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Jue, Jul

La ciencia desvela el porqué de la mayor longevidad femenina: más allá del estilo de vida

Tecnologia
Estudios globales revelan que las mujeres viven más que los hombres, un fenómeno que la ciencia explica con factores complejos. Más allá de las diferencias en el estilo de vida, la clave reside en la genética, la función mitocondrial y las hormonas. Estos elementos biológicos ofrecen una visión más profunda de la ventaja en la esperanza de vida femenina.

Las estadísticas globales del Banco Mundial muestran un patrón consistente: las mujeres viven más que los hombres en casi todos los países. Aunque la creencia popular lo atribuye al estilo de vida o a que los hombres asumen más riesgos, la explicación científica es mucho más compleja.

Para comprender la longevidad femenina, es fundamental enfocarse en el ADN presente en todas nuestras células. Las mujeres poseen dos cromosomas X, mientras que los hombres tienen un cromosoma X y un cromosoma Y. Esta diferencia es crucial porque el segundo cromosoma X en las mujeres funciona como una copia de seguridad. Si un gen en un cromosoma X sufre una mutación o daño, el cuerpo femenino puede utilizar la copia sana del otro cromosoma. Los hombres, en cambio, carecen de esta opción, ya que un defecto en su único cromosoma X no tiene un plan B. Además, este cromosoma es vital porque contiene una gran cantidad de genes relacionados con el sistema inmunológico, lo que confiere a las mujeres una respuesta más robusta frente a infecciones.

La genética no es el único factor; el organismo también cuenta con las mitocondrias, que son las "centrales energéticas" de nuestras células. Estos orgánulos se heredan exclusivamente por vía materna y, según una propuesta de 2007, la diferenciación sexual impone un costo biológico directo a los hombres, resultando en una menor función mitocondrial y, por ende, un mayor estrés oxidativo celular que acelera su envejecimiento.

Las hormonas sexuales también desempeñan un papel importante, ya que se encuentran en proporciones muy diferentes entre los sexos. Los estrógenos, las principales hormonas sexuales femeninas, además de regular el ciclo reproductivo, actúan como un potente escudo antioxidante. Entre sus efectos se destacan el mantenimiento de la flexibilidad de los vasos sanguíneos, la reducción del colesterol "malo" y la prevención de la inflamación. Esto explica en gran medida por qué la incidencia de enfermedades cardiovasculares en mujeres es significativamente menor antes de la menopausia.

En los hombres, la testosterona es crucial para el desarrollo de la masa muscular y ósea, pero niveles altos de esta hormona se asocian históricamente a un mayor riesgo cardiovascular a edades tempranas y a una depresión del sistema inmunológico a largo plazo.

Este sistema no es exclusivo del ser humano, como demuestra la biología evolutiva. Un estudio de 2025 que analizó 1.176 especies reveló que en los mamíferos las hembras viven en promedio un 13% más que los machos. El motivo radica en las estrategias reproductivas y el desgaste biológico derivado de la competencia sexual masculina, como las peleas por el territorio o por aparearse. Sin embargo, se observó que en las aves, los machos viven un 5% más; esto se debe a que en el mundo aviar, los machos suelen tener dos cromosomas sexuales iguales (ZZ) y las hembras diferentes (ZW). Además, en muchas especies de aves, el cuidado parental es compartido o recae en el macho, lo que disminuye sus conductas de riesgo.

Por supuesto, la biología no opera de forma aislada, y a los factores genéticos y hormonales se suma la brecha conductual y social. Por ejemplo, el consumo de tóxicos tiene una mayor prevalencia en los hombres, asociándose a cáncer, cirrosis o enfermedades respiratorias. Como se mencionó anteriormente, la testosterona también está vinculada a una mayor propensión a asumir riesgos, lo que se traduce en mayores tasas de mortalidad por accidentes de tráfico o en casos de violencia.

Por otro lado, las mujeres demuestran una mayor conciencia preventiva, acudiendo con mucha más frecuencia a los servicios médicos. Los hombres tienden a posponer las visitas al médico hasta que las enfermedades están en estadios más avanzados, dificultando el tratamiento. Además, las mujeres suelen tejer redes sociales y de apoyo emocional más sólidas, un factor directamente ligado a una mayor supervivencia en la vejez.