06
Jue, Ago

Rumanía utiliza explosivos para asegurar el suministro de agua a su central nuclear ante la sequía del Danubio

Tecnologia
Ante los niveles históricamente bajos del río Danubio y una intensa ola de calor, Rumanía implementó una medida drástica para mantener operativa una de sus centrales nucleares. Las autoridades recurrieron al uso de explosivos para modificar el cauce del río y garantizar el suministro de agua para el enfriamiento, vital para la producción eléctrica del país. Esta acción subraya la vulnerabilidad de infraestructuras clave frente a fenómenos climáticos extremos.

Existen infraestructuras que se asocian con una continuidad ininterrumpida, incluso en escenarios adversos. Las centrales nucleares suelen considerarse parte de esta categoría. Sin embargo, lo ocurrido en Rumanía evidencia que incluso una fuente de energía diseñada para operar con estabilidad puede verse afectada por un recurso tan fundamental como el agua. Con el río Danubio en niveles excepcionalmente bajos y una ola de calor que ejercía presión sobre el sistema eléctrico, las autoridades adoptaron una medida inusual: utilizar explosivos para ganar tiempo.

La urgencia tenía un impacto muy concreto en la red eléctrica rumana. El 28 de julio, la operadora Nuclearelectrica detuvo de forma preventiva y controlada la Unidad 1 de Cernavodă debido a la disminución del nivel del río. La Unidad 2 aún podía seguir funcionando, aunque bajo una supervisión constante de los parámetros de captación, y en ella se concentraban todos los esfuerzos. No era un detalle menor: los dos reactores de la única central nuclear del país suelen aportar cerca de una quinta parte de la producción eléctrica de Rumanía.

Para comprender por qué el nivel del Danubio podía detener la producción, es necesario diferenciar los distintos sistemas de la central. Los reactores CANDU emplean agua pesada en sus circuitos nucleares, los cuales están completamente separados del agua captada del río. Esta última se utiliza para enfriar los condensadores de las turbinas y otros intercambiadores de calor. Cuando el nivel desciende demasiado, la instalación deja de disponer del caudal necesario y la operadora debe reducir la potencia o detener preventivamente la unidad. No se trataba de una emergencia nuclear, sino de un problema que impedía seguir generando electricidad dentro de los márgenes establecidos.

Explosivos para ganar tiempo en plena ola de calor

La parte más llamativa de la operación se centró en la roca de Pârjoaia, una formación que obstaculizaba los trabajos previstos en el cauce. Las fuerzas navales rumanas utilizaron un total de 180 kg de explosivos en varias detonaciones controladas para dislocarla y abrir paso a las siguientes fases de la intervención. Sin embargo, los estallidos, por sí solos, no dirigían más agua hacia Cernavodă. Su función era actuar sobre el impedimento físico para poder retirar los fragmentos, dragar la zona y preparar una modificación provisional del reparto del caudal.

Tras dislocar la roca y comenzar a retirar sus restos, llegaba la parte decisiva del plan. Los equipos debían dragar el fondo y hundir cuatro barcazas cargadas con piedra para formar una barrera provisional bajo el agua. La estructura buscaba reducir el caudal que se desviaba por el brazo Bala y favorecer que más agua continuara por el Danubio Viejo hacia el sistema de canales que alimenta la toma de Cernavodă. No se trataba de cambiar por completo el curso del río, sino de modificar temporalmente cómo se distribuía un caudal cada vez más escaso.

El plan, sin embargo, aún no podía darse por completado. El hundimiento de las cuatro barcazas tuvo que aplazarse porque las condiciones del río no permitían ejecutar la maniobra con seguridad. Esto significaba que las detonaciones habían permitido avanzar sobre uno de los obstáculos, pero todavía no garantizaban que llegara más agua hasta la captación de la central. Incluso si la barrera funcionaba como estaba previsto, su propósito era mucho más modesto: prolongar durante unos días la actividad de la Unidad 2, no resolver la sequía ni asegurar su funcionamiento a largo plazo.

La ola de calor cerraba el círculo de la crisis. Mientras el Danubio ofrecía menos agua para sostener la producción, las altas temperaturas elevaban el consumo eléctrico y obligaban a Rumanía a buscar más energía justo cuando tenía menos capacidad disponible. La sequía también estaba reduciendo la generación hidroeléctrica y no era un problema aislado: Hungría había recortado la potencia de su central nuclear de Paks y Serbia mantenía su principal hidroeléctrica en torno al 20% de su capacidad. Compensar la pérdida mediante importaciones era difícil porque los países vecinos afrontaban problemas similares y la capacidad de interconexión era limitada.

Rumanía alteró provisionalmente el reparto de un río para conservar el caudal que necesitaba su último reactor operativo. Las detonaciones fueron la parte más visible de una intervención mucho más compleja, pensada para ganar unos días mientras la sequía seguía sin dar tregua. Como se puede apreciar, incluso una fuente estable como la nuclear puede quedar limitada por el agua cuando coinciden caudales excepcionalmente bajos, temperaturas elevadas y una demanda disparada por el calor.