Líderes de la inteligencia artificial han prometido que su tecnología revolucionará la cura de enfermedades en la próxima década. Sin embargo, la realidad actual muestra que, aunque la IA es una herramienta valiosa, aún está lejos de descubrir medicamentos por sí sola o curar afecciones complejas como el cáncer y el Alzheimer. Un experimento reciente de la farmacéutica Vertex subraya la distancia entre las expectativas y las capacidades actuales de la IA en este campo.
Una de las promesas más significativas realizadas por los líderes de varios laboratorios de inteligencia artificial (IA) es que su tecnología contribuirá sustancialmente a la cura de numerosas enfermedades. Dario Amodei, director general de Anthropic, afirmó el 13 de septiembre que la IA podría curar la mayoría de las grandes enfermedades en los próximos cinco a diez años. Demis Hassabis, consejero delegado de Google DeepMind, defendió una premisa similar en abril de 2025: “Podemos curar todas las enfermedades con ayuda de la IA. Quizá dentro de la próxima década. No veo por qué no”. Sam Altman, máximo responsable de OpenAI, también ha expresado recientemente su deseo de no detener el progreso tecnológico y de encontrar la cura para el cáncer y el Alzheimer. Estas declaraciones son muy alentadoras, pero por el momento son solo promesas.
A pesar del rápido avance de la IA, las expectativas de los líderes de las compañías tecnológicas están todavía muy alejadas de las contribuciones reales que esta tecnología está haciendo al desarrollo de nuevos medicamentos. La IA está demostrando ser una herramienta muy valiosa en este ámbito, pero está lejos de poner en nuestras manos medicamentos eficaces y seguros, y aún más lejos de curar el cáncer o el Alzheimer.
Jeff Leiden, presidente de la empresa farmacéutica Vertex, ha compartido un experimento en el que su laboratorio recurrió a aproximadamente 50 compañías de IA para analizar una base de datos con unos 10.000 compuestos farmacológicos. El resultado fue muy decepcionante: ningún modelo de IA logró desarrollar un medicamento viable. Esto no significa que la tecnología no tenga un papel en el desarrollo de nuevos fármacos, pero evidencia una realidad innegable: hoy la IA no puede descubrir nuevos medicamentos por sí sola.
Además, Leiden ha realizado una reflexión importante: la IA actualmente puede actuar como un copiloto para los investigadores, ayudándolos, pero sin poder reemplazarlos. Para desarrollar un nuevo medicamento, no basta con encontrar una molécula capaz de interactuar con una proteína específica. El organismo humano es extraordinariamente complejo debido a la intervención de miles de procesos biológicos, y entre muchos de ellos existen dependencias muy profundas que son difíciles de identificar y comprender.
Los modelos de IA tienen la capacidad, gracias principalmente a su habilidad para identificar patrones, de encontrar posibles dianas terapéuticas, predecir estructuras de proteínas o proponer moléculas prometedoras. Sin embargo, de momento, ninguno ha conseguido anticipar con suficiente precisión cómo se comportará un compuesto al entrar en contacto con un organismo humano, y este conocimiento es esencial.
Además, hay otra idea crucial que no debe pasarse por alto: el proceso de desarrollo de medicamentos se complica aún más cuando es necesario predecir efectos secundarios e interacciones con los procesos biológicos. Aun imaginando que una IA lograra desarrollar una molécula muy prometedora que, sobre el papel, no tenga efectos secundarios perniciosos ni desencadene interacciones potencialmente peligrosas con algunos procesos biológicos, quedaría un cabo suelto: los ensayos clínicos. Esta etapa del desarrollo de nuevos medicamentos es fundamental y no puede omitirse, por mucho que los modelos de IA predigan que un fármaco funciona correctamente y no es peligroso.
Los ensayos preclínicos y las fases de investigación clínica pueden prolongarse durante varios años, por lo que acelerar el descubrimiento de candidatos farmacológicos no implica necesariamente aumentar la proporción de medicamentos que terminan llegando al mercado. La industria farmacéutica está utilizando la IA, sí, pero sus expectativas son mucho más conservadoras que las de los líderes de los laboratorios de IA.