladada mediante engaño para ser utilizada en una guerra, podrían configurarse delitos relacionados con trata y tráfico de personas.
En República Dominicana, existen al menos tres denuncias formales presentadas ante el Departamento de Trata y Tráfico de Personas de la Policía Nacional entre el 25 de agosto y el 15 de septiembre de 2026. Las denuncias corresponden a familiares que aseguran haber perdido el contacto con sus seres queridos o que descubrieron, después de su partida del país, que habían terminado en Rusia y no en el supuesto empleo que les habían ofrecido. Entre los lugares identificados como puntos de captación aparecen el Distrito Nacional, Santo Domingo, Higüey, San Pedro de Macorís, San Juan de la Maguana y La Romana, aunque las denuncias concentran especial atención en Bajos de Haina, San Cristóbal. El Comité de los Derechos Humanos de la Región Sur estima que más de 100 personas de esa zona habrían salido del país bajo este tipo de ofertas. El diputado de la Fuerza del Pueblo por La Romana, Carlos De Pérez, también ha denunciado casos de jóvenes de esa provincia contactados mediante redes sociales con ofertas de trabajo como cocineros, soldadores y mecánicos.
Las familias describen ahora una realidad completamente diferente a la prometida. Una madre consultada por N Investiga aseguró que su hijo, quien salió del país pensando que tendría un empleo, terminó enfrentando condiciones de entrenamiento militar y problemas de salud. Mientras tanto, familiares de otros afectados han acudido al Ministerio de Relaciones Exteriores, al Departamento de Trata y Tráfico de Personas de la Policía Nacional y a legisladores para solicitar asistencia. El Ministerio de Relaciones Exteriores emitió este viernes una alerta en la que exhortó a los ciudadanos a verificar la procedencia de las ofertas laborales, la identidad de los empleadores y las condiciones de contratación, especialmente cuando las gestiones se realizan exclusivamente por medios digitales o mediante intermediarios cuya identidad no puede ser comprobada. La Cancillería también advirtió que cualquier vinculación con un conflicto armado representa graves riesgos para la vida y aseguró que ofrecerá asistencia consular a los dominicanos que se encuentren en situación de riesgo y realizará las gestiones necesarias para facilitar su retorno seguro al país. Una de las madres entrevistadas resumió la angustia de las familias con una petición directa: “Yo quiero que el presidente haga algo por él, que me traiga a mi hijo. Yo quiero a mi hijo en mi casa”.
Más allá de los testimonios, documentos y denuncias recopilados, varias interrogantes permanecen sin respuesta: ¿quién está detrás de estas ofertas?, ¿quién contacta a los dominicanos?, ¿quién financia los viajes?, ¿quién organiza las rutas?, ¿quién recibe a los jóvenes cuando llegan a Rusia? y, sobre todo, ¿cómo terminan pasando de supuestos trabajadores a integrantes de una estructura militar? Resolver estas preguntas será determinante para establecer si se trata de casos aislados de reclutamiento voluntario o si existe una red organizada que estaría aprovechándose de la vulnerabilidad económica de dominicanos para trasladarlos a un escenario de guerra. Porque una cosa es viajar sabiendo que se va a combatir y otra muy distinta es salir del país pensando que se conseguirá un empleo y terminar, sin saberlo, en medio de una guerra. Mientras las autoridades investigan, decenas de familias permanecen en República Dominicana esperando saber si sus hijos, esposos, hermanos o prometidos regresarán con vida. Y detrás de cada oferta que promete dinero y una nueva oportunidad, queda una advertencia: lo que comienza como un viaje en busca de trabajo puede terminar convirtiéndose en un viaje sin retorno.