Una investigación reciente ha revelado que el Imperio Romano operó bajo niveles de contaminación por plomo atmosférico "demenciales", 40 veces mayores que los picos del siglo XX. Este descubrimiento, basado en el análisis de núcleos de hielo ártico, sugiere que la minería de plata fue la principal fuente de esta contaminación, con posibles consecuencias significativas para la salud y las capacidades cognitivas de la población romana.
El Imperio Romano, una de las civilizaciones más impresionantes de la historia, alcanzó sus logros en un ambiente con niveles de plomo atmosférico extraordinariamente altos, producto de sus propias actividades. Un equipo de investigadores del Desert Research Institute ha cuantificado esta contaminación al examinar el plomo en tres núcleos de hielo ártico que datan de hace 2.000 años.
Los datos obtenidos, publicados en Proceedings of the National Academy of Science, son alarmantes. Tras analizar los isótopos de plomo en el hielo, los científicos lograron crear un mapa de la contaminación por este metal en toda Europa durante el período comprendido entre el 500 a.C. y el 600 d.C. Además, estimaron la magnitud de esta contaminación, los niveles de plomo en la sangre de los habitantes e identificaron la causa principal.
El origen de este problema se encuentra en la minería de la plata. Durante siglos, los mineros fundieron toneladas de galena para extraer este metal precioso. Se calcula que por cada onza de plata útil, se liberaban miles de onzas de plomo al medioambiente. En cifras concretas, "durante los 200 años de apogeo del Imperio Romano, se liberaron más de 500 kilotones de plomo a la atmósfera". Estos registros del hielo indican que la contaminación fue 40 veces mayor que durante el gran pico ambiental de plomo en los años 70, antes de que se empezara a eliminar de productos como la gasolina y las pinturas.
Esta exposición al plomo tuvo consecuencias. Se sabe que el plomo es perjudicial para la salud, causando problemas de infertilidad, enfermedades y violencia, además de problemas neurológicos que disminuyen las capacidades cognitivas y la concentración. Aunque no todos los expertos concuerdan, los investigadores del DRI estiman que los niveles de plomo en la época romana pudieron haber reducido entre 2 y 3 puntos el coeficiente intelectual de la población general. "No parece mucho, pero cuando se aplica a prácticamente toda la población europea, es un gran problema", explicó Nathan Chellman, coautor del estudio. Este problema, visto en retrospectiva, no hace más que añadir una capa de complejidad al legado del Imperio Romano.