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Sáb, Jul

El auge de los talleres de cerámica: ¿una respuesta saludable a la hiperproductividad?

Tecnologia
Los talleres de cerámica y otras actividades artísticas han ganado popularidad, trascendiendo una simple moda. Este fenómeno podría ser una estrategia efectiva para combatir el estrés y la ansiedad generados por la cultura de la hiperproductividad. Según la psicóloga Amanda Ortiz Gabaldón, estas prácticas ofrecen beneficios sociales, actúan como una forma de mindfulness y satisfacen la necesidad humana de producir, un aspecto que agrada a nuestro cerebro.

Como muchos usuarios de redes sociales, he observado un aumento constante de publicaciones sobre talleres de arte en los últimos años. Actividades como elaborar cuencos de arcilla o pintar bolsas se han vuelto populares, a menudo acompañadas de una copa de vino o una merienda, y con un costo considerable. Inicialmente, lo percibía como una manifestación del capitalismo moderno, una oportunidad para obtener la foto perfecta para Instagram. Sin embargo, con el tiempo, comencé a considerar que podría haber un significado más profundo.

La popularidad de los talleres de cerámica o pintura ha persistido más allá de una tendencia pasajera. Esto sugiere que podría haber una utilidad intrínseca que atrae a las personas, no solo a participar una vez, sino a repetir la experiencia. Aunque su relación con el capitalismo es evidente, me preguntaba si, más allá de ser parte del sistema, estas actividades servían para mitigar el estrés y la ansiedad que provoca la hiperproductividad en nuestra sociedad. Al conversar con la psicóloga sanitaria Amanda Ortiz Gabaldón, confirmé que mis intuiciones eran correctas.

Motivada por esto, decidí probar uno de estos talleres. Siempre he creído que las manualidades no son mi fuerte, y la idea de gastar 50 euros en un taller de cerámica para crear un jarrón imperfecto me desanimaba. Sin embargo, cuando supe que el Yacimiento del Barrio Andalusí de Almería, mi ciudad, ofrecía un taller de cerámica gratuito, no dudé en inscribirme. Era la oportunidad perfecta para experimentar.

Los beneficios de los talleres de cerámica

Según Ortiz Gabaldón, hay tres razones fundamentales detrás del éxito de los talleres de cerámica y otras actividades artísticas. En primer lugar, los seres humanos somos inherentemente sociales, pero vivimos en una sociedad cada vez más individualizada. Tenemos una necesidad innata de interactuar con otros, y los talleres de cerámica ofrecen esa oportunidad. “Estamos muy desconectados, y estas son formas de conocer gente nueva”.

En segundo lugar, los talleres de cerámica y otras disciplinas artísticas funcionan como una práctica de mindfulness. “Es una manera de estar presentes, de obligarnos a detenernos”. Durante el taller, las preocupaciones cotidianas como responder correos, trabajar o preparar listas de compras desaparecen. El enfoque se centra en estar en el momento y concentrarse en la tarea. Aunque estas prácticas se pueden realizar en casa, como meditar, leer o simplemente parar, a menudo requieren una concentración difícil de alcanzar. Aquí radica la importancia de la tercera razón que, según Ortiz Gabaldón, explica el éxito de estos talleres.

“Estamos haciendo algo placentero, pero produciendo, y eso a nuestro cerebro le encanta”. Es decir, mientras nos desconectamos de las tareas estresantes, también estamos creando algo. Esta producción calma la sensación de tener que estar ocupados constantemente, que nos genera tanta ansiedad. Lo ideal sería poder sentarnos y no hacer nada, pero mientras logramos eso, los talleres ofrecen un equilibrio perfecto.

Moldear para no pensar en nada

En 1999, Fumio Kayo, un psicólogo de la Universidad de Educación de Kioto, observó algo fascinante en una escuela infantil. Niños y maestros se dedicaban con concentración y disfrute a la simple tarea de hacer bolas de barro. No era cualquier bola, sino una técnica llamada Hikaru Dorodango, que consiste en moldear arena mojada y añadir tierra seca gradualmente, con mucha paciencia, hasta obtener una esfera suave, dura y brillante. Kayo vio en esta técnica una oportunidad educativa más allá de la escuela.

Tras un estudio profundo, descubrió su gran utilidad para el desarrollo intelectual infantil. Además de mejorar la motricidad fina, la técnica ofrece beneficios más profundos. El tiempo dedicado al moldeado ayuda a los niños a mejorar la concentración y la perseverancia, aprendiendo a través del ensayo y error. También les permite superar el impulso de gratificación inmediata, cada vez más presente en niños y adultos. No obtienen una descarga de dopamina instantánea como al ver un video corto, sino que deben concentrarse en la bola de barro que se forma en sus manos hasta lograr una hermosa canica con tiempo y paciencia.

Después de que Kayo publicara varios artículos sobre ella, esta técnica trascendió a Occidente y se consolidó como una forma de arte meditativo popular entre adultos. De alguna manera, se logran los mismos beneficios que con los talleres de cerámica, pero sin los alicientes adicionales como una merienda o la interacción social.

De cualquier forma, está cada vez más claro que estas actividades tienen una gran utilidad contra la ansiedad. Por ejemplo, en 2024, se publicó un estudio que encuestó a 53 estudiantes universitarios sobre su salud mental antes y después de participar en una serie de talleres de arteterapia. Se observó una disminución notable en los niveles de ansiedad autopercibida con los talleres, especialmente aquellos que involucraban el modelado de arcilla. Aunque es cierto que este tipo de estudios a menudo se realizan con pocos participantes, los resultados suelen ser consistentes y respaldan lo que ya se ha observado.

Yo lo he corroborado

Últimamente he estado experimentando un periodo de bastante estrés, así que me aventuré al taller de cerámica con la esperanza de que me funcionara como describen los psicólogos. Y, de hecho, así fue. Pasé casi tres horas de un domingo por la mañana moldeando un candil andalusí. Durante esas tres horas, me concentré en el aquí y ahora. No negaré que mi mente ocasionalmente se desviaba hacia las muchas tareas que tenía pendientes esa tarde. Sin embargo, el barro exigía mi atención, lo que me impedía sumergirme demasiado en esos pensamientos.

Además, aunque fui con mi pareja, también interactué con las otras dos personas con las que compartimos mesa de trabajo, lo que me permitió socializar. Y, efectivamente, mi cerebro pareció disfrutar de la actividad productiva. Si a eso le sumo que obtuve ideas para escribir este artículo, podemos considerarlo aún más productivo. Fue una situación totalmente beneficiosa.

En el tiempo que duró el taller, me concentré en el aquí y el ahora

Y sí, no negaré que subí una foto a Instagram, a pesar de que, como buena torpe en manualidades, el resultado no fue el más estético. Tenemos muy arraigada la necesidad de mostrar al mundo que hacemos cosas, que nuestras vidas son interesantes. Normalmente no compartimos los momentos en los que no damos abasto con las tareas diarias. Mostramos viajes, atardeceres, visitas al gimnasio o talleres de cerámica. Exhibimos que nos cuidamos y disfrutamos de la vida, pero no exponemos en las redes sociales los momentos en los que nos sentimos abrumados.

Posiblemente, por eso, a veces nos sentimos solos, como si fuéramos los únicos incapaces de manejar nuestras vidas. Pero la realidad es que es algo mucho más común de lo que parece. Solo necesitamos dejar de desplazarnos por las pantallas y detenernos a hablar con otras personas más allá de estas. Esto se puede lograr en un taller de cerámica, pero también en muchas otras circunstancias. En resumen, la clave está en socializar y hacer una pausa. Hay innumerables maneras de lograrlo, aunque no todas te permiten tener un bonito candil hecho por ti mismo en tu salón.