La decisión de Sony de eliminar los juegos físicos ha generado una fuerte reacción en la comunidad, que defiende el derecho a la propiedad frente a la licencia de uso. Este escenario recuerda a la polémica que surgió en 2013, cuando Adobe dejó de vender Photoshop, una medida que, aunque diferente, sentó un precedente sobre el cambio de modelo de negocio hacia la suscripción y las consiguientes quejas de los usuarios.
La determinación de Sony de prescindir de los juegos físicos ha provocado el enojo de la comunidad, la cual se ha organizado para defender el derecho a poseer el producto, y no meramente una licencia de uso. Las descargas, una vez que los servidores las abandonan, desaparecen junto con el dinero que se pagó por ellas en su momento. Si retrocedemos en el tiempo hasta 2013, encontramos una decisión que, sin ser idéntica a la de Sony, guarda cierta relación: Adobe dejó de vender Photoshop. Y los creativos tampoco recibieron con agrado ese cambio.
Adobe fue fundada en 1982 como una empresa enfocada en brindar servicios de impresión a compañías y particulares. Desarrollaron una solución de código que describía cómo debía lucir la página antes de ser impresa: PostScript. Esto fue crucial para la autoedición doméstica, especialmente cuando Apple incorporó PostScript en su LaserWriter, una de las primeras impresoras láser para el hogar. El éxito de la LaserWriter no solo impulsó el mercado de la impresión a nivel particular, sino que también posicionó a Adobe en el sector de la fotografía. Comenzó interpretando el contenido antes de imprimirlo con PostScript y terminó desarrollando aplicaciones para la etapa previa: la modificación.
Photoshop nació en 1987 como un proyecto personal. Adobe adquirió los derechos para comercializar Photoshop 1.0 en 1988. Primero para Mac (1990), y pocos años después ya era el estándar en edición fotográfica.
Adobe Photoshop nunca fue un software económico. No tenía por qué serlo, ya que originalmente estaba dirigido al segmento profesional, a aquellos fotógrafos y diseñadores que requerían una herramienta para finalizar su trabajo. Adobe evolucionó el programa con sucesivas actualizaciones, hasta que encontró la manera de rentabilizar el producto al máximo mientras reducía el impacto de las copias no autorizadas: la suscripción.
Con Adobe Creative Suite 6 en el mercado desde 2012, Adobe decidió cambiar el modelo para centrarlo en Creative Cloud, una cuota mensual o anual. Con esto se perdió la posibilidad de adquirir Photoshop y el resto de programas de edición multimedia, un movimiento que en su momento provocó una reacción adversa que fue firmada por casi 50.000 creativos. Adobe no dio marcha atrás, incluso a pesar de que sus ingresos disminuyeron durante el ejercicio del cambio. El tiempo le ha dado la razón.
Creative Cloud ha sido una fuente de ingresos muy lucrativa para Adobe: aunque perdió un 15% de su división Digital media el año que dejó de vender Photoshop, hoy la compañía factura cinco veces más. El dinero no deja de entrar, y las quejas de los usuarios no han logrado que la empresa reconsidere su postura. Las quejas más comunes son:
- Pagar indefinidamente sin llegar a poseer nada. El día que se deja de pagar, se pierde la herramienta con la que abrir el propio trabajo.
- Las trampas en la suscripción. Adobe siempre fue experta en ofrecer promociones atractivas por un mes, ocultándole al usuario que, en realidad, estaba contratando un plan anual.
- La penalización por cancelar. En el plan anual facturado mensualmente, darse de baja pasados los 14 días cuesta el 50% de lo que resta del año.
- Las subidas de precio. Sobre un producto del que no se puede prescindir sin perder el acceso.
- El laberinto para darse de baja. Sucesión de pantallas encadenadas, ofertas para retener al usuario y botones confusos para que no logre encontrar el botón de cancelar.
- Los créditos de IA. Pagar la cuota de Creative Cloud ya no garantiza el uso de todas las funciones de programas como Photoshop: Adobe ha introducido con la IA una cartera limitada de uso.
Adobe cerró un acuerdo de 150 millones de dólares con el Departamento de Justicia estadounidense por las comisiones de cancelación y por dificultar las bajas (marzo de 2026). Con algo importante a destacar: no admitió la culpa. Días después, la autoridad de competencia británica abrió su propia investigación sobre las polémicas suscripciones, con capacidad para multar hasta con el 10% de la facturación mundial. Y Europa se suma con la Digital Fairness Act.
Trece años después, y con Sony replicando un modelo similar al de Adobe a su manera, la respuesta a los jugadores enfadados se encuentra en las cuentas de la compañía propietaria de Photoshop: ha ganado. La discusión de 2013 nunca fue sobre propiedad contra alquiler, sino sobre licencia para siempre contra licencia mientras se pague. Lo que se está perdiendo con el disco de Sony no es la propiedad, que hace mucho que no existía: es lo único que la disimulaba.